Mas quiere aplastar a ERC

22 / 01 / 2015 Antonio Fernández
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De aliados soberanistas a enemigos electorales. Mas concentrará sus fuerzas en recuperar votos en septiembre.

Artur Mas ha anunciado que habrá elecciones autonómicas anticipadas el 27 de septiembre, con listas separadas. A finales de 2012 firmó un acuerdo de legislatura con Esquerra  Republicana de Catalunya (ERC), que según Mas sigue vigente, pero en la práctica ambas formaciones son formalmente enemigas electorales a partir de ahora. Convergència necesita machacar a ERC, o al menos intentarlo,para obtener un resultado más o menos airoso en septiembre so pena de convertirse en la primera y principal víctima del llamado proceso catalán.

El presidente catalán se enfrenta ahora a una dura etapa en la que debe luchar por su supervivencia. En estos dos años, la lealtad de ERC ha evitado muchos problemas a Convergència i Unió (CiU). El propio Artur Mas reconocía, al hacer balance de estos dos años de Gobierno, que las relaciones con ERC fueron excelentes hasta el pasado mes de octubre. En esa fecha, tras la decisión del Tribunal Constitucional de anular el proceso participativo del 9 de noviembre, los republicanos se opusieron a que se celebrase si no era con unas mínimas condiciones. Pero Mas tiró por la calle de en medio y convocó a las urnas (por lo que ahora tiene varias querellas que han sido admitidas a trámite por el Tribunal Superior de Justicia).

Llegó el divorcio.

A partir de ahí, el líder de Esquerra, Oriol Junqueras, ya advirtió que su partido no apoyaría los presupuestos del 2015. Y se produjo el divorcio. Pero para entender mejor la tesitura en que se encuentra Mas es preciso no perder de vista las encuestas: ERC ha escalado puestos hasta convertirse prácticamente en la primera fuerza política de Cataluña en unas elecciones autonómicas. Y CiU pierde por primera vez el liderazgo, cayendo de los 50 diputados que tiene a los 32 o 34 escaños. De la misma manera, ERC, que tiene 21, pasaría a tener aproximadamente los mismos.

Un miembro de la cúpula convergente reconoce a Tiempo que “se ha reproducido en política la teoría de los vasos comunicantes. El electorado de ERC es muy similar al de CiU y ha habido un trasvase de votos continuo de nuestros votantes hacia Esquerra”. Esta misma fuente, no obstante, asegura también que “en los últimos meses, y tras el 9-N, la situación se ha revertido: el trasvase de votos empieza a ser ahora de ERC a CiU. Es lógico, porque los ciudadanos ven que el Gobierno de Artur Mas ha cumplido todo lo que había prometido y que no íbamos de farol”.

Pero esta circunstancia ha provocado una singular paradoja: Artur Mas no debe buscar votantes en las filas socialistas o del PP, sino en las de los independentistas de ERC. Sabe que el trasvase de votos populares y socialistas está agotado y que ahora solo puede crecer por la vertiente del voto soberanista. De ahí que su principal rival sea, en el futuro inmediato, Oriol Junqueras, su socio de legislatura. Se avecina una lucha fratricida, a cara de perro, entre las dos formaciones que quieren liderar el proceso catalán.

La última baza.

En estas semanas, Artur Mas ha sido muy duro con los republicanos, para obligarlos a aceptar que él encabece una lista “de unidad” en la que, a pesar de su nombre, no iría ningún otro partido soberanista, puesto que el bloque independentista ha saltado por los aires. Artur Mas quería asegurarse que junto a él estuviesen apoyándole las entidades cívicas que han organizado las macromanifestaciones independentistas de los últimos años: Asamblea Nacional Catalana (ANC), Òmnium Cultural y Asociación de Municipios por la Independencia (AMI). Se trata más de una imagen que de un apoyo real, ya que estas organizaciones se componen, en gran parte, de militantes de Esquerra Republicana que darán a Oriol Junqueras su voto en unas elecciones. Aun así, Mas se abandona en sus brazos a la espera de un milagro.

