Los deportistas catalanes no entran en política
La mayoría de los atletas catalanes prefieren ponerse de perfil a la hora de pronunciarse públicamente en el debate sobre el referéndum del 9-N y la independencia.
A Helena Boada los ojos se le fueron para el tenis antes que al balón naranja. Superado el arrebato y ya como jugadora de baloncesto, coqueteó con el mundo de la moda mientras se presentaba a castings de televisión. Pero, los estudios, lo primero, lo dejó todo un año para licenciarse en Ingeniería Industrial. En Liubliana, donde se encontraba de Erasmus. Nunca fue convocada por la selección española. Se enamoró de Lakovic, aquel triplista pelopincho del Regal Barça, y se nacionalizó eslovena. Se descubrió el pastel. Y con Eslovenia compite: “Como no me dejan jugar con Cataluña, prefiero hacerlo con ellos”. Casos como el de Boada –“me pasé toda la tarde viendo la Diada con mi padre en la tableta, muy emocionados los dos”– son poco frecuentes en nuestro país, donde el imperativo de no mezclar deporte y política deben cumplirlo solamente los deportistas, pero nunca, jamás, los espectadores-aficionados-juzgadores. Ni los políticos, convencidos de la genialidad propia de convertir las medallas de sus atletas en propaganda de la nación. Vista la repercusión profesional que ha tenido sobre el gremio de actores su “No a la guerra” y su petición del voto para Zapatero, o la plataforma de deportistas del PP, a nadie extraña que la mayoría de atletas catalanes se pongan de perfil en referencia al viciado debate sobre la consulta del 9-N y ulterior independencia.
“Estoy hasta los huevos de la preguntita”, explotó un día Xavi Hernández, tan elegante en la cancha, tan “orgulloso de jugar con la Roja”. En idéntica línea se mostró su compañero Víctor Valdés –“la política me da asco”–, de quien circulan fotografías mostrando una estelada y desatado, como quien se abraza con cualquiera –¿un santo, un defraudador?– en el éxtasis de la victoria. Y el respetable, claro, excitado por el olor de la neutralidad y los tópicos para el silencio, se lanza entonces a un rastreo del detalle, a una monitorización exhaustiva del gesto y grado de inclinación de la cabeza cuando suena el himno, a la caza de una estrella separatista en la bandera que envuelve a los triunfadores, siempre, claro está, en función de dónde venga cada uno y para quién juegue a nivel de club.
Embajadores del separatismo.
Como decíamos antes, ejemplos como el de Boada no son habituales, aunque proliferan más entre atletas de segundo nivel –o que practican deportes minoritarios, como los pilotos de rallies Marc Coma y Oriol Servià, el motociclista Tito Rabat, la nadadora Érika Villaécija y el jugador de baloncesto Roger Grimau– y muy especialmente entre los ya retirados –los exbaloncestistas Jordi Villacampa, un clásico de la Vía catalana, y Rafa Jofresa, el exjugador de balonmano Enric Masip o el exfutbolista Joan Capdevila–, a salvo del revolcón económico y deportivo. A pocos de ustedes les sonarán los nombres de Kilian Jornet –triple campeón del mundo en carreras de montaña–, Anna Ramírez –campeona de España de ciclismo femenino, quien, asegura, “cambiaría este maillot por el de campeona de Cataluña”–, Claudia Dasca –nadadora olímpica en Londres 2012–, Albert Roca –campeón del mundo de carreras de aventura– o el de la gimnasta Mélodie Pulgarín, pero todos ellos han prestado su apoyo a las selecciones catalanas y a la consulta del 9-N, cuando no directamente a la independencia. Probablemente alguna vez hayan oído hablar de Gerard –exfutbolista de Valencia y Barcelona, seis veces internacional con España–, Jofre –exjugador del Barça y del Espanyol– y Marc Crossas –canterano también de la Masía, quien desde México ha fotografiado a su hijo con la estelada–. Enhorabuena: es usted un gran aficionado al fútbol. Luego están los entrenadores: Salva Maldonado –Juventut de Badalona, baloncesto–, Nani Guiu –C.D. Sabadell, waterpolo femenino– o la célebre Anna Tarrés, de natación sincronizada.
