Los últimos secretos de ETA

22 / 03 / 2012 15:38 Antonio Rodríguez*
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La banda terrorista recupera a tres históricos para evitar divisiones internas. Los cincuenta etarras que están aún operativos viven con 1.500 euros al mes, aislados y sin poder utilizar el teléfono.

La banda terrorista ETA ha entrado en su sexto mes de hibernación sin dar síntomas de querer moverse. Desde que el 20 de octubre del año pasado decretó el cese definitivo de su actividad armada, las Fuerzas de Seguridad españolas y francesas han comprobado que la última organización terrorista todavía activa en Europa no ha incumplido ese compromiso. Los etarras que viven en la clandestinidad ya no disfrutan de la financiación de antaño, a través del impuesto revolucionario, han reducido al máximo sus movimientos y todos ellos se encuentran con la precariedad de unos medios que escasean por culpa de la inactividad. ¿Quiénes son y cómo malviven, en esta prolongada agonía, los últimos dirigentes y sus adlátares?

Las respuestas están en un libro que acaba de publicarse en Francia, Secrets d’ETA, obra de Jean Chalvidant, profesor en el Instituto de Criminología de la Universidad París II, colaborador del diario Le Monde y uno de los pocos expertos que hay sobre el terrorismo etarra en el país vecino, donde la presencia de miembros de ETA y sus actividades delictivas siempre han tenido poca publicidad. En círculos aberzales se coloca a Chalvidant cerca de los servicios secretos franceses, ya que en los asuntos de ETA se nutre de información de estos, que a su vez la reciben de la Fuerzas de Seguridad de nuestro país.

El número de efectivos con los que cuenta ETA en la actualidad es una de las obsesiones de los gobiernos de Madrid y París. En un informe galo al que ha tenido acceso Tiempo, se indica que la cifra de etarras oscila entre los 150 y los 200 efectivos, una cifra muy inferior a la que había en los años ochenta, cuando los más de 800 miembros activos de la banda pusieron en jaque a España.

El Gobierno de Nicolas Sarkozy considera que los últimos reclutados de ETA tienen una media de edad de 25 años y una formación educativa “relativamente baja”, a diferencia de los antiguos jefes de la banda, que se caracterizaban por tener titulación universitaria.

Una organización exangüe.

La primera realidad es que la caída de comandos en los últimos años ha dejado exangüe a la banda. Cuando se detuvo a Ibon Fernández Iradi, alias Susper, en 2002, se le incautó una serie de documentos en papel y en ficheros informáticos en los que se hablaba de 1.031 miembros, de los cuales la mitad (514) están ahora en prisión.

Buena culpa de ello la tienen los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero, durante los cuales se detuvo a 730 miembros de ETA, 430 después de la fallida tregua de 2006. Una sangría continua de dirigentes, cuya muestra más clara es que ETA perdió en esos años a cuatro integrantes de la cúpula, a seis responsables del aparato militar y a tres del logístico. Un tercio de estas detenciones se produjeron en Francia.

Chalvidant cifra en 210 el número de etarras huidos que hay en la actualidad. Medio centenar de ellos forman el núcleo duro de la banda y están plenamente operativos (ver gráfico), por lo que son los más buscados por los servicios policiales de Madrid y París. Casi todos ellos se encuentran, a su juicio, en territorio francés y perciben un sueldo mensual de 1.500 euros, 600 para cubrir sus necesidades más perentorias y 900 en concepto de seguridad, para el caso de que pierdan contacto con la organización.

A ellos habría que sumar alrededor de 160 militantes, todos ellos identificados por la Guardia Civil y la Policía, que se encuentran diseminados por Europa y América Latina, donde la mayoría vive por sus propios medios y con una implicación mucho menor que el medio centenar de dirigentes y ayudantes de campo que encabezan ETA.

A esta cifra total de 210 habría que añadir otra veintena de legales o no fichados por la Policía, que suelen ayudar en cuestiones logísticas o escondiendo a comandos, y otros 200 jóvenes que han pasado por la kale borroka o violencia callejera en el País Vasco y que serían susceptibles de formar parte de ETA en el futuro. Es la reserva o cantera de la que se nutriría la organización terrorista si decidiese volver a las armas.

