Los secretos de la escritora del romance
Cuando se cumplen siete años del fallecimiento de Corín Tellado, sus descendientes cuentan a TIEMPO la curiosa vida de la escritora española más prolífica de la historia.
El lunes 11 de abril se cumple el séptimo aniversario del fallecimiento de la popular escritora Corín Tellado. TIEMPO ha hablado con su familia más cercana, su hija Begoña Tellado y su nuera María José Moreno, Caco para los amigos. María José fue quien acompaño a Corín Tellado en los últimos años de su vida como su “bastón literario”. Fue la persona que transcribió lo que Corín Tellado le dictaba cuando ya le era imposible utilizar su máquina de escribir. Begoña y María José perfilan la semblanza de la mujer que escribió novelas románticas y que a pesar de ser la maestra del romance no consiguió ser feliz en pareja. Ellas recuerdan cómo empezó la que fuera la escritora española más prolífica: “Mi madre, de jovencita, iba en Cádiz a un librero que se llamaba Onofre que le prestaba novelas. Un día le dijo que le tenía preparada una novela de amor para que se la leyera, pero mi madre, a la que no le gustaba entonces ese tipo de literatura, consideró que no hacía falta que le prestase ningún libro romántico porque podía escribirlo ella misma, y así lo hizo”, narra Begoña sobre el origen literario de su madre. “Más tarde, Onofre la puso en contacto con la editorial Bruguera. En aquella época la editorial siempre iba en busca de nuevos talentos de la pluma. En 1948, con solo 21 años, publicó Atrevida apuesta, que actualmente roza las 40 reimpresiones”.
Socorrín
María del Socorro Tellado López, más conocida como Corín Tellado, nace en el barrio de Viavélez, parroquia de la Caridad, en el municipio de El Franco (Asturias) en 1927. Fue la única niña de cinco hermanos. De pequeña la empiezan a llamar Socorrín y de ahí el hipocorístico de Corín. Un nombre que años después consigue traspasar las fronteras convirtiéndose en un referente de la novela romántica. En 1962 la Unesco declaró que Corín Tellado era la autora más leída en lengua castellana después de la Biblia y Cervantes.
Hija de un ama de casa y de un maquinista naval de la Marina Mercante. A su padre, Guillermo Tellado, lo ascienden a primer oficial y lo trasladan a Cádiz. Al fallecer el patriarca, en 1945, la familia se queda muy desprotegida y Manuela López, madre de Corín Tellado, decide volver a su Asturias del alma. Primero a Viavélez y tres años después, en 1951, se traslada a Gijón. “Mi madre –cuenta su hija Begoña– se traslada a Cádiz cuando tenía tan solo 9 años porque a mi abuelo Guillermo Tellado lo ascienden a primer oficial y lo cambian de ciudad. Allí permanecerán hasta que cumple mi madre los 18. Al fallecer mi abuelo regresan a Asturias. Mi abuela Manuela López se los trae a todos a su primera casa. La situación no era fácil, pero pronto aparece un hada que hace la situación más llevadera. Mi madre se convertirá en el sustento de la familia”, explica Begoña Tellado.
El patrimonio de la escritora
En Viavélez y en Gijón, última residencia de Corín Tellado, todos sus habitantes afirman con unanimidad que si Corín Tellado no hubiese sido “tan, tan, y tan” generosa, sus hijos, Begoña y Domingo, tendrían actualmente un patrimonio de incalculable valor. “Por supuesto que serían los más ricos de Asturias. Sin lugar a dudas. Es más, yo diría que una de las fortunas más grandes de nuestro país. En esa casa entraba el dinero como nadie se puede imaginar. Pero claro, Corín fue muy desprendida para su familia y sus amigos, mucho”, explica una señora vecina de la parroquia de Viavélez que recuerda los movimientos en la casa de Corín Tellado. La hija de Corín explica: “El primer sueldo de mi madre fueron 3.500 pesetas. Ganó muchísimo dinero. En aquella época ganaba el doble de lo que podía ganar un ingeniero. Y entonces un ingeniero estaba muy bien pagado. Es cierto que mi madre fue muy generosa desde que tuvo 18 años, cuando empezó a trabajar”.
Su matrimonio
La doctora del amor con la pluma no llegó a ser ni aprendiz de amor en su vida real. Quien conoció bien a Corín Tellado asegura que no fue feliz en su relación amorosa. Su matrimonio duró solo cuatro años. Corín Tellado se caso en Covadonga con el vasco Domingo Egusquizaga Sangroniz. Un año después del enlace nace Begoña y en 1961, Domingo, Chomi para su familia y amigos. Cuando los hijos tienen 2 y 3 años respectivamente, Corín y Domingo deciden separarse.
