Los objetivos ocultos de un grupo de exespías
La Asociación de Ex Miembros del Servicio de Inteligencia Español (Aemsie) ha contado con el apoyo del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) dada su necesidad de ejercer el máximo control sobre sus antiguos miembros.
Juan Martín Roy, coronel del Ejército de Tierra retirado, con una larga carrera en la División de Contrainteligencia del servicio secreto y como jefe de Delegación en un país sudamericano, es el presidente de la denominada Aemsie, un nombre impronunciable, acrónimo de Asociación de Ex Miembros del Servicio de Inteligencia Español.
Según adelantó en exclusiva Tiempo en su número 1.523, del 30 de septiembre de 2011, Martín Roy ha dedicado más de un año a organizar esta asociación, que contó desde el primer momento con el decisivo impulso del director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz. Había poderosas razones ocultas para dar ese apoyo, según han informado a este semanario algunos exagentes. La primera de ellas era la necesidad del CNI de ejercer el máximo control sobre sus antiguos miembros. Hace más de 30 años que se abrió la llamada operación Sombra, consistente en el control de los exagentes. Para ello se mantenían sus expedientes actualizados con las actividades que realizaban en la vida civil y se les sometía periódicamente a seguimiento e investigación.
A unos hombres y mujeres que habían estado en contacto con información secreta, con un largo periodo de validez, no se les podía entregar el finiquito y si te he visto no me acuerdo. Junto a la posibilidad de que utilizaran de una forma espuria la información que habían manejado, estaba el hecho más factible de que pusieran los conocimientos técnicos que habían aprendido al servicio de grupos que no contaban con la aquiescencia del servicio secreto.
En sentido contrario, también se perseguía un objetivo mucho más simple: con el paso de los meses o los años, esos antiguos agentes podían ser contratados para trabajos cuyo contenido pudiera interesar al centro. De hecho, ha ocurrido en bastantes ocasiones que un exagente fuese el jefe de seguridad de una empresa en la que el CNI quería entrar para fotocopiar papeles. En casos así, el mirar para otro lado supone una ayuda trascendental.
Ahora, con la Aemsie, se trata de aunar esos objetivos, con un coste mucho menor y una rentabilidad mayor. Así lo reconoce con toda claridad su vicepresidente, el general retirado Ricardo Martínez Isidoro, que destaca entre sus finalidades “prestar apoyo, en su caso, al servicio de inteligencia español”. Frente a los recortes presupuestarios que azotan al CNI, esta asociación va a facilitar la puesta a su servicio a unos 400 antiguos agentes, según sus propios datos, que podrían llegar a ser varios miles si se apuntan todos los que pertenecieron al Servicio Central de Documentación (Seced); a su sucesor, el Centro Superior de Información de la Defensa (Cesid) y al actual Centro Nacional de Inteligencia.
Exagentes consideran que la nueva asociación tiene vínculos al menos sospechosos y ponen el ejemplo de Martínez Isidoro, un antiguo agente que realizó importantes misiones hace años en París, y que actualmente mantiene una relación muy estrecha con el Grupo Atenea, integrado por altos mandos militares y con gran influencia en el mundo de la defensa. En su comité directivo hay varios antiguos dirigentes del servicio secreto que nunca reseñan en sus hojas de servicio su pertenencia al espionaje. Sanz, director del CNI, mantiene buenas relaciones con el presidente del grupo, José Luis Cortina, antiguo jefe de la Agrupación Operativa.
Los que no estarán en la asociación serán los miles de colaboradores del servicio de inteligencia. Gente que ayuda puntualmente para cumplir determinados trabajos. Aunque en algunos casos esa relación sea negada por la Casa. Es el caso reciente de Matías Bevilacqua, un reconocido informático que pertenece a un selecto grupo de los llamados hackers, que realizan trabajos puntuales para el centro. Bevilacqua estaba preparando el desarrollo de un sistema de interceptación de correos informáticos. El problema surgió cuando la policía le detuvo, dentro de la operación Pitiusa, por realizar trabajos de pirateo informático para investigadores privados. Y el hacker, pensando que le serviría de ayuda, informó a los policías que los 280.000 euros que habían encontrado en su casa procedían de los fondos reservados del Ministerio de Defensa.