Otra de las novedades aportadas por Chalvidant es la composición de la zuba o comité ejecutivo de la banda. En el nuevo organigrama destaca la entrada de tres veteranos -José Luis Eciolaza Galán, alias Dienteputo; Eusebio Arzallus Tapia, Paticorto; y Juan Cruz Maiztegui Bengoa, Pastor- con poder de mando sobre los jóvenes Iratxe Sorzábal, Izaskun Lesaka y David Pla, que se hicieron con el control de la cúpula tras las últimas desarticulaciones importantes en 2010 y 2011.

El regreso de un buen número de veteranos a Francia data de 2006, cuando José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera, llamó a seis históricos refugiados en América Latina. El objetivo era que le ayudasen en sus negociaciones con el Gobierno de Zapatero tras la tregua y evitasen disensiones internas en una organización en la que los galones y el ascendente cuentan mucho.

Entre ellos estaban Francisco Javier López Peña, Thierry, quien se encontraba escondido en Cuba de cuarentena y que luego desbancó a Josu Ternera en los contactos con los enviados de Madrid, los citados Dienteputo y Paticorto, así como Eneko Gogeaskoetxea, Luis Ignacio Ireretagoyena, Suny, y Juan Cruz Maiza Artola.

Este último tomó el mando del aparato logístico, pero fue detenido en julio de 2007, mientras que Suny fue arrestado en la localidad gala de Cahors dos meses después en compañía de otros tres etarras. Luego vendrían las caídas de Thierry en Burdeos y de Gogeaskoetxea en Cambridge (Reino Unido) en julio de 2011, el último golpe duro que encajó la banda antes de anunciar el cese definitivo de su actividad terrorista.

Perfil de dos veteranos.

Así pues, de ese grupo de seis veteranos solo quedan en libertad Dienteputo y Paticorto. El primero es uno de los pistoleros más sanguinarios de ETA. Cometió seis asesinatos en la década de los ochenta antes de huir a México. Los retratos-robot de él son vagos e imprecisos desde entonces, aunque varias personas creyeron verle en 2007 en Valencia, cuando ETA intentó atentar contra las instalaciones de la Copa América. Con anterioridad a esa fecha, las fuerzas antiterroristas le situaron durante un tiempo en Venezuela. En la actualidad, estaría dentro de la dirección de la banda al frente del aparato militar junto a Lesaka.

Eusebio Arzallus, Paticorto, tiene una trayectoria delictiva similar a la de Dienteputo. Primero ayudó a los sandinistas en Nicaragua en la década de los ochenta y luego ha estado en otros países latinoamericanos. Como actual jefe del aparato logístico es el encargado de la compra de material para la fabricación de explosivos. Es él quien decide qué armas, objetos electrónicos y documentos son susceptibles de ser comprados o falsificados. “Ha sabido convertirse en invisible”, subraya Chalvidant en su libro. Su adjunto, Tomás Elgorriaga Kunze, alias Teo, es uno de los pocos etarras que conocen “los secretos para la fabricación de bombas”, advierte el profesor francés.

Nacido en 1963 en Hondarribia, este ingeniero electrónico especialista en telecomunicaciones, vivió parte de su juventud en Hungría y Alemania, de donde era originaria su madre. Fue concejal de Batasuna en su pueblo entre 1991 y 1995 antes de pasar a la clandestinidad, y desde finales del año 2000 es el autor de los artefactos utilizados en 22 atentados que han causado 28 muertos.

Detención prioritaria.

Para los servicios secretos español y francés, la detención de Kunze es “primordial y quizás más significativa que la del número uno del aparato”, ya que difícilmente puede ser sustituido. De él surgió la idea, por ejemplo, de añadir hexógeno a la bomba de la T-4 de Barajas para aumentar su efecto devastador. También está detrás de la confección del amonitol, un compuesto de nitrato de amonio, polvo de aluminio y nitrometano que acabó con la vida del policía Eduardo Puelles, el último asesinado en España. Y es Kunze el autor de una especie de manual del terrorista remitido a los comandos y que el etarra Iker Aguirre llevaba en 2007 en uno de sus bolsillos cuando fue arrestado en la localidad francesa de Port-Bou.