La ley del divorcio no llega a nuestro país hasta 19 años después. “Cuando se aprueba la ley en 1981 a mi madre ya no le hace falta divorciarse. Consideraba que no tenía que hacerlo. Ella se sentía divorciada desde hacía casi 20 años, aún sin existir la ley”, explica Begoña Tellado. La patria potestad de Begoña y Chomi fue para Corín Tellado. El padre pudo verlos pero no los reclamó. Cuando regresaba a Asturias para ver a sus hijos se hospedaba en un hotel. “Mi madre nunca nos habló mal de mi padre. Yo no tuve capacidad de quererlo, pero tampoco de odiarlo. Nos educaron en la idea de que la separación era un tema de incompatibilidad de caracteres. El día que falleció mi padre yo fui a su despedida. De verdad que no había sentimientos contradictorios”, explica.
Hace 26 años, Begoña y su hermano Chomi deciden que quieren llevar el apellido materno Tellado, como apellido principal que defina su nombre y su existencia. Tras largos trámites administrativos, Begoña y Domingo consiguen llamarse Tellado. La rama de Corín Tellado en cuanto a su apellido no se perderá porque su hijo Domingo tiene descendencia que ya porta dicho apellido. Los tres hijos de Begoña de momento no llevan como primer apellido el de su abuela Corín. Julio (31) y las mellizas Corín y Cristina (26) llevan el apellido Castro, el del marido de Begoña Tellado. Quizás será una labor de Begoña convencer a su marido para que inviertan los apellidos y así conseguir que el de la escritora de novela romántica no desaparezca en sus venideros descendientes. Los otros tres nietos de Corín Tellado son Santiago, Ignacio y Alejandra, hijos de Chomi y Caco (María José). Estos tres nietos ya se llaman Tellado Moreno.
Su último lazarillo
María José Moreno es la nuera de Corín Tellado. Pero Caco es algo más. Fue la persona que la acompaño en los últimos años de su vida. La persona que más cerca estuvo de ella para cumplir el deseo de Corín hasta tres días antes de su fallecimiento, el de escribir. Caco renunció a su trabajo en Oviedo y se trasladó a Gijón junto a Corín Tellado. Vivían puerta con puerta. Estar al lado la una de la otra le permitió a Corín escribir lo que deseaba en cada momento.
El portátil de María José Moreno estaba en absoluta disponibilidad siempre que lo necesitaba la escritora. María José fue su confidente, su amiga y la persona que guardará para siempre su última sonrisa y también parte de sus secretos. “Corín era una trabajadora impresionante. Aun cuando se encontraba mal después de la diálisis, traía su guion y yo lo transcribía. Yo hacía de grabadora. Utilizaba un ordenador que siempre me acompañaba. Corín necesitaba de alguien que llevara siempre un portátil para escribir lo que le venía a la mente. Aunque ella siempre utilizó la máquina de escribir. Cuando yo llegué a su vida a modo de ayudante ya pasamos al ordenador portátil”, cuenta Caco.
Inocente pornógrafa
“Cuando ya teníamos el texto, entonces lo imprimía y lo mandábamos a la revista Vanidades”, relata Moreno. El e mail aún no había llegado a la vida de Corín Tellado. Cuando llega el correo electrónico lo incorpora a su vida. Vanidades era quincenal y se publicaba en todos los países de lengua hispana. Con esta publicación Corín Tellado firma en 1951 un contrato por el que se compromete a entregar dos novelas cortas inéditas al mes. Con este fichaje, la revista pasa de tener una tirada de 16.000 ejemplares a 68.000. El corrector de aquellas novelas era Guillermo Cabrera Infante, quien calificó años después a Corín Tellado de “inocente pornógrafa”. Otro amigo de las letras que siempre tuvo buenas palabras hacia Corín Tellado fue Mario Vargas Llosa. Otras plumas sin embargo fueron duras con la escritora. Paco Umbral la descalificó siempre que pudo.
“Lo último que hizo Corín para Vanidades fue una novela de cien folios al mes. Esta novela se distribuía con la revista”, recuerda Caco de los últimos trabajos de la escritora. “Corín dejó mucho escrito sin publicar. Tres días antes de fallecer me dictó unas cuantas páginas. Esto lo guardo porque ya no era publicable. Entonces ya le costaba coordinar”, recuerda.
“Corín se murió haciendo lo que más le gustaba. Sin lugar a dudas, escribir. Ella había renunciado a todo en la vida por dos cosas, sus hijos y la literatura. En los últimos años su gran ilusión era ver en papel lo que acababa de escribir”, explica su último lazarillo.
“Corín era un ser muy especial. Y una persona muy moderna. Con el tiempo me he dado cuenta de que era una adelantada a su tiempo. Fui una de sus últimas confidentes. Cuando discutía con mi marido, que es su hijo, Corín siempre se ponía de mi parte”, explica con tono de emoción. Vecinas de Corín Tellado cuentan a TIEMPO que Caco nunca fue su nuera. Fue su tercera hija. “Cuando me piden que resuma a Corín en pocas palabras me resulta difícil. Lo voy a intentar: responsable y trabajadora. Y muy generosa. Ella disfrutaba con ayudar a quien se encontraba en apuros. Y nunca lo reclamaba. Así fue ella. Así fue Corín Tellado. Una mujer de pronto tosco y corazón blanco”.
