Nadie quiere el Fortuna

13 / 02 / 2014 11:51 Antonio Rodríguez
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Los empresarios que reclamaron la devolución del Fortuna tienen ahora dificultades para venderlo, al descubrir que ha perdido el 90% de su valor y que su mantenimiento cuesta casi un millón de euros al año.

El yate Fortuna, tan ligado a la Familia Real, va a empezar este mes de febrero una nueva travesía en la que se juega su futuro. En los próximos días está previsto que salga de la rada del muelle militar de Porto Pi, su hogar en estos últimos años, a escasos cien metros del palacio de Marivent, para realizar un corto trayecto de unos pocos kilómetros que le llevará a Port Adriano, donde las autoridades portuarias ya le han preparado un amarre especial para que potenciales compradores o simples curiosos observen de cerca –y alguno quizás por dentro– el barco en el que han navegado el Rey y su familia durante sus vacaciones de verano. Al Fortuna le puede pasar como al Azor, el conocido barco de recreo del dictador Franco, que tras ser subastado en 1990 sufrió un sinfín de peripecias hasta quedar varado en la meseta castellana de Cogullos (Burgos) y ser posteriormente desguazado en el matadero de Madrid para una exposición. Allí, los restos del Azor se convirtieron en enero de 2012 en cubos de chatarra prensada. Seguramente el Fortuna no llegará a tener un final tan penoso, pero los últimos avatares le auguran un futuro incierto.

El más llamativo es que este barco de casi 42 metros de eslora apenas ha salido a alta mar en los últimos años. Primero por una cuestión de imagen en medio de una crisis económica en la que muchos españoles han tenido que renunciar a irse de vacaciones.

La embarcación está equipada con unas turbinas de gas que le permitían alcanzar una velocidad punta de 65 nudos, tres veces por encima de lo que navegan otros yates similares, pero llenar los tanques del depósito costaba 25.000 euros, lo que provocó que el Fortuna navegase relativamente poco –y siempre a una velocidad moderada– para así aguantar con un único depósito durante todo el verano. En su lugar, la Familia Real utilizó estos últimos años la lancha Somni, que les dejó el armador catalán Josep Cusi, uno de los amigos más cercanos del monarca.

La última salida a alta mar.

A la cuestión de la imagen se unieron los problemas de salud del jefe del Estado, que le han impedido navegar como antaño. La última vez que don Juan Carlos se subió a un barco –concretamente al Fortuna– fue el 13 de agosto de 2012, el único día que el yate salió de Porto Pi en todo ese año.

Fue una jornada de ocho horas, no muy lejos de las costas, que sonó a despedida, ya que el monarca almorzó en alta mar con el capitán del barco, Juan Álvarez, y el resto de la tripulación.

En mayo de 2013 vino la renuncia al uso del Fortuna por parte del Rey y el anuncio de La Zarzuela de que se procedería a la desafectación. Desde entonces, todo han sido contratiempos. “Ha salido peor de lo que muchos pensaban. La operación se ha complicado en el tiempo y ante la opinión pública”, subraya a esta revista una de las personas que ha participado en el traspaso de la embarcación de Patrimonio Nacional a manos de la Fundación Turística y Cultural de las Islas Baleares (Fundatur) con la mediación del bufete de abogados Cremades&Calvo Sotelo.

Fundatur fue el ente creado por los 25 empresarios mallorquines que en el año 2000 le hicieron a la Familia Real este regalo, valorado entonces en 18 millones de euros. En la actualidad, su presidenta es Carmen Matutes, una de las hijas del exministro y empresario Abel Matutes.

El retraso en la desafectación se ha debido a que la negociación de Fundatur con Patrimonio Nacional encalló después del verano por culpa del despido de la tripulación del barco, al no tener otro sitio donde ubicarla. La mayoría de los trabajadores llevaban más de 20 años a bordo del primer Fortuna y desde el año 2000, en el segundo, y no se conformaron con un despido de 20 días como el que estipula la nueva reforma laboral. Presentaron una demanda por despido improcedente alegando que trabajaban para el Estado ya que la empresa que les pagaba –Unión Naval Valenciana (UNV)– encubría el trabajo para Patrimonio Nacional.

El Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJB) les dio la razón en octubre y fijó una indemnización global de 1,23 millones de euros, a razón de 33 días por año trabajado y a pagar de forma solidaria entre Patrimonio y la UNV, es decir 617.720 euros cada uno. En concreto, las cantidades en favor de cada uno de los afectados oscilaron entre los 54.000 y los 185.000 euros. Esta condena a la UNV fue el epílogo a un año convulso en el que la empresa propiedad del expresidente del Real Madrid Vicente Boluda, cerró su factoria de Valencia tras despedir a otros 81 trabajadores.