El tercero, un hombre de Ternera.

El tercer miembro del triunvirato de veteranos o “Santísima Trinidad”, según la definición de Chalvidant, es Juan Cruz Maiztegui, alias Pastor, hombre de confianza de Josu Ternera, ya que le acompañó a las reuniones de Oslo y Ginebra auspiciadas por el Centro Henri Dunant y en las que participó el socialista Jesús Eguiguren en representación del Ejecutivo de Zapatero.

 

Pastor tomó el mando del aparato logístico de ETA en 2007 tras la ruptura de la tregua y la detención de Juan Cruz Maiza, Lohi, y luego pasó a dirigir la rama política tras la caída de Thierry en Burdeos. Según Chalvidant, los investigadores reconocen su estilo de escritura en los comunicados de la banda escritos en euskera: “Duros en el fondo y precisos en las formas”. Pastor tiene como lugartenientes a Iratxe Sorzábal y David Pla, quien ha leído los últimos comunicados de ETA en enero y octubre de 2011.

Sin embargo, en Secrets d’ETA no se afirma con claridad si el triunvirato dirige la organización desde Francia o si los tres veteranos están en otro país. “Serían difíciles de detener, puesto que algunos de ellos no se encontrarían ni en España ni en Francia, quizás más lejos, en América Latina”, afirma el autor en función de lo que le han contado responsables de la lucha antiterrorista.

Esta posibilidad es rechazada de plano por fuentes de la izquierda aberzale consultadas por Tiempo, ya que, si bien admiten que la dirección de la banda puede contar con una decena de miembros (entre ellos varios veteranos como Dienteputo, Josu Ternera y algún que otro tapado), también subrayan que una organización como ETA no se puede teledirigir desde Venezuela o Cuba, dos de los países latinoamericanos con más presencia e infraestructura de etarras. “Sería un lastre para la organización tener a varios de sus dirigentes en Sudamérica, ya que las comunicaciones entre sus miembros serían muy complicadas”, justifican las citadas fuentes.

Los servicios de inteligencia hispano-franceses se han encontrado en los últimos meses con el desafío de identificar a los líderes de una organización terrorista en proceso de desmantelamiento, por lento que parezca a ojos de la opinión pública, y con unos jefes militares y de logística que han perdido peso en la banda en detrimento del aparato político. Por ello, desde el Gobierno español no se confirma ni se desmiente la información del libro. La Guardia Civil, por ejemplo, incluye en su página web una lista con los 20 etarras más buscados en la que hay dos veteranos como Joseba Iñaki Reta de Frutos o Carlos García Preciado, pero solo aparece Dienteputo en representación de los históricos. La Policía Nacional reduce aún más su propia lista, hasta dejarla en 13 miembros en busca y captura.

Reuniones una vez al mes.

Chalvidant relata en su libro que las reuniones de la zuba de ETA se suelen celebrar una vez al mes bajo la iniciativa y el control del jefe del aparato político, en este momento Pastor. Las citas terroristas se desarrollan en un punto “del Sudeste francés”, en un lugar que se fija en el rencuentro precedente y para la que se elige una granja o una casa perteneciente a un simpatizante francés que no despierta sospechas.

Algunas fugas también sugieren que ha habido encuentros en el norte de Francia o en la frontera gala con Bélgica. Según el autor del libro, el teléfono está “proscrito” entre los etarras y la banda desaconseja de forma encarecida los largos desplazamientos para evitar controles policiales. Así las cosas, las convocatorias de reunión y los mensajes cifrados se hacen por Internet o correo postal, aunque esto último es bastante raro. Un dato interesante es que los mensajes cibernéticos se envían desde ordenadores con direcciones IP que han sido compradas “en países lejanos o que no levantan sospechas”, una precaución que, por ejemplo, no tuvo Mohamed Merah, el presunto asesino en serie de Toulouse. Una vez reunidos, las decisiones de la zuba son adoptadas a mano alzada por mayoría simple.

