La vida desconocida de Pablo Iglesias

08 / 06 / 2015 Antonio Rodríguez y Javier Otero
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El líder de Podemos fue un niño que llevaba la voz cantante en el patio del colegio y que defendía las reivindicaciones en el instituto. Ya de mayor estudió los trucos del cine y la televisión.

Dicen que la política hace extraños compañeros de cama. En este escenario electoral se adivina que va a ser obligado llegar a pactos. Parece profético que Pablo Iglesias Turrión, el líder de Podemos, en una etapa en la que enfocó su atención hacia el cine, dirigiera un cortometraje sobre un trío que termina en la cama debido a un malentendido. La historia desconocida de Iglesias descubre cómo se fraguó su carácter luchador desde una edad muy temprana y su gran interés en las claves para usar los medios audiovisuales, que luego le han servido para construir su fuerte repercusión mediática a través de la televisión.

El fundador de Podemos pasó en Soria toda su infancia. Iglesias había nacido en Madrid en octubre de 1978, dos meses antes de que los españoles aprobasen en referéndum la Constitución que su partido quiere cambiar ahora, pero cuando tenía un par de años su familia se mudó al cierzo de esta ciudad castellana hecha para poetas como Antonio Machado, Gustavo Adolfo Bécquer o Gerardo Diego.

Pablo Iglesias regresó a Soria en 2014 para dar un mitin antes de las elecciones europeas. El fundador de Podemos no había vuelto a la localidad que dejó con 13 años y durante aquel mitin afloraron algunos de sus recuerdos. Mencionó a sus profesores más queridos y en el círculo soriano de Podemos intentaron buscar a sus amigos de infancia. Solo encontraron a dos. El resto, o vivía lejos de Soria o no fue posible de localizar.

Las personas que conocieron a Pablito en Soria destacan sobre aquella infancia que era un chico aplicado, muy afable y en el que empezaron a despuntar dotes de liderazgo, pero también que sufrió mucho cuando sus progenitores se separaron. Fruto de ello es que su etapa de EGB la pasó en tres colegios diferentes, algo poco frecuente en un niño de Soria. Primero estuvo en el Numancia (conocido también como Las Anejas), luego en el Infantes de Lara y, por último, en el Las Pedrizas.

“Ya ha llovido desde aquello”, afirma Jesús Tutor, uno de los profesores que marcaron a Pablo Iglesias en su etapa soriana –él mismo lo dijo en el citado mitin– y que le dio clases de 2º y 3º de EGB en el Infantes de Lara. “Tengo un recuerdo muy grato de aquel niño. Era un chico que se salía de lo normal, sobresaliente en algunos aspectos, conmigo por lo menos. Era muy amable, bueno y cariñoso. Como nació en 1978, a aquellos niños los llamábamos los constitucionales”, rememora a esta revista.

Iglesias vivió muchos años de su infancia en la calle Numancia –el nombre de la población celtíbera que se enfrentó a Roma le acompañó mientras estuvo en esta ciudad– y quedó tan marcado por aquel periodo que en la actualidad antepone su fidelidad al equipo de fútbol del mismo nombre, que desde hace algunos años se ha asentado en la Segunda División, a sus simpatías por el Rayo Vallecano, el equipo del barrio madrileño en el que vive.

Pablito conoció al Numancia de fútbol cuando este equipo deambulaba por la Tercera División y sus jugadores se tenían que desplazar al pueblo vecino de Garray para disputar los partidos en tierra. “No era muy futbolero, pero en el intermedio era de los críos que saltaban al campo a darle patadas al balón”, recuerda uno de sus amigos, con quien vivió el histórico ascenso a Segunda División B en la temporada 88/89 gracias a un 8-1 en el último partido con el que se estuvieron abrazando varios días.