La enfermedad
El 11 de abril de 2009 Corín Tellado cerró los ojos. Atrás quedaban millones de palabras a ras de la prosa romántica. Una enfermedad larga se la llevó. Luchó y escribió hasta el último día. “Mamá cae enferma con 65 años. Fue una enfermedad del riñón que le detectan con tan solo 45 años pero no da la cara hasta 20 años después. Con esta enfermedad tuvo mucho control y una de las consecuencias es que no pudo tomar el sol. Estuvo con diálisis 20 años. El final se agravó porque mi madre fumó muchísimo a lo largo de su vida, y eso hizo más complicado el tratamiento”, explica Begoña.
Corín Tellado no falleció en el hospital. El desenlace se produce en su casa de Gijón, con su gente. Con sus dos hijos, Begoña y Chomi, y sus hijos políticos Julio y Caco. Sus seis nietos rodearon a la abuela Corín hasta el final. Allí estaba su verdadera familia.
Los dos hijos de Corín Tellado vuelven siempre que pueden a Viavélez para descansar y respirar el primer aire que dio vida a Corín Tellado. En este rincón asturiano, la escritora adquirió un terreno y lo edificó. Actualmente pertenece a los dos herederos de la escritora. Las vistas de la última morada de Tellado son indescriptibles.
En Viavélez tiene Corín Tellado una calle. También posee esta distinción a modo de vía en Gijón, la ciudad donde más tiempo pasó y cuna de casi la totalidad de sus novelas. En Cádiz, en cambio, no se le ha reconocido la pluma a Corín Tellado. Esta ciudad andaluza fue el lugar donde nace profesionalmente la escritora gracias al ojo avizor de Onofre, el librero. Quizás el tiempo dote a la “tacita de plata” de un busto que recuerde al mentor de Corín y a la propia Tellado. Un quiosco con un hombre –el librero– y una mujer –la escritora– podría ser el mejor homenaje que rinda Cádiz a quien hizo historia en la novela romántica.
Testamento vital
Corín dejó dos copias de una carta cerrada antes de fallecer. Una se la entregó a su enfermera, Susana Puchini, que falleció antes que la escritora, a los 53 años, víctima de un cáncer. La otra copia permaneció durante años en una mesilla con llave. Días después de fallecer la escritora, Begoña y Chomi abrieron el cajón. Allí hallaron el testamento vital. “En la carta leemos el último deseo de mi madre, que no es otro que el que la familia de mi hermano y la mía permanezcan unidas de por vida. Así ha sido. Antes estábamos muy unidos. Ahora mucho más. Su último deseo se cumplió y se cumplirá siempre”, cuenta con nostalgia Begoña. “Mi madre dejó también esa misma carta a su enfermera por si la de la mesilla se perdía. La fatalidad hizo que Susana falleciese tan joven y antes que mamá”.
El testamento que recoge el Código Civil no existe en la vida de Corín Tellado. “Mamá lo donó todo en vida. Todo. Tan solo alguna cosita suelta la dejó para mi hermano y para mí para que no fuese indivisible, como la casa de Viavélez. Nada más”, cuenta Begoña. Corín Tellado no fue una mujer ostentosa en joyas. Tenía algunas piezas de gran valor. Algunas de estas joyas las adquirió para dejárselas a su familia, su gran tesoro. La literatura fue su otro amor.
La novela romántica en los Tellado de momento tiene tan solo un nombre propio, Corín. Su hija Begoña estudió Periodismo y Derecho. Su hijo Domingo se licenció también en leyes. “Yo tan solo escribo cuando estoy rota de dolor. Es cuando creo que me salen mejor las palabras”, explica Begoña Tellado.
De los nietos de la escritora parece que será Corín Castro Tellado, una de las mellizas, quien será llamada al camino de la literatura. La escritura se le da bien y tiene destreza y oficio para continuar el legado de su abuela. “Corín se parece mucho a mi madre. No solo en el carácter, también en el físico. Y por supuesto le gusta escribir. El tiempo dirá si puede ser la sucesora”, cuenta con timidez al hablar de su hija y de su madre. De momento la posible heredera literaria de Corín Tellado oposita para juez. Una vez que consiga su plaza, la literatura puede ser el rincón que le tiene reservado su abuela desde el balcón del cielo.
Aunque tendrá que esforzarse mucho para parecerse a la escritora que publicó 5.000 novelas románticas, de las que se vendieron más de 400 millones de ejemplares. Las novelas de Corín Tellado impulsaron además la creación de las primeras telenovelas o culebrones ya que la española tuvo también un gran éxito en Latinoamérica con sus novelas románticas.


