Los dineros de la Iglesia
La Conferencia Episcopal estrena los donativos por Internet ahora que el Estado deja de garantizarle ingresos mínimos, y acomete nuevas aventuras empresariales.
30/03/07
La Iglesia católica española moderniza su economía para buscar nuevos ingresos. La Conferencia Episcopal acaba de estrenar un sistema para recibir donativos a través de Internet. Ya ha conseguido las primeras aportaciones, con lo que no es de extrañar que mejore su anterior resultado. Este organismo, como tal, había obtenido en algún año una sola donación de 6.000 euros, según hizo constar en sus cuentas.
El presupuesto de todas sus diócesis alcanza los 1.000 millones de euros aproximadamente, según alguna estimación avalada por la Conferencia Episcopal, pero cada una de ellas es un mundo, tanto en el montante de su presupuesto como en la modernización de su financiación. El cepillo a través de Internet, por ejemplo, ya había sido estrenado por la diócesis de Sevilla antes de que lo hiciera la Conferencia Episcopal.
Este último lo gestiona a través de Cajasur, una de las cajas con presencia de la Iglesia, mientras que el de Sevilla funciona con un sistema del Banco de Andalucía, una de las filiales del Banco Popular, cercano al Opus Dei. Un sistema, por cierto, que ya usaba también el Vaticano con el llamado Óbolo de San Pedro y que permite realizar donativos al Papa tirando de visa.
Apretar las tuercas
El cambio en el sistema de financiación que ha pactado con el Gobierno le empuja a apretar las tuercas a sus fieles. Y se juegan en ello los fondos que se dedican a pagar sus sueldos. La financiación de su labor social, colegios y hospitales no se ve afectada por ese cambio, aunque esos fondos, que se acercan a los 4.000 millones de euros, son los más importantes, con diferencia.
La Iglesia apura en su campaña por conseguir más recursos a través de la asignación tributaria del IRPF ahora que no cuenta con la garantía de unos ingresos mínimos que le ofrecía el Estado. Los obispos han comenzado este año temprano y ya tienen en marcha una campaña para conseguir que aquellos que no están obligados a hacer la declaración y solicitan ya la devolución, hagan uso del formulario que les permite destinar la asignación tributaria a la Iglesia católica.
A pesar de lo que se juega, los responsables económicos del Episcopado relativizan la importancia de estas cifras. Y no es para menos, ya que no son comparables a los recursos que mueven diócesis, ONG, congregaciones y movimientos religiosos.
Fondos
Los movimientos como el Opus viven una cierta apertura en la información sobre sus cuentas. El Opus no aporta como tal fondos al sostenimiento de la Iglesia católica en España ni en Roma, aunque alienta a sus miembros a hacerlo a título individual, según explican. Por el contrario, otras organizaciones, como la Legión de Cristo, sí aportan fondos a Roma como congregación religiosa que es.
Las llamadas “iniciativas apostólicas” del Opus, como la Universidad de Navarra, son responsabilidad de la asociación o sociedad que la promueve. El Opus sólo se encarga de la orientación doctrinal de estas iniciativas. Su fuelle económico se hace más importante conforme acomete nuevos proyectos. Dentro de la Universidad de Navarra, por ejemplo, uno de sus proyectos destacados es el Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA), que se financia a través de un contrato de investigación y transferencia de tecnología con 15 instituciones y empresas nacionales. En este centro trabajan cerca de 400 profesionales de 22 países, centrados en terapia génica y hepatología, ciencias cardiovasculares, neurociencias y oncología, que son las causantes del 90% de las muertes en el mundo occidental. Además, ha constituido Digna Biotech, para el desarrollo de patentes y tiene ya treinta en distintas fases de desarrollo.
En el caso de los Legionarios de Cristo el esfuerzo económico se centra en el terreno educativo, pero las obras sociales, editoriales, obras de apostolado y formación de seminaristas movilizan sólo un poco menos de los trescientos millones de euros que significan sus iniciativas educativas, según sus propios cálculos.