Subamos un escalón en el grado de conocimiento del personaje y morbo añadido. Pep Guardiola acaso sea el principal embajador del separatismo catalán en el mundo del deporte. Ya sea en la liga española, en las competiciones europeas, en su retiro neoyorquino o actualmente desde Baviera, el de Sampedor no pierde ocasión de presentar el proyecto de Estado catalán a otros pueblos ajenos a la causa, ni de llamar a la movilización de su propio pueblo. El pasado junio, el entrenador del Bayern de Múnich leyó un manifiesto a favor de la consulta del 9-N en un acto organizado en Berlín, y que se celebró de manera simultánea en otras seis capitales europeas. Con respecto a la reciente Diada, manifestó que le resulta “difícil de entender que a los catalanes no se nos deje votar. Ayer había dos millones en las calles. En estos momentos, hay una vasta mayoría de los catalanes que quiere decidir su propio futuro. ¿Dónde? En la máxima expresión de la democracia: votando en un referéndum. Queremos votar: eso es todo”. Pese a todo, el que fuera técnico del Barça no descarta entrenar en un futuro a la selección española.
En la Vía catalana del pasado 11 de septiembre también se dejó ver Josep María Bartomeu, presidente del Barcelona, como anteriormente hicieran sus predecesores Sandro Rossell y Joan Laporta. El Camp Nou, con gritos de “¡independencia!” en el minuto 17 y pancartas a favor de la emancipación parece haberse convertido en un centro de reivindicación semanal del separatismo. Sin embargo, los deportistas del Barça no siempre se contagian de las reivindicaciones de su afición. A partir de aquí nos adentramos en el movedizo mundo de la especulación, puesto que ni las declaraciones ni los gestos pueden darse por definitivos.
Es el caso comentado de Xavi Hernández, o de su inseparable Carles Puyol, siempre enfocados bajo el prisma del recelo cuando juegan con España. Una de las grandes polémicas que protagonizó la entrañable pareja explotó cuando, presuntamente, ambos se doblaron las medias de la Roja de tal forma que la bandera rojigualda quedara oculta. ¿Demasiada casualidad? Puede ser. De igual forma, se ha visto a los dos futbolistas echarse al hombro la senyera en las celebraciones de la selección, e incluso unir las banderas catalana y vasca en la cara del rey Juan Carlos, tras la disputa de la final de la Copa del Rey entre el conjunto culé y el Athletic de Bilbao. Xavi participó el 11 de septiembre en la V gigante y declaró tras su debut en la Champions League –ante la prensa de toda Europa– que “evidentemente, estoy a favor de la consulta. Necesitamos votar, necesitamos saber la opinión de la gente”. Por su parte, Puyol felicitó la Diada a todos los catalanes desde EEUU. No menos controversia, aunque en sentido inverso, originó Xavi al cantar “que viva España” en las celebraciones por el Mundial de Sudáfrica, o Puyol al bautizar como Manuela a su hija. Tanto uno como otro, como Piqué –quien llevó a su hijo a la Diada y se mostró a favor del referéndum, echando leña al fuego de la polémica que en su día trascendió al haber dicho, supuestamente, “vamos a ganaros la copa de vuestro rey” a los jugadores del Real Madrid, en relación a la final de la Copa del Rey de fútbol– o como Cesc Fábregas –a quien también se ha visto celebrar títulos con la estelada– se han mostrado siempre orgullosos y agradecidos de poder disputar competiciones internacionales con la selección española. En cambio, ya desde sus tiempos de jugador, Guardiola declaró que “mi país es Cataluña, pero juego con España, porque no me dejan con Cataluña”. La misma explicación que en plenos Juegos de Londres ofreció Álex Fábregas, jugador de hockey sobre hierba. Y no conviene olvidar el caso de Oleguer Presas, quien viajó a Madrid para decirle a Luis Aragonés –¡a Luis Aragonés!– que no pensaba jugar con España. Sus posteriores críticas al Estado de Derecho a raíz de la huelga de hambre del etarra De Juana Chaos tampoco le granjearon muchas simpatías. Otro futbolista en activo que ha respaldado la consulta del 9-N es Raúl Rodríguez, del Espanyol, como en su día hiciera todo un símbolo del equipo blanquiazul: Raúl Tamudo. Nada que ver con el ciclista Purito Rodríguez, a quien los más patriotas de España han puesto en su punto de mira tras decir que “las banderas que más se ven en la carretera son las de las comunidades nacionalistas”.