Más mandos que curritos.
La Aemsie está controlada por altos mandos militares que mantienen buena relación con el CNI. De los cinco miembros de la junta directiva, al menos cuatro han alcanzado altos grados en las Fuerzas Armadas y puestos destacados en el servicio de inteligencia. A los ya reseñados Martín Roy y Martínez Isidoro se unen Ignacio Prieto, coronel del Ejército del Aire que fue jefe del Área de África y Oriente Medio, y Fernando Calderón, procedente del Ejército de Tierra y que desarrolló su carrera como espía en asuntos burocráticos de personal.
Para asentar el máximo control futuro sobre la asociación, han creado en los estatutos la figura de los socios fundadores, lo que les permite adoptar un papel preponderante frente a los cientos de agentes que puedan apuntarse como socios de número. También han creado la figura del socio de honor, lo que ya muestra claramente desde el inicio su objetivo de introducirse en círculos influyentes y, según una de las fuentes consultadas, “deja patente el clasismo y que es una asociación de militares con poco papel para los civiles”.
La vinculación entre la Asociación de Ex Miembros del Servicio de Inteligencia Español y el CNI también queda patente en algunos otros de sus objetivos: “Contribuir a mantener la imagen del servicio de inteligencia español, preservar su memoria y reivindicar su contribución a los logros de la sociedad española” y “contribuir a la difusión de la cultura de inteligencia”.
Según Fernando Muniesa, consultor de defensa y seguridad, “lo que en todo caso rechina y choca con el buen entendimiento es que, si de verdad se quieren alcanzar esos objetivos, el instrumento para lograrlo sea este tipo de asociaciones de espías eméritos, en vez de una adecuada política de comunicación del CNI o del propio Ministerio de Presidencia, del que depende”.
Esta no es, en contra de lo que afirman los fundadores de Aemsie, la primera asociación que hay en España integrada por antiguos agentes secretos. En los años 80 ya existía Ojos de España, integrada por exmiembros de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales, la AOME que dirigieron en su día espías tan conocidos como José Luis Cortina o Juan Alberto Perote.
Ojos de España.
Su objetivo era mantener unidos, y también bajo control, a los agentes que habían estado durante años llevando a cabo las misiones más arriesgadas del servicio secreto, muchas veces a costa de su integridad psicológica. Se consideraban los “ojos de España” y por eso pusieron ese nombre a su asociación. Se reunían varias veces al año. Una de ellas era siempre en un día cercano al de San José, para celebrar todos juntos el día del “pepe”, como llamaban a todos y cada uno de los objetivos que seguían durante su trabajo. La mayor parte de los miembros de la asociación eran guardias civiles, cuerpo que siempre ha tenido una destacada presencia en la unidad de élite, y militares, con escasa presencia de civiles.
Los objetivos de la asociación presidida por Martín Roy parecen poco propicios a la presencia de socios que hayan tenido problemas a lo largo de la historia con el servicio de inteligencia. ¿Admitirían al cabo Roberto Flórez, que está cumpliendo condena por revelar información a Rusia? ¿Aceptarían a Juan Alberto Perote, acusado de sacar documentos que probaban la implicación del servicio secreto en la guerra sucia contra el terrorismo? ¿Aceptaría a militares como Diego Camacho o Juan Rando, con una hoja de servicios inmaculada pero que fueron considerados por el antiguo director Javier Calderón no aptos para ser espías, escondiendo una venganza personal? Se desconoce, pero no tardaremos mucho en descubrirlo.
Igualmente, todavía es pronto para saber a ciencia cierta si la nueva asociación va a contar con la ayuda financiera oficial del CNI, igual que subvenciona a otras universidades y organizaciones que persiguen objetivos similares a los suyos. En ese caso, el dinero saldría de su presupuesto oficial y no del capítulo de los fondos reservados.
El presidente Juan Martín Roy asegura que “salir del secretismo y hacernos visibles no nos genera preocupación”, porque “ya hemos cesado en el servicio y los asuntos en los que hemos estado inmersos han sido o serán desclasificados. No vamos a revelar secretos”.