La fundación Iuve, una entidad de la órbita de los Legionarios de Cristo, aunque autónoma, se gastó 2,3 millones de euros en proyectos relacionados con el Tercer Mundo.
La Asociación Católica de Propagandistas o el Camino Neocatecumenal no ofrecen datos económicos, aunque la Universidad San Pablo CEU sí ofrece información de sus presupuestos.
Es lo habitual. El mundo cofrade es también especialmente reacio a ofrecer datos relacionados con sus dineros. Pero el Opus Dei se ha propuesto hacer ejercer la transparencia como contraataque de la mala imagen proyectada en el best seller de Dan Brown El Código da Vinci. Por primera vez podemos conocer, por ejemplo, el detalle de las cuentas de la Prelatura personal del Opus Dei.
La mejora en la transparencia ha protagonizado también la negociación entre Gobierno e Iglesia sobre los cambios en el sistema de financiación. El acuerdo final incluye el compromiso de mejorar la calidad de la información que contiene la Memoria en la que anualmente los obispos justifican el destino del dinero obtenido por el IRPF. Por cierto, que a menudo ha saltado la polémica respecto a si los fondos públicos financian la Cope. Este extremo ha sido negado tajantemente por la Conferencia Episcopal y, de hecho, nunca aparece ninguna referencia a una aplicación tal de estos fondos en la Memoria Justificativa que la Iglesia tiene que entregar al Gobierno sobre la asignación tributaria.
Puestos directivos
La huella de los intereses de la Iglesia se puede seguir también en el mundo financiero. Varios obispos aparecen en puestos directivos de Cajas de Ahorros como las de Salamanca y Soria, Cajasur, Cai y Círculo Católico, fundadas por la Iglesia. Así, por ejemplo, el arzobispo de Burgos, Francisco Gil Hellín, es el presidente de la del Círculo.
La guerra por el control de los órganos de gobierno de las cajas y, por lo tanto, del destino de inversiones y créditos, llevó a un duro enfrentamiento con algunas comunidades autónomas, que intentó salvar el anterior Gobierno del PP con una ley que exceptuaba a estas cajas de las nuevas normas sobre su representación, que diluía la influencia eclesiástica en ellas.
Los obispos sufren los avatares de los negocios. La diócesis de Bilbao es la dueña de Jakinbide, la librería diocesana, con unos ingresos de 1,5 millones de euros y unos resultados prácticamente equilibrados. En sus cuentas, el administrador del Obispado da cuenta de los problemas de los negocios y se queja de que “la gran dificultad ha sido competir con los grandes descuentos que ofrece la competencia, fundamentalmente las grandes superficies”. Otros, como el arzobispo de Madrid, Rouco Varela, presiden la Mutua del Clero, sobre la que se enfocó la atención tras el escándalo Gescartera. La mutua Umas asegura a personas y bienes eclesiásticos, pero también invierte en Bolsa a través de Umasges para rentabilizar los fondos necesarios para su funcionamiento con un capital de 2,4 millones de euros que puede ampliar hasta 12 millones. Entre Umasges, Vayomer y BI Gran Premiere, la Iglesia se juega en Bolsa unos 18 millones de euros.
Pero ya sea por meterse en la Bolsa, las editoriales, o la televisión, las inversiones tienen su riesgo, y llevan a contabilizar a veces pérdidas. En el pasado, los negocios han llevado a los obispos a formar parte incluso de una inmobiliaria (SA Ibérica Inmobiliaria) y algún experimento extraño como la sociedad que agrupaba acciones con algunos profesionales de la Cope en su día, desde Herrero a Del Olmo o García.
El valor del patrimonio inmobiliario acumulado por la Iglesia es incalculable, aunque en la mayoría de los casos no lo podrían poner en el mercado. Pero como curiosidad baste saber que sólo las catedrales de Santiago, Toledo, el Pilar, la Catedral de Granada y la de Sevilla suman un valor catastral de unos 60 millones de euros. El resto de solares, inmuebles y tierras propiedad de la Iglesia aún sirven para dar oxígeno a los apuros económicos de alguna diócesis mediante su venta. Aún quedan tierras explotadas por obispados.