A raíz de aquel ascenso, el campo se trasladó a Soria, al estadio municipal de Los Pajaritos, famoso por el frío que hace allí y cuyo ambiente era aún más gélido, si cabe, por culpa de la pista de atletismo que rodeaba al terreno de hierba. La inauguración tuvo como aperitivo una reunión atlética a la que no faltaron deportistas de la ciudad como Abel Antón y Fermín Cacho –por aquel entonces, muy poco conocidos–, seguido de un partido amistoso con el Valladolid que concluyó con un 0-3 para los visitantes.

En las gradas estuvo el pequeño Pablo con sus amigos, mientras que el palco lo presidió una joven promesa de Alianza Popular, el presidente castellano-leonés José María Aznar, quien se presentó al evento con un llamativo suéter de color amarillo. Con todo, la verdadera afición deportiva de Iglesias en su niñez fue el baloncesto. Sus amigos le recuerdan lanzando a canasta en el patio de Las Pedrizas al término de las clases. Y organizando los equipos. “Le gustaba llevar la voz cantante”, relata uno de ellos tras una carcajada.

Con sus padres conoció las tradiciones sorianas como el Jueves Lardero, una celebración previa al carnaval que consiste en merendar pan, chorizo y huevo en el paraje público de Valonsadero, situado a las afueras de la ciudad. Y, sobre todo, disfrutó como cualquier crío de las fiestas de disfraces. Cuando se hizo famoso tras las elecciones europeas del año pasado, se publicó una foto suya de niño con traje de monaguillo y fumando una de las pipas de su padre. TIEMPO ha tenido acceso ahora a otras fotos de él con algo más de edad y vestido de Charlot en los carnavales de Soria de 1988.

La familia de Pablo Iglesias solía pasar los veranos de su infancia en Rascafría, localidad de la sierra de Madrid, pero la ruptura de los padres hizo que el pequeño se fuera con su madre a Madrid. Es en ese momento cuando Pablo Iglesias entra en el instituto público Juana de Castilla, en el barrio de Moratalaz.

De aquellos años (alrededor de 1993) el último profesor que le dio clase que queda en el instituto es el de Música, Jerónimo Marín. Más de veinte años después, aún recuerda que era un chaval “muy activo” y que “se hacía notar”. “Cuando tenía algo que decir, lo decía”, relata este profesor. Ya desde entonces andaba metido en lo que se puede considerar un activismo en ciernes. Fue miembro del consejo escolar. “Si había una reivindicación, era él quien la defendía”. El profesor Marín lo destaca, ya que muchos alumnos presentes en este órgano de los colegios e institutos no hablan, no participan activamente. Eso sí, Iglesias no destacó en la asignatura de Música.

Jerónimo Marín reconoce, como otros profesores, que en esta etapa de estudiante ya se le veía, como cuando se ha convertido en un personaje público, “siempre sereno, con habilidad a la hora de contestar”. Y añade: “Parece que ya era así, como ahora, muy respetuoso, y testarudo en el buen sentido”.

Tras su paso por el Juana de Castilla, Iglesias recaló en otro instituto de Madrid, conocido por su carácter laico y progresista, el Fuhem Montserrat. Allí terminó el Bachillerato y COU. Y tuvo que adaptarse. “Recuerdo un chaval un poco retraído al principio”, rememora el profesor Ricardo Martínez, hoy jubilado, que le dio Filosofía. Su aspecto era muy parecido al de hoy, con su coleta incluida. Iglesias se fue adaptando a su nuevo instituto poco a poco y se mostraba “respetuoso y reflexivo”. Filosofía es una de las asignaturas donde ya salieron a flote muchas de sus inquietudes políticas. Su profesor recuerda unas intervenciones en clase “bastante profundas”. “Era rocoso en defensa de sus ideas, se adaptó muy bien a las características de este centro, con una orientación progresista”, relata. Ahí empezó ya a ser activo políticamente y a intervenir en manifestaciones y huelgas.