Respecto al impacto que ha tenido esta desafectación en la opinión pública, la operación se torció debido a las críticas que recibieron los miembros de Fundatur por reclamar la devolución de un bien que habían regalado al Rey. Una consecuencia de ello es que hubo que matricular el yate como embarcación civil (hasta entonces estaba considerado como buque militar por razones de seguridad) y el cambio de denominación ha costado otros 120.000 euros a Patrimonio Nacional.

El traspaso del barco se produjo finalmente a principios de este mes de febrero, cuando la delegada de Patrimonio Nacional en Baleares, Mercedes Conrado, y la presidenta de Fundatur, Carmen Matutes, firmaron en el palacio de la Almudaina la reversión del yate, poniendo fin al limbo jurídico en el que ha vivido el barco en los últimos meses al no tener propietario.

Regalo envenenado.

La embarcación, sin embargo, ha llegado a manos de los empresarios mallorquines como un regalo envenenado. Más de uno se arrepiente ahora de haber pedido la devolución del Fortuna para así recuperar parte de lo invertido en su momento. “Si hubieran sabido los pasos que tenían que dar y los problemas que han surgido, es muy probable que no se hubieran animado”, señala la fuente citada anteriormente.

Para empezar, el barco ha sido tasado en 1,8 millones de euros tras una revisión técnica concienzuda para conocer su estado de conservación. Esta tasación supone un 90% menos de los 18 millones que los empresarios pusieron de su bolsillo hace casi 15 años.

El segundo baño de realidad que han tenido que pasar los nuevos propietarios ha sido la sorpresa de que el mantenimiento del Fortuna conlleva un gasto de entre 800.000 y 900.000 euros al año. Y eso teniendo en cuenta que mientras se encuentre amarrado en Port Adriano no será necesaria una dotación permanente a su cuidado.

Fundatur pretende, en este sentido, ofrecer ahora contratos puntuales por horas a varios de los trabajadores de la embarcación que acaban de ser indemnizados en el ERE, ya que son los que mejor conocen el barco por dentro. Sin embargo, el capitán del Fortuna ha adelantado a Tiempo que rechazará cualquier ofrecimiento contractual que le entregue Fundatur.

Fracaso de la “venta discreta”.

Al coste de mantenimiento se une la urgencia de encontrar un comprador, debido a que el Fortuna se devaluará entre un 10% y un 20% por temporada si no se vende en los próximos años. Hace escasas semanas hubo la posibilidad de una “venta discreta” que no salió adelante: la empresa Balearia, cuyo principal accionista es el grupo Matutes, ofreció 2,2 millones de euros por el barco.

A la naviera le interesaban las potentes turbinas de gas del Fortuna, pero los socios de Fundatur rechazaron la oferta con la esperanza de encontrar otro comprador (con más dinero) en el exclusivo mercado de la compraventa de yates. Además, los planes de Balearia hubieran condenado al Fortuna a un inevitable desguace si no se encontraba un recambio para las turbinas.

 Este rechazo de la oferta ha traído como consecuencia que la venta del Fortuna tendrá que ser “pública”, concretamente a través de un portal de Internet especializado en este tipo de embarcaciones. Para ello se contará con la ayuda de un broker o intermediario que aún no ha sido elegido y que se encargue de comprobar la solvencia económica de los ofertantes.

El objetivo de Fundatur “es ponerlo en el circuito internacional y que un extranjero con dinero –en la mente de todos está un magnate ruso o un jeque árabe– no tenga reparos en adquirirlo y quiera presumir de la compra por tratarse del barco del Rey”, argumenta la misma fuente.

Ello implica que se tendrá que publicitar el interior del barco, al igual que tuvieron que hacer los duques de Palma con su palacete barcelonés de Pedralbes cuando el año pasado lo pusieron a la venta. El hecho de que vayan a circular fotos de los cuatro camarotes dobles que hay en el interior del Fortuna incómoda a La Zarzuela y a parte de los patronos de Fundatur, que no entienden que se tenga que desnudar uno de los bienes más representativos de la Corona.

¿Qué opina el Gobierno de todo esto? La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría pilotó la reversión del barco a manos de Fundatur. En un principio, se barajó su subasta pública o que el Fortuna permaneciese como un bien estatal para agasajar a invitados ilustres. Pero los empresarios reclamaron la devolución del yate y el Ejecutivo se apartó del timón... El tiempo dirá si de forma acertada. Al menos, hasta ahora, lo que queda claro es que el barco se ha convertido en una ruina económica a la que será difícil darle salida en el mercado.

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