Liliane Sartiau, lista para declarar
La octogenaria está dispuesta a narrar en el Supremo su supuesto romance con don Juan Carlos en 1965. Hasta entonces, vive casi aislada en la Bélgica profunda.
El caso de la supuesta hija belga del rey Juan Carlos tiene aún muchas preguntas sin respuesta, sobre todo porque el Tribunal Supremo no ha entregado a las partes el auto en el que justifica la admisión a trámite de la demanda de paternidad que Ingrid Sartiau presentó contra el anterior monarca. Una vez que el auto sea público, don Juan Carlos tendrá 20 días hábiles para decidir si se somete o no a una prueba de ADN, tal y como quiere la demandante.
Ingrid ya ha dado su versión de los hechos en varias entrevistas desde que supo la ajustada decisión de la Sala de lo Civil del Supremo (6 magistrados votaron a favor y 5 en contra), pero buena parte de las incógnitas sobre el caso las podría aclarar su madre, Liliane, una anciana a punto de cumplir los 81 años y que se encuentra en óptimas condiciones físicas para poder desplazarse a Madrid para declarar en un hipotético juicio. Entre los planes del abogado de la familia Sartiau, el gerundense Jaume Pararols, está el que Liliane se traslade en los próximos meses a su localidad natal (Banyoles) para preparar el caso. Su intención, según ha explicado a Tiempo, es que la octogenaria belga se aloje en el domicilio de su propia madre mientras dure la instrucción.
Liliane se ha mostrado siempre profundamente monárquica, tal y como relató su hija a esta revista la semana pasada (ver número 1.683), pero ello no le impediría narrar al Supremo lo que supuestamente aconteció en la Costa del Sol a finales de 1965 entre ella y el entonces príncipe. Hasta que esto ocurra, su vida transcurre en soledad, no solo porque vive sin compañía en una gran casa, sino por las dificultades que supone hablar solo francés en zona flamenca.
La señora que habla francés.
Destelbergen es un municipio de 17.600 habitantes cercano a Gante, en el este de Flandes. Enclavado en una zona donde el salomónico devenir político y social de Bélgica hace casi imposible encontrar a alguien que acepte hablar francés. Allí vive Liliane, incapaz de pronunciar más que unas palabras en neerlandés, la lengua oficial de esta parte del país. Tanto desentona su lengua materna que 10 años después de su llegada a la localidad, sus vecinos la conocen porque “es la mujer que solo habla francés”. Esto dificulta su relación con sus vecinos, en palabras de uno de ellos, y hasta la con la cartera, que tiene que comunicarse casi por signos cada vez que le lleva una carta.
Esta es una de las pocas visitas que recibe una mujer a la que sus vecinos siempre han visto sola. Como mucho, paseando al perro que ladra tras la puerta de una gran casa de varias alturas, jardín, garaje y gran trastero exterior. En un recinto con más casas, la suya destaca por su tamaño y porque es más bonita que casi todas las demás. Estos días parece vacía. Se ha publicado que su hija Ingrid se la ha llevado a vivir con ella a Amberes, pero el propietario de una casa cercana afirma haberla visto recientemente. A quien no ha visto nunca es a su hija, Ingrid.
En la farmacia o en la peluquería cercanas también se le conoce por su presunta “historia” con el rey Juan Carlos. También algunos de sus vecinos lo saben, a pesar de que, como dice una, no es una comunidad donde se prodiguen los lazos comunales.
Se enteraron de la historia por la que la conoce “todo el mundo” no ahora, cuando la demanda de su hija Ingrid ha sido admitida por el Supremo, sino en 2012, cuando la hija fue a la televisión a contarlo.