La última evaluación de la asignatura de Filosofía se introduce en autores como Nietzsche, Marx o en el existencialismo. Pablo Iglesias puso gran interés. Su profesor lo recuerda “considerablemente brillante” en estos temas. Ricardo Martínez todavía guarda sus libretas con los apuntes sobre sus alumnos, en los que ha encontrado que obtuvo unas notas “bastante buenas”.

La trayectoria desconocida hasta ahora en el aprendizaje de Pablo Iglesias (ya se conoce su paso por la universidad y sus relaciones con Monedero y Errejón, los otros líderes de Podemos) se completa, además, con un curso que descubre su interés en algo que ha terminado siendo fundamental en su carrera, como es el dominio del medio audiovisual.

En 2010, Iglesias no era todavía conocido. Se apuntó a un curso de realización de cine en la academia Metrópolis. Las materias, ahora lo sabemos, le han venido muy bien. Entre ellas, guion, telegenia o dirección de actores. El corto de varios compañeros de su promoción, 3 mejor que 2, proyecto de final de curso, lo dirigió Pablo Iglesias. El hecho de que llevara la batuta, en lugar de escribir el guion o actuar, le da que pensar a Guillermo Fernández Groizard, un experimentado profesor que, entre otras cosas, había lanzado una de las series de televisión con más éxito en los últimos años, como ha sido Águila Roja, y que tuvo a Iglesias como alumno en su academia.

Cuando empezó pocos años después a despuntar en la televisión, fue cuando su profesor cayó en la cuenta de que el líder de Podemos había pasado por allí. “Era muy buen alumno”, recuerda Guillermo Fernández Groizard. “Al principio era extremadamente callado y respetuoso”. Charlaba en la puerta al terminar, a las diez y media de la noche, pero no se quedaba a tomar una caña. Con el curso ya iniciado, fue cuando Fernández Groizard se enteró de que Iglesias estaba especializado en cine político y que había sido profesor en un curso sobre este tema en la universidad. “Era muy bueno, sabía un montón”, recuerda.

Lo que aprendió allí le ha sido muy útil. “Se trata de manipular al espectador para que tenga emociones con la batuta del que dirige”, dice Groizard. Y está seguro de que Iglesias ha sabido aplicar a su discurso una estructura cinematográfica. La imagen del país se puede transformar también a través del cine. A Iglesias le fascinaba lo que había pasado en España durante los años en los que gobernó el PSOE. También era un experto en el cine ruso de los años 20 y 30 del siglo pasado, utilizado como instrumento político.

Por esta escuela han pasado directores y actores como Fernando León o Santiago Segura, entre otros, y Alejandro Amenábar ha colaborado dando clases. Su profesor cree que Pablo Iglesias se parecía a Fernando León, un director que se ha significado por hacer películas con contenido social. En el curso también hablaron de la situación y futuro del cine en España.

El profesor de Pablo Iglesias defiende con pasión que el problema es que “el dinero del Estado va a parar a una élite intelectual para que hiciera cine, pero que solo lo veían las élites”. Guillermo Fernández cuenta que Iglesias nunca se definió sobre la solución. “Era cauto, si no conocía lo suficiente un tema, no opinaba”. Y bromea: “Si gana, que me llame para arreglar el mundo del cine”.

El que fue profesor de Iglesias reconoce la influencia de este aprendizaje en las tablas que ahora muestra este líder político, especialmente en sus apariciones en la televisión. “Tiene un posado de su mirada como la que usa el actor. Eso se estudia en el área de dirección. Además, me parece que el control de las manos es muy cinematográfico, algo que no tiene, por ejemplo, Rajoy, al que se le nota el truco y no consigue ser convincente”. Aquí se aprende a hacer que un personaje sea más verídico, recuerda. En definitiva, termina este profesor de cine, “solo puedo decir cosas buenas de él. Siempre con una sonrisa, equilibrado, muy atento”.

No quedó aquí su formación audiovisual, ya que también hizo otro curso de locución en el que coincidió con la modelo Helen Lindes. En un programa de televisión, la modelo le recordó como un tipo simpático.  

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