Las andaluzas abren una calma tensa en el PSOE
Susana Díaz acalla el ruido interno hasta pasadas las municipales. En privado reconoce que en julio se equivocó al no pelear por Ferraz, pero no volverá a cometer ese error.
Paradógicamente, el adelanto de las andaluzas va a abrir, por fin, un breve periodo de paz en el PSOE. A nadie le interesa pelearse con las elecciones a la vuelta de la esquina. Pero después... después volverá a haber guerra”. El dirigente socialista que habla no duda de que la pelea que enfrenta a Pedro Sánchez y Susana Díaz no ha vivido aún su último asalto. Tanto el secretario general como la presidenta andaluza tratan de dar imagen de precaria unidad ante las próximas citas electorales (andaluzas en marzo y municipales y autonómicas en mayo), pero entre bambalinas siguen velando armas. Será en junio, con las cartas ya sobre la mesa, cuando retomen la batalla que lleva meses zarandeando al PSOE.
Esta vez Susana Díaz no pretende dejar pasar el tren. Aunque por el momento se niegue a hablar de Madrid y aproveche cualquier oportunidad para dejar claro que su ambición termina en Sevilla, pocos creen que la presidenta vaya a mantener ese mismo discurso después de las municipales. Y menos en la situación que afronta el PSOE. En privado, Díaz reconoce que el año pasado se equivocó al no dar un puñetazo en la mesa y plantar batalla en el congreso socialista de julio. Entonces Sánchez parecía una opción más fiable que Eduardo Madina y decidió que podía confiar en él para pacificar el PSOE. Los resultados le han convencido de que fue un error.
Sánchez no solo no ha sido capaz de relanzar el partido, sino que lo ha sumido en una sensación de interinidad de la que no es capaz de despertar. La presidenta andaluza está preocupada por la deriva en la que Sánchez ha embarcado al partido. El PSOE no convence ni a izquierda ni a derecha y corre el riesgo de quedar atrapado en una lucha entre Podemos y el PP. Díaz teme que al partido no le queden muchos cartuchos para evitar seguir el rastro de los socialistas griegos del Pasok, que entre 2004 y 2015 perdieron el 90% de sus votos y acabaron relegados a la séptima fuerza política del país. Y la única forma de evitarlo es recuperar el timón.
El plan de Díaz.
El adelanto de las andaluzas es solo el primer paso de Díaz para hacerse con las llaves de Ferraz y, más tarde, con las de La Moncloa. La presidenta andaluza sabe que sin haber sido refrendada por las urnas era casi imposible labrarse una imagen potente en la política nacional. No en vano, Díaz nunca ha encabezado una lista electoral. Su lugar siempre había estado en la segunda línea, manejando los hilos. Eso cambió cuando los ERE hicieron insostenible la permanencia en San Telmo de José Antonio Griñán. Ella heredó el bastón de mando, pero siempre con la losa de no haber sido elegida por los andaluces. Consciente de que debía someterse a las urnas tarde o temprano, Díaz se había empeñado en las últimas semanas en fomentar la misma sensación de inestabilidad que ha usado como excusa para romper el Gobierno bipartito de PSOE e Izquierda Unida.
La fecha (22 de marzo) era perfecta para tratar de reeditar un nuevo Gobierno socialista. Y a ser posible sin socios incómodos. En San Telmo manejan encuestas que les sitúan rozando la mayoría absoluta y confían en que el enorme aparato socialista de Andalucía sirva para captar a muchos indecisos. Además, al resto de partidos les ha pillado con el pie cambiado. El PP andaluz sigue hundido en las encuestas e IU se debate en una crisis interna que podría romperla entre los partidarios de mantener su esencia y los de acercarse al fenómeno emergente de Podemos. Para colmo, los de Pablo Iglesias siguen sin tener candidato y se organizan a toda prisa para poder plantar cara a la presidenta.
Si las cuentas de Susana Díaz salen, sería la primera política en enfrentarse con éxito a Podemos. Eso le daría alas para retomar su perfil nacional. Además, el PSOE andaluz podría afrontar la tormenta de las municipales de mayo con total tranquilidad. Aunque todo parece indicar que los socialistas se estrellarán en casi toda España, los andaluces tendrían, sin embargo, un as en la manga que les ayudará a esquivar responsabilidades. Si el PSOE es capaz de recuperar algunas de las capitales andaluzas (algunos creen que todas) será otro innegable éxito de Díaz, si no, un evidente fracaso de Sánchez.
Pase lo que pase será el momento de volver al asalto. Los más afines a Susana Díaz confían en que un resultado desastroso en el conjunto del Estado obligaría a Sánchez a hacer la maletas. Ese es el escenario perfecto. Díaz llegaría a Ferraz sin necesidad de pelear, para salvar el partido, obligada por las circunstancias y aclamada por todas las federaciones. Las primarias se suspenderían y Díaz se jugaría a cara y cruz contra Mariano Rajoy y Pablo Iglesias el futuro del PSOE.
No parece probable que pase. Sánchez está dispuesto a plantar cara en las primarias convocadas para julio. Acostumbrado durante los últimos meses a zancadillas de todo tipo, a Sánchez se le ha endurecido la piel y parece dispuesto a gastar sus últimas balas. Cree que cuenta con el aval de los militantes para ello y sabe que es la única forma que tiene de mantenerse en Ferraz. Buena parte de su equipo cercano, además, le apoya. La batalla, sin embargo, será más difícil que el año pasado. No contará esta vez con el apoyo del aparato de la mayoría de las federaciones, sobre todo las de Andalucía, Valencia y Madrid, tres de las más potentes. La presidenta sí.
Y en este duelo al sol empieza a emerger de nuevo Carmen Chacón como una tercera vía. Miembro de la ejecutiva de Sánchez y de la máxima confianza de Díaz, la exministra sigue, según quienes la tratan, convencida de que tarde o temprano le volverá a llegar la oportunidad. Es el único ingrediente que faltaba al juego de tronos en el que se ha convertido Ferraz en los últimos meses.



