Los militares españoles se forman en China

09 / 05 / 2008 0:00 Antonio Rodríguez
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Pekín ofrece cursos de estrategia y pensamiento militar a oficiales occidentales en su afán por demostrar al mundo que su desarrollo es pacífico.

El Ejército rojo que Mao Zedong fundó en 1946 durante su Larga Marcha ha empezado a dar sus primeros signos de apertura. El llamado Ejército Popular de Liberación invita ahora a Pekín a oficiales de países occidentales para que participen durante varias semanas en cursos sobre pensamiento militar, seguridad internacional, estrategia, empleo de armas modernas y arte del liderazgo, una temática muy apropiada para los tiempos que corren en la capital china. Todas estas materias se complementan con unas clases de iniciación al idioma mandarín. Estas lecciones militares siguen siendo casi desconocidas fuera de China. La Universidad de Defensa Nacional, dirigida con mano de hierro por el Partido Comunista, fue un coto cerrado para europeos y norteamericanos durante décadas. La información sobre ella sigue siendo hoy en día muy escasa y su centro docente más importante, el Colegio de Estudios de Defensa, no dispone aún de una página web informativa. En plena Guerra Fría sólo unos pocos estudiantes extranjeros –norcoreanos y cubanos, sobre todo– tenían acceso a alguna de sus enseñanzas y hubo que esperar a la década de los 70, una vez finalizado el proceso de descolonización, para que algunos oficiales de países del Tercer Mundo enemistados con Occidente viajasen a Pekín. Al final, los recelos que había con los militares de la OTAN se disiparon en 1999 con el inicio de cursos multinacionales. A España llegó la invitación en 2006 y el primer oficial español en conocer los entresijos castrenses del gigante asiático ha sido el teniente coronel Pedro Baños, uno de los expertos en relaciones internacionales del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (Ceseden) en Madrid. Los militares chinos ofrecen cuatro cursos diferentes en varios idiomas, pero el más importante es el Simposio Internacional que empieza cada año el 15 de octubre y que se imparte en inglés. De apenas 16 participantes de 8 países, incluyendo a China, que hubo en 1999, se ha pasado a 65 oficiales de 44 países en 2005, todos ellos con graduación de coronel o superior. Se le denomina el curso de los agregados militares porque buena parte de los asistentes acaba destinado en la embajada de su país en Pekín.

Mundo “armonioso”

¿Cómo se desarrollan las clases? Según expresar con libertad sus observaciones y comentarios, al tiempo que responden con sinceridad e, incluso, autocrítica a las preguntas más sensibles. En cualquier caso, los organizadores tratan de convencer a los asistentes de que el vertiginoso crecimiento de China es “pacífico” y que va en beneficio del resto de la comunidad internacional, ya que los dirigentes chinos apuestan por un mundo “armonioso”. Para ellos, es esencial atraer a su órbita a los futuros líderes militares de países con abundantes recursos naturales en África, Asia o Latinoamérica. El ser invitado a China se ha convertido para muchos oficiales de países como Nigeria, Nepal o Indonesia en el mejor reclamo para ascender en el escalafón, y resulta curioso que más de 30 oficiales de Venezuela se hayan graduado en Pekín en los últimos años. Al Ejército español también le vienen muy bien estos cursos para indagar en el teniente coronel Baños, de forma animada y sin cortapisas. Los oficiales chinos ofrecen una información “muy transparente”, animan a los participantes a pensamiento militar chino, un área apenas conocida en los centros de mando de Occidente por el tradicional hermetismo de China y porque este país no ha sido considerado hasta ahora como una amenaza prioritaria. La recomendación de Baños es muy clara en este sentido: “Entrar en contacto directo, íntimo y permanente con sus altos mandos, poder estar inmenso en los centros militares de mayor prestigio y poder compartir con sus mejores teóricos sus doctrinas presentes y futuras, es una posibilidad que se nos ofrece tan nítida que no se debería dejar escapar”. El gigante asiático da prioridad, por el momento, a su política defensiva. Trabaja en un sistema antimisiles, refuerza la seguridad en sus costas y tiene enterradas millones de minas antipersona a lo largo de su extensa frontera terrestre. Todavía no cuenta con ningún portaaviones y su única aventura ofensiva, de llevarse a cabo ahora, sería para ocupar Taiwán ante una declaración de independencia de la isla rebelde.

Guerra ilimitada

Por todo ello, el best seller militar chino en la actualidad es el libro Guerra ilimitada, de los coroneles Qiao Liang y Wang Xiang-sui. Se acaba de traducir al inglés debido al interés que ha despertado dentro de la OTAN y en él se desgranan los pasos a dar en una guerra simétrica, en la que un país con recursos limitados (véase a China, Irán, Venezuela o, por qué no, Cuba) tiene que hacer frente a una invasión a gran escala de una superpotencia (lo lógico es pensar en Estados Unidos). Los coroneles Qiao y Wang explican en ese escenario cómo debe ser una guerra de guerrillas en el siglo XXI contra un enemigo mucho más poderoso que ocupa un territorio. España queda aún lejos de China para pensar en batallas. Los contactos entre ambos ejércitos han sido mínimos en estos últimos años, pero en junio se producirá un hecho sin precedentes en las relaciones militares entre ambos países. Más de 40 oficiales del estado mayor español pasarán una semana en Pekín, por invitación de las autoridades chinas, en su última etapa del plan de estudios de este año y tras haber visitado previamente varias academias de Ucrania, Egipto y Turquía. Además, las relaciones entre la Armada china y española han dejado de ser anecdóticas para tomar algunos nudos de velocidad. En septiembre de 2007, el destructor Guangzhou y el buque de apoyo logístico Wei Shanshu llegaron a las dársenas militares de Cádiz para unos ejercicios navales conjuntos en la bahía con unidades españolas. La expectación fue grande en la ciudad andaluza ante esta visita del Lejano Oriente. Los dos barcos de guerra chinos, con 500 marinos a bordo, habían comenzado en julio un viaje de 12.000 millas alrededor del mundo con escalas previas en San Petersburgo (Rusia) y Portsmouth (Reino Unido). Los altos mandos militares prometieron volverse a ver... quizás en algún puerto chino.

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