Pero por algo es: esa “lista unitaria” es quizá la única baza que le queda al líder de CiU para remontar en las encuestas y no perder estrepitosamente unas elecciones que quiere que sean “plebiscitarias” y la antesala de otras que sean “constituyentes”, tras las cuales se proclamaría la independencia de Cataluña. Esquerra Republicana, que ya aceptó apoyar la campaña para votar el 9-N a regañadientes, ha aceptado ahora esa propuesta de Mas. En realidad, el president había ofrecido a Junqueras una lista de ambos partidos juntos. En una segunda propuesta, aceptaba listas separadas (como exigía ERC) pero en tal caso quería retrasar las elecciones a 2016, con lo cual hubiera agotado la legislatura. Por el camino se quedó otro intento desesperado: inmolarse y retirarse, es decir, no aparecer como cabeza de candidatura de la lista unitaria y que fuese el propio líder de ERC. Todas las propuestas fueron rechazadas por ERC, que se reservaba, tras el 9-N, la posibilidad de iniciar movilizaciones en la calle para exigir elecciones adelantadas.

La propia secretaria general de Esquerra, Marta Rovira, reconoce que han dado “un paso absolutamente necesario, como aceptar la propuesta del presidente de la Generalitat. Hemos hecho un gesto”. Otras fuentes republicanas se muestran más críticas. “Mas está desesperado. Sabe que va a perder las elecciones y la presidencia de la Generalitat. Por eso trata de asegurarse una candidatura en la que le salven el cuello. Sus propuestas nunca han sido lanzadas pensando en el país, sino en sus propios intereses. Si no iba con ERC y encabezando la lista, lo más probable es que perdiese las elecciones y se tuviese que marchar a su casa”.

Un órdago.

Desde CiU, las cosas se ven diferentes. ya que consideran que “en Esquerra se creen que no tenemos alternativa, que nos tendremos que plegar a su estrategia, pero se equivocan”. En la cúpula de la formación nacionalista se discutió profundamente la estrategia a seguir y hay algo meridianamente claro: “Haremos lo mismo que hicimos el 9-N. El Gobierno había prometido urnas y las hubo. Pues ahora, igual. Y si ERC no nos quiere acompañar, allá ellos. Que se atenga a las consecuencias”.

El órdago de Mas es algo parecido al “o conmigo o contra mí”. De hecho, ha puesto toda la carne en el asador y ha comprometido su continuidad al frente de la Generalitat como actitud de buena voluntad, incluso enfrentándose con todas sus armas al Gobierno central. “Más no se puede hacer. Nuestra prioridad es evitar que el proceso entre en involución. Pero hay una verdad absoluta: Artur Mas prometió urnas y la gente podrá definirse en las urnas. La fecha es lo de menos, lo importante es cumplir lo prometido. Pero que nadie dude de que el pueblo de Cataluña decidirá su futuro político en las urnas y, con ello, el president habrá cumplido una vez más”.

Apisonar a Esquerra.

La estrategia de Mas es simple: quiere visualizar que el proceso catalán tiene un solo líder indiscutible y que, además, tiene el apoyo de la “sociedad civil”. Para ello debe pasar por encima de Esquerra y recuperar los votos que le ha ido dejando prestados los últimos años. Se trata, en realidad, de apisonar a Esquerra, porque es la única opción de que CiU obtenga votos en un campo, el soberanista, que parece haber tocado techo. Y como el segmento es limitado, la guerra fratricida será más cruel todavía. Un ex alto dirigente republicano admite a Tiempo que los últimos años han sido muy positivos para ellos. “De hecho –señala–, ERC no ha hecho nada. Solo ponía el cesto y cada día le caían un puñado de votos. Ahora hay que saber gestionarlos. Y eso es lógico: los ciudadanos han visto que el verdadero partido independentista es Esquerra, que siempre ha estado a favor de la independencia. Y Convergència es percibida como un sucedáneo. Entonces, teniendo al auténtico, ¿le darás tu voto al sucedáneo? Se quedarán tocados. Se llevarán un severo correctivo en las próximas elecciones”.

En las filas convergentes rebaten ahora esta teoría. “Artur Mas ha demostrado que su apuesta por la independencia no era algo coyuntural o temporal. Hizo promesas y las cumplió todas. Primero, cambió su programa electoral. Luego, consiguió hacer realidad el frente soberanista. Más tarde, logró concretar una pregunta y una fecha para el referéndum. Y, por último, puso las urnas el 9-N, tal y como se había pactado. Nadie puede decir que no ha cumplido. ¿Hubiera aguantado Oriol Junqueras la presión en su lugar? Habría que verlo”, explica un miembro de la dirección convergente.

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