La revolución silenciosa de Rajoy choca con Cataluña
El jefe del Ejecutivo lanza un mensaje triunfalista en el Debate sobre el estado de la nación, pero la oposición le reprocha no saber dónde vive.
Parapetado tras una columna del patio del Congreso de los Diputados para protegerse del viento, uno de los ministrables del PP encendió un cigarrillo con satisfacción contenida. Acababa de concluir el discurso de Mariano Rajoy sobre el estado de la nación en su segundo debate como presidente del Gobierno y José Luis Ayllón, secretario de Estado para las Relaciones con las Cortes, se topó en la primera bocanada con la diputada popular Celia Villalobos. En ambos brotó una sonrisa. “Después de haberlo pasado tan mal... tocaba sacar pecho”, le dijo Ayllón a la vicepresidenta del Congreso.
A poca distancia de ellos, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, recurría al símil marítimo de Rajoy –“hemos atravesado con éxito el cabo de Hornos”, dijo el presidente sobre la situación económica– para explicar que las cuentas españolas “navegan ahora hacia el cabo de Buena Esperanza”, después de haber superado “toda esta ciclogénesis explosiva”.
Las caras de Ayllón, Villalobos o Montoro eran de felicidad. Y al igual que ellos, los diputados populares se contagiaron del relato de Rajoy, quien habló de “revolución silenciosa” y fue incluso más allá de los brotes verdes a la hora de dar por superada la recesión. “No es, como hace un año, que el árbol vaya bien y prometa. No, es que ya no necesita prometer porque está dando sus primeros frutos”, señaló entre los aplausos de su bancada. El líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, le reprocharía luego su visión de España con una pregunta acusatoria: “¿En qué país vive usted?”.
Rajoy insistió en varias ocasiones en que no quería caer “en ningún tipo de triunfalismo ni de autocomplacencia”, pero desgranó varias cifras para arrimar el ascua a su sardina. En primer lugar, el hecho de que el número de desempleados descendiese en 2013 en 166.343 personas con respecto a 2012, lo que supuso la primera caída del paro en nuestro país desde el comienzo de la crisis económica.
Ahorro en intereses de la deuda.
El siguiente dato en ser loado fue que la tasa de paro de los jóvenes menores de 30 años se redujo también en 2013, por primera vez desde 2006. A continuación, subrayó que España ha abandonado la recesión después de nueve trimestres consecutivos con cifras negativas y que el Estado se ahorró en 2013 un total de 8.800 millones de euros en intereses de la deuda, gracias a que la prima de riesgo ha bajado hasta los 189 puntos de esta semana cuando en lo peor de la crisis llegó a rozar los 640 puntos.
Las últimas cifras de la afiliación a la Seguridad Social las dejó para el final de su relato: en enero aumentó en 17.845 el número de cotizantes respecto al mismo mes en 2013, poniendo fin de esta forma a 68 registros mensuales negativos. Una cifra que repitió enfáticamente dos veces y que le llevó a anticipar que la previsión de crecimiento del producto interior bruto se revisará al alza próximamente y que el Gobierno confía en llegar al 1% en este 2014 y al 1,5% en 2015.
El contenido de su reforma fiscal para este año era, sin embargo, el anuncio más esperado en el Hemiciclo. Rajoy adelantó que 12 de los 19,2 millones de cotizantes se beneficiarán de sus medidas, aunque solo mencionó dos en concreto. Primero, que los trabajadores que ganen menos de 12.000 euros al año dejarán de pagar el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas a partir de 2015.
Tras ello lanzó su medida estrella con gran pompa –“les anuncio que, con efectos del día de hoy, a partir de este momento en que les hablo...”– para luego centrarse en la letra pequeña. La tarifa plana de 100 euros de cotización a la Seguridad Social para las empresas que contraten de forma indefinida a nuevos trabajadores tiene fecha de caducidad (a los 24 meses) y será autorizada siempre y cuando suponga un aumento de plantilla. Y en el caso de que una empresa no mantuviera el contrato del trabajador durante los tres años siguientes a la contratación inicial, deberá reintegrar todos los beneficios conseguidos.
Rajoy dedicó una hora entera a la situación económica de España y los restantes 45 minutos a la reforma de las administraciones públicas, los próximos retos de la UE y el pretendido referéndum de autodeterminación en Cataluña. Sobre la estructura administrativa del Estado, criticó una vez más la idea de que España cuenta con “una Administración elefantiásica”, ya que el número de funcionarios públicos (2,7 millones en la actualidad) ha vuelto a los niveles de 2004 tras suprimirse 420.000 puestos de trabajo entre las tres administraciones en los dos primeros años de legislatura.
El presidente mencionó, en concreto, la próxima tramitación de la ley de factura electrónica, “que va a hacer que sea imposible ocultar la existencia de cuentas pendientes o meter facturas en el cajón”. En este sentido, recordó que tras su llegada al poder afloraron ocho millones de facturas aún por pagar y anunció que el próximo paso será la “definición y publicación” de los periodos medios de pago en cada administración. Además, resaltó que las comunidades autónomas han asumido la disolución de más de 750 empresas públicas, lo que supondrá un ahorro de más de 4.500 millones de euros.
El Hemiciclo pareció contener la respiración cuando Rajoy abordó al tema de Cataluña, “el mayor problema político de España”, en palabras del portavoz de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida. Tras repetir que España “es un Estado de Derecho donde quien nos gobierna a todos es la ley” y advertir que al Ejecutivo le preocupa “la suerte de todas las personas que viven en Cataluña” y que se arriesgue “su bienestar y su futuro”, el presidente introdujo varias novedades –dos de ellas contradictorias– en su estrategia contra los planes del Govern catalán.
Primero subrayó que nadie puede privar al conjunto del pueblo español del derecho a decidir sobre su futuro. “Ni el Gobierno, ni ningún otro