Los diputados invisibles
Algunas de sus señorías pasaron por el Congreso sin pena ni gloria, fruto de su escasa actividad parlamentaria
La décima legislatura de la democracia acaba de concluir y algunas de sus señorías han pasado por la Carrera de San Jerónimo de Madrid sin pena ni gloria, fieles a sus respectivos partidos cuando tocaba apretar el botón en las votaciones, pero con escasísima actividad parlamentaria el resto de los días. El prototipo del diputado invisible siempre ha estado ligado al partido que gobierne en La Moncloa. En estos últimos cuatro años, los más callados y renuentes a la hora de presentar iniciativas o tomar la palabra han provenido del PP, ya que no han tenido que fiscalizar la labor del Ejecutivo y siempre ha habido voluntarios para hablar en un Pleno o en una comisión gracias a la comodidad de la mayoría absoluta. Sin embargo, hay tres casos en las filas populares (los de María Piedra Escrita Jiménez, Enrique Luis Marín y María Cristina Suárez-Bárcena) que sorprenden por el poquísimo trabajo que han desarrollado. Ellos han sido los diputados más invisibles en estos últimos cuatro años.
María Piedra Escrita Jiménez empezó la legislatura compaginando su acta de diputada con el cargo de alcaldesa de su localidad natal de Campanario (Badajoz). Su único rastro en esta legislatura ha sido el envío de nueve preguntas al Gobierno –de una tacada– en junio de 2012, interesándose por el número de empresas pacenses que se acogieron al plan de pagos para proveedores, y una intervención en un Pleno de diciembre de 2013 para defender el proyecto de ley de control de la deuda comercial en el sector público. Su alocución duró siete minutos.
Los datos de María Cristina Suárez-Bárcena son casi idénticos. Al igual que Jiménez, es diputada por Badajoz y presentó las mismas nueve preguntas en junio de 2012... sin cambiar una coma. Luego intervino cuatro veces en la Comisión de Fomento a lo largo de la legislatura. En total fueron 15 minutos, con el único eximente de que ella ha estado tres años y medio en el Congreso ya que entró en mayo de 2012 en sustitución de otro diputado, una práctica que se ha generalizado ya que 93 de las 350 señorías (el 26%) no concluyeron la legislatura.
“Palencia” en vez de “Badajoz”. El diputado palentino Enrique Luis Martín envió, por su parte, las mismas nueve preguntas que Jiménez y Suárez-Bárcena, con la salvedad de que puso “Palencia” en vez de “Badajoz”. Y una décima –en marzo de 2014– sobre el número de nacionalizaciones por razón de residencia que ha habido en su provincia, que todavía no ha sido respondida por el Ejecutivo. En el apartado de intervenciones, este diputado solo tiene cuatro en su haber: una de 10 minutos en un Pleno y tres en comisiones que sumaron 17 minutos.
Para Jiménez, Suárez-Bárcena y Martín era su primera legislatura en el Congreso y con tan escaso balance difícilmente repetirán en las elecciones del 20-D, aunque las listas cerradas que permite el sistema electoral español siempre dan pie a sorpresas. En Estados Unidos o el Reino Unido, donde cada candidato a senador, representante o diputado debe bregarse en la calle para lograr el apoyo ciudadano, les sería imposible.
Estos tres diputados del PP ejemplifican la escasa visibilidad de algunas de sus señorías, aunque en esta particular lista negra hay caras conocidas como los antiguos aznaristas Carlos Aragonés, Miguel Ángel Cortés y José Eugenio Azpiroz, o casos llamativos como los de Leopoldo Barrera, con una sola iniciativa en cuatro años –una pregunta sobre el índice de criminalidad en el País Vasco que presentó el 10 de octubre a escasos días de la disolución de las Cortes– o Teófila Martínez, quien compaginó su acta de diputada con la alcaldía de Cádiz hasta el pasado mes de mayo y a la que solo se escuchó una vez en el Hemiciclo. Fue en junio de 2013, durante ocho minutos, para hablar de la ampliación del plan de pago a proveedores.
Otro balance sorprendente es el de Cayetana Álvarez de Toledo, que llegó a la política de la mano de Ángel Acebes y que en esta legislatura se había convertido en una de las caras más conocidas de FAES o como portavoz de la plataforma Libres e Iguales. Sin embargo, ha pasado de puntillas por el Congreso. Su polémica carta pública del pasado mes de octubre, en la que anunció que no se presentaría a las listas del 20-D debido a la política de Mariano Rajoy estos últimos años, le llevó a sufrir los pitidos de sus propios compañeros de bancada cuando fue a sentarse en su escaño.
La contrapartida a tanto diputado invisible la ponen las formaciones pequeñas, que apenas dan abasto en días con mucha carga parlamentaria. Al igual que en las últimas legislaturas, el más activo ha sido Emilio Olabarría (PNV), con 548 intervenciones y a quien se le ha visto en ocasiones participando en dos o tres comisiones en una misma mañana. Tras el fallecimiento de Txiki Benegas y la dimisión de Jesús Caldera unas semanas antes de que concluyera la legislatura, Olabarría quedó como el diputado con más antigüedad del Hemiciclo junto a los populares Mariano Rajoy y Celia Villalobos. Los tres llegaron en la tercera legislatura, la que empezó en 1986, aunque el diputado peneuvista ya ha anunciado que no irá en las listas de su partido para el 20-D.