En otras disciplinas menos seguidas que el balompié, la capitana del equipo español de natación sincronizada, Ona Carbonell –30 medallas europeas, mundiales y olímpicas–, reveló que “si tuviera que elegir entre España y Cataluña, competiría con Cataluña”. Y, tras pasar cinco días a gastos pagados con la delegación de Madrid 2020 en Buenos Aires, afirmó que “quizás no es el momento de invertir en unos Juegos Olímpicos”. En consonancia con esta, la tenista Laura Pous, participante habitual de eventos independentistas, parece enfundarse el traje español de la Copa Federación sin aparente conflicto. Y eso que, en el tenis, las reivindicaciones separatistas se dan menos de lo habitual. No poco se ha dicho que Álex Corretja perdió la capitanía del equipo español de Copa Davis tras ser apoyado públicamente por Ivan Tibau, secretario de Deporte del Gobierno autonómico e independentista confeso. “Nadie me dice por qué no sigo”, se quejó amargamente. En el género del esperpento quedan las críticas de ERC a Tommy Robredo y Rafa Nadal por negarse a hablar en catalán durante los Juegos de Pekín.
Españolistas y catalanistas han coincidido en situar como estandarte del pensamiento integrador a Pau Gasol, abanderado de España en los Juegos Olímpicos de Londres y representante del mundo del deporte en la coronación de Felipe VI. A Gasol se le conocen declaraciones como “fue un gran honor llevar la bandera” y “mi patria es España, mi barrio, mi colegio, mi infancia”, pero el pasado miércoles rompió los moldes ideológicos al declararse partidario del derecho a decidir. Lo hizo con la boca pequeña, eso sí –“todo el mundo tiene derecho a decidir y expresarse”–, y empujado por el arrojo de su hermano Marc, quien afirmó sin inmutarse que era firme partidario del referéndum. La postura de Pau en el conflicto Cataluña-España –protagonizó aquel anuncio contra la crisis que pregonaba que “ser español ya no es una excusa”– y su relevancia como deportista han provocado no pocas veces que se le hayan etiquetado a Marc las mismas ideas, aunque el menor de los hermanos dejó clara su postura el pasado diciembre, cuando aseguró que “la gente debe tener el derecho a decidir y saber lo que hay”. En todo caso, los baloncestistas han matizado que mostrarse partidario de la consulta no significa estar a favor de la independencia. En la línea de Pau Gasol se han situado el piloto de Fórmula 1 Marc Gené –“siempre he sido partidario de una Cataluña potente, pero integrada en España”– o el motociclista Dani Pedrosa –“el orgullo español lo vivimos con menos intensidad que en otros países, aunque cuando ves vibrar a la afición es imposible no sentirlo”–. Más una pléyade de deportistas cuya discreción tiende a ser interpretada por el nacionalismo más exacerbado como una traición a Cataluña y preferencia por España. Es el caso del futbolista Sergio Busquets, a quien aún se le recuerda aquello de “somos todos del mismo país” cuando intentaba zanjar el enfrentamiento en la selección española con los jugadores del Real Madrid, o que no accediese a cambiar su nombre deportivo de Sergio en su camiseta por el de Sergi, y de su compañero Jordi Alba; o del jugador de baloncesto y capitán de la selección española Juan Carlos Navarro, fuertemente criticado tras la emisión de un documental donde se le veía hablar a sus hijas en castellano. En cuanto a la nadadora Gemma Mengual, la campeona del mundo de kitesurf Gisela Pulido, el piloto de Fórmula 1 Jaime Alguersuari o el taekwondista Joel González, no desaprovechan ninguna oportunidad para mostrarse orgullosos de competir con España, ni dudan en posar y festejar sus triunfos con la bandera rojigualda.
La bandera de la peña.
La bandera, precisamente, le jugó una mala pasada a Marc Márquez –campeón del mundo de motociclismo–, quien solía festejar sus triunfos con la enseña española, por lo que era notablemente censurado en Cataluña. Harto de esta situación, el piloto decidió rechazar la bandera española y pasear solamente la de su peña de aficionados, por lo cual fue lacerado en el resto de España. Algo parecido le ocurrió a Ricky Rubio, a quien los Minnesota Timberwolves de la NBA dieron la bienvenida poniendo la senyera en su página web, que a los pocos minutos fue sustituida por la rojigualda. La franquicia norteamericana emitió un comunicado disculpándose por el error, aunque algunos no dudaron en achacarle el desliz al deportista, mientras que otros le recriminaban la sustitución. En todo caso, en diversas ocasiones se ha podido ver a Rubio posando con la bandera de España. Por último, en el caso de la nadadora Mireia Belmonte, de padres andaluces, siempre se había distinguido por manifestarse española con toda naturalidad… hasta que sorprendió a propios y extraños otorgando su apoyo a la plataforma de selecciones catalanas. Sobre la consulta del 9-N, no contesta... o no sabe. Al fin y al cabo, no son más que deportistas.