“En 2011, tres hombres veteranos y dos mujeres jóvenes, asistidos por varios activistas curtidos y aconsejados por un puñado de prisioneros deprimidos y revanchistas, componen el órgano supremo de ETA”, resume Chalvidant antes de entrar de lleno sobre el número de armas que posee la banda en estos momentos. Para ello se apoya en un documento de la Guardia Civil de noviembre de 2011, al que ha tenido acceso y en el que se contabilizan 500 armas cortas y 300 armas largas en manos de la organización terrorista.

De las primeras hay que tener en cuenta un centenar de pistolas Star 28 PK que fueron robadas a la Ertzaintza a finales de los noventa, así como un centenar de pistolas Sig Sauer P228 y P226 semiautomáticas, de calibre 9mm parabellum, que son utilizadas por cuerpos de élite como los GEO españoles o los Navy Seal estadounidenses que acabaron con Osama bin Laden.

Granadas poco precisas.

ETA cuenta también con un centenar de pistolas FH-Herstal compradas en Bélgica y repartidas por diferentes zulos desde la frontera española hasta los Alpes, así como unos 200 revólveres Smith&Wesson robados en Vauvert en 2006 en plena tregua. En cuanto a las armas largas, la Benemérita habla de 200 fusiles de cazas anticuados y varios fusiles semiautomáticos Franchi, modelo 12.71, comprados en 2005 en el mercado italiano a 300 euros la pieza, aunque el mayor peligro proviene de varias metralletas automáticas Uzi, de fabricación israelí, de las MAT 49 adquiridas a la mafia marsellesa y de “decenas” de fusiles de gran calibre utilizados por francotiradores.

La banda terrorista dispone igualmente de granadas de mano tipo jotake, fabricadas y montadas por los propios etarras: son poco precisas, aunque producen una fuerte explosión y gran cantidad de humo. Asimismo, ETA tiene en su poder cohetes anticarro de la marca Mekar, con un alcance máximo de 600 metros, y una cantidad no precisa de material destinado a la fabricación de bombas, amonal, cordón detonante, polvo de aluminio, ácidos, nitrato de amonio, etcétera.

El problema más urgente de la banda es la falta de liquidez. En abril de 2011 anunciaron su renuncia al impuesto revolucionario con el que se habían embolsado 3,8 millones de euros entre 2007 y 2008. Pero ahora ese dinero se está gastando mes a mes. En opinión de Chalvidant, ETA depondrá las armas porque “su situación es insostenible” o, en sus caso, las enterrará para evitar “demasiada humillación”.

La banda, entre tanto, ha trazado su propia hoja de ruta. “La primera etapa consistía en lograr un partido aberzale legal, suficientemente fuerte para suplantar al PNV: ‘misión cumplida” con la irrupción de Amaiur en las elecciones del 20-N. “El siguiente paso consiste en exigir la legalización de Sortu, un partido similar a Batasuna y con el que se quiere superar la coalición actual. Luego, con ocasión de las elecciones vascas, previstas para marzo de 2013, se anunciará un desmantelamiento progresivo de la organización, con una entrega parcial del armamento”, se indica en Secrets d’ETA.

Otegi, Izagirre o Garitano.

Entre los candidatos que la izquierda aberzale podría presentar a las elecciones vascas están, por este orden, el líder de la ilegalizada Batasuna, Arnaldo Otegi, el actual alcalde de San Sebastián, Juan Carlos Izagirre, y el diputado foral de Guipúzcoa, Martín Garitano. La opción electoral del primero pasa, lógicamente, por su excarcelación del penal de Logroño en el que se encuentra desde septiembre de 2011.

De acceder a la Lendakaritza, la institución que ahora preside el socialista Patxi López, el desafío de la izquierda aberzale pasaría por una consulta de autodeterminación, según el autor francés, quien no duda en coincidir con el exministro popular Jaime Mayor Oreja en que el modelo de ETA para su sueño de una Euskal Herria independiente es el de Kosovo, es decir, la declaración de independencia de forma unilateral.

*Con información de Santiago Etxauz.

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