Los malos humos de sus señorías
Los parlamentarios también tendrán que adaptarse a las restricciones de la ley antitabaco. Algunos dejarán el vicio, otros pasarán frío. Otros ya lo dejaron con anterioridad, como la ex ministra Villalobos: "Lo dejé al tomar contacto con las asociaciones de afectados por el tabaco".
Fumar es un placer, genial, sensual...”, decía la canción. Pero de placer va a tener poco a partir de ahora. Para algunos fumadores empedernidos fumar se ha convertido en una pesadilla. Los hábitos sociales cambian en este 2006 porque ya ha entrado en vigor la Ley Antitabaco. No se podrá fumar en ningún centro de trabajo, ni en los locales que no tengan zonas diferenciadas y que no hayan sido declarados especialmente para fumadores. Ver a grupos de gente fumando a las puertas de su empresa pasando frío en invierno o calor en verano será una imagen corriente en este año que acaba de comenzar.
También será habitual ver a los diputados fumando en la calle de Floridablanca, la que atraviesa el Congreso y separa el hemiciclo del edificio de la ampliación. Porque algunos parlamentarios también son adictos a la nicotina, pese a que la ley se ha votado por unanimidad. Algunos disfrutan de su vicio en la cafetería de diputados y en la de empleados, que tiene dos zonas diferenciadas: para fumadores y no fumadores. A pesar de estas zonas habilitadas hay quien no es muy estricto a la hora de respetar los espacios libres de humo, como cuenta una diputada socialista: “Los fumadores son a veces muy mal educados. Fuman en los baños o en los pasillos. Incluso cuando fuman en los despachos no se dan cuenta de que el humo llega a los despachos adyacentes”.
Por su parte, los fumadores son los primeros en reconocer que en ocasiones no pueden evitar esperar más tiempo para encenderse un pitillo, pero que cumplirán la ley: “Es por nuestra salud”, dicen.
En el Congreso trabajan más de mil personas entre diputados, funcionarios y periodistas. Un gran porcentaje de todos ellos son fumadores. En los grupos parlamentarios, los mayores fumadores se concentran entre el PSOE y el PP (por pura estadística), entre ellos sus dos líderes: José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy (ver recuadro). En el ranking de los fumadores les sigue Esquerra Republicana de Catalunya. En este grupo fuman dos de sus ocho diputados, Agustí Cerdá y Josep Andreu. Los grupos parlamentarios más sanos son CiU, PNV e IU. Ninguno fuma.
Entre los fumadores más habituales en la bancada socialista se encuentran Francisco Fernández Marugán, Álvaro Cuesta, Óscar López, Jordi Marsal, Eduardo Madina o Herick Campos. Este joven diputado afirma que no va a dejar el vicio pero que cumplirá la ley a rajatabla. “De momento, no me he planteado dejar de fumar, pero llegará un momento en el que sí. La ley parece dura, pero lo cierto es que hay muchos fumadores pasivos que sufren los efectos del tabaco sin disfrutar, entre comillas, de este vicio. Y hasta ahora ha primado este derecho sobre el de los no fumadores”, comenta Campos.
Tampoco dejará este hábito otro compañero de filas, Jordi Marsal, que fuma puros esporádicamente. “Casi nunca fumo en el Congreso y siempre que lo he hecho ha sido en el despacho. Por eso a mí no me va a ser tan difícil aguantar las ganas. Lo que haré será fumar más en casa”, comenta Marsal.
Multas, si son necesarias
Pero, ¿cumplirán la ley los legisladores? Siempre cabe la posibilidad de fumarse un pitillito a escondidas en el despacho. La ponente socialista de la ley antitabaco, Isabel Palazón, asegura que el Congreso dará ejemplo. “Nada de fumar en los despachos, ni en los pasillos al lado de una ventana. A la calle y si no, habrá multas para los diputados. Esta es una ley de salud pública, el objetivo es prevenir la salud de los españoles. El tabaco causa cerca de 55.000 muertes anuales en España. No es una broma”, explica Palazón, ex fumadora.
Este fin es compartido por casi todos los diputados. Sin embargo, para algunos hay matices, como para el diputado de la Chunta, José Antonio Labordeta, que ha dicho en voz alta lo que muchos fumadores no se atreven a decir: “Yo he dejado de fumar dos veces. Ya no fumo, soy antitabaco, pero esta ley me parece radical. Los fumadores parecen unos apestados. Es un poco vergonzoso ver a la gente salir a fumar a cinco metros de distancia de su lugar de trabajo. Están como los del Coliseo, que se los comían los leones”, comenta Labordeta.
Quien no se siente marginado pero también introduce algún que otro matiz a esta ley es el portavoz popular en la Comisión de Sanidad del Congreso y médico de profesión, Mario Mingo: “Cuando deje de fumar, es posible que lo haga algún día, seguiré pidiendo al Gobierno que financie el tratamiento de deshabituación tabáquica porque esta ley, intrínsecamente buena, pide a los fumadores que respeten espacios sin humo pero no se les ayuda a dejar de hacerlo”, afirma Mingo. Este parlamentario explica sus razones para no dejar el tabaco: “El tabaco es malo para la salud y es bueno dejar de fumar, pero no tengo ninguna razón subjetiva para hacerlo. Mi padre dejó de fumar con 85 años y vivió hasta los 90”, sentencia.
En la bancada popular algunos de los fumadores más notorios son Gabriel Cisneros, Alicia Castro, Pablo Matos, Ignacio Astarloa o Carmen Quintanilla. Esta diputada tiene la voluntad, como propósito de año nuevo, de dejar el tabaco. Para su desintoxicación se ha puesto en manos de un médico: “No lo dejo por la ley, porque indiscutiblemente puedo salir a la calle y seguir fumando cuando quiera, sino por mi salud, porque cuando tenga 70 años, si llego, quiero tener calidad de vida”, sentencia.
Para Quintanilla, entregada a este placer desde los 24 años y fumadora de una cajetilla de rubio al día, la ley es restrictiva: “En estos veinte meses el Gobierno socialista ha tenido tiempo suficiente para crear campañas de concienciación y sensibilización y no lo ha hecho. Va a ser difícil para la gente dejar de fumar de la noche a la mañana en su puesto de trabajo”.
Sin embargo, para la diputada socialista Palazón, “es fundamental que en los lugares de trabajo no fumemos, ya que tenemos que pasarnos un número importante de horas allí y eso disminuirá el consumo. En los países en los que se ha implantado esta normativa, esto no ha causado ningún problema. Además, la administración pública y las grandes empresas en sus departamentos de salud deberán tener una atención especial para esto, ya que es un tema de salud laboral”.
Otro diputado que también se ha propuesto dejar de fumar a partir de enero es Agustí Cerdá, de ERC, que consume una cajetilla y media diaria de negro. “Tengo un pólipo en la garganta y me van a operar en enero, por eso dejaré el tabaco. Me va a venir bien para mi salud y mi economía”. Lo que no tiene muy claro Cerdá es si podrá conseguirlo, aunque el propósito está hecho. Por eso considera que quizá una ayuda por parte de la sanidad pública para dejar el hábito no le hubiera venido mal. “Me parece que la Seguridad Social tendría que cubrir el desenganche y que se podrían haber flexibilizado los plazos para la hostelería. Hemos dado un golpe rápido y no sé cuáles van a ser las consecuencias. También me preocupa que los fumadores parezcan unos apes- tados, unos marginados, cuando no hace mucho tiempo fumar estaba de moda”, sostiene Cerdá, que ya dejó de fumar este verano y al reanudarse la actividad parlamentaria en septiembre volvió a engancharse. “Pero no por la negociación del Estatut, ¿eh?, con eso estamos tranquilos e ilusionados”, matiza este parlamentario.
Para los que estén en camino de abandonar este denostado vicio la ex ministra de Sanidad y diputada del Partido Popular Celia Villalobos, cuenta cómo fue su experiencia en la desintoxicación: “Empecé a fumar a los 15 o 16 años y me fumaba tres paquetes de media al día. Lo dejé dos veces antes de abandonarlo de verdad totalmente. El momento definitivo llegó cuando ascendí a ministra de Sanidad, ya que tuve mucho contacto con asociaciones de afectados por el tabaco”.
Estar concienciado es uno de los elementos fundamentales. Villalobos aconseja a los diputados y a los ciudadanos que quieran dejarlo que “hagan ejercicio, que caminen unos treinta minutos al día. Se engorda, yo engordé, que fue lo peor, aunque después lo perdí. Empecé a recuperar el gusto y a sentirme mejor. Y esa sensación es maravillosa”, sostiene la ex ministra.