La lista de ausencias en días de votación en el Pleno la encabezan miembros del Ejecutivo y parlamentarios de Amaiur. Los primeros, empezando por el propio Rajoy, ya que las obligaciones del cargo son difíciles de conciliar con el día a día parlamentario, lo que justifica el debate de si es conveniente impedir que un ministro sea diputado al mismo tiempo. Y los de Amaiur, por su poca querencia a las instituciones españolas.
Cómo cobra un diputado. Por otro lado, no todos los diputados de la Cámara cobran lo mismo. Comparten, eso sí, una asignación básica, la llamada “constitucional”, de 2.814 euros al mes en 14 pagas. Además, todos cobran una indemnización para los gastos que su actividad requiera: alojamiento, comidas... que no tributa a Hacienda, es decir, la cobran neta. Si han sido elegidos en la circunscripción de Madrid la suma es de 870 euros al mes. Si han sido elegidos fuera, de 1.823 euros. Lo curioso es que la indemnización la cobran en doce pagas, pese a que la actividad parlamentaria se detiene varios meses al año.
El mínimo de asignación (3.684 euros al mes los de Madrid, 4.637 euros al mes los de fuera) lo cobran muy pocos diputados: la mayoría complementa su sueldo con otras funciones dentro de la Cámara. Así, en cada comisión, un secretario de la mesa cobra cerca de 700 euros más, lo mismo que los portavoces adjuntos de los grupos. Además, cada portavoz en una comisión o vicepresidente de la mesa ganan 1.046 euros más, y el presidente de la mesa, 1.431 euros. Todo ello en 14 pagas.
Los que más cobran son los miembros de la Mesa del Congreso. Los cuatro secretarios suman a su asignación 14 pagas de 2.440 euros mensuales. Los vicepresidentes, de 2.927 euros, y el presidente, en este caso Jesús Posada, es el que más cobra ya que a su salario constitucional y a la indemnización por venir de Soria suma una presidencia de comisión (1.431 euros) y la propia presidencia de la Cámara. Así, el complemento del cargo, los gastos de representación y los de libre disposición suman 9.121 euros que hay que añadir al resto de percepciones. En total, Posada se embolsa 15.190 euros al mes.
CON SUELDO HASTA LAS ELECCIONES
En este momento solo quedan 103 diputados en activo de los 350. Tras la disolución de las Cortes y hasta las elecciones la Cámara Baja se queda reducida a la Diputación Permanente, compuesta por 51 miembros titulares, 51 suplentes y el presidente de la Cámara, que es quien preside el órgano. La Diputación Permanente refleja las mayorías del Congreso, por lo que la mayoría son del PP, 27, por 16 del PSOE, 2 de IU, 1 de Convergència, 1 de Unió, 1 del PNV y 2 más del Grupo Mixto que se reparten entre Amaiur, ERC, CC y BNG. Todos ellos con su correspondiente suplente. Seguirán, por lo tanto, trabajando oficialmente para el Parlamento y percibiendo sus sueldos hasta que se constituyan las próximas Cortes.
Los 247 diputados restantes han dejado ya de pertenecer al Congreso, pero no de cobrar. La Cámara Baja contempla una especie de indemnización de despido para los diputados que pierden su puesto, calculada exactamente para el tiempo que transcurre entre la disolución de las Cortes y la celebración de elecciones, 54 días, por lo que los diputados reelegidos no dejarán de cobrar ni un solo día aunque estén dos meses sin realizar ningún tipo de función. La normativa evita, sin embargo, la compatibilidad con ningún otro sueldo, por lo que los diputados tienen que elegir entre seguir cobrando de la Cámara o dedicarse a otras actividades. Si eligen la segunda opción, perderían la indemnización de esos casi dos meses.
EL SPAM PARLAMENTARIO O CÓMO MEDIR LAS INICIATIVAS
La medición del trabajo parlamentario supone un problema de método. Por un lado, el número de iniciativas es la única manera que la sociedad tiene de medir de forma más o menos normalizada el trabajo que realizan sus representantes en las Cortes. Por otro, la cifra desnuda no da idea del esfuerzo que supone redactarla. No es lo mismo presentar una pregunta para respuesta escrita, en la que se invierten solo unos segundos, que reunirse con agentes sociales, colectivos afectados y estudiar propuestas para desarrollar una proposición de ley que luego puede acabar presentándose o durmiendo en un cajón. La primera sumaría una iniciativa al apartado del diputado. La segunda, después de meses de trabajo, no. El método favorece además el spam parlamentario. Hay muchas iniciativas que se firman entre varios diputados y que se suman a los resultados de todos ellos. El caso más extremo son dos baterías de preguntas sobre Madrid y Valencia firmadas por 14 diputados del PP y que por tanto se contabilizaron a todos ellos.
Otro de los trucos para no aparecer entre los diputados invisibles es presentar baterías de preguntas en las que, con la misma redacción, se cambia una parte de ella. Por ejemplo, preguntar la misma cuestión de multitud de tramos de carreteras o de varios municipios o comarcas. La diputada socialista Ángeles Álvarez utilizó esta técnica para denunciar lo injusto de medir el trabajo de los diputados por iniciativas, sin más matices. Álvarez presentó más de 8.000 preguntas idénticas, una por cada municipio español. Todo el trabajo le llevó apenas dos horas de su tiempo y la convirtió, de largo, en la diputada más activa de la legislatura. Su acción no cambia, sin embargo, una realidad: en el otro extremo, en el de los diputados más vagos, no se pueden ocultar las cifras. Puede ser que muchos de los que aparecen como activos no lo hayan sido, pero resulta complicado pensar que alguien que solo ha presentado una iniciativa o intervenido una vez en cuatro años se ha ganado el sueldo que todos le pagamos.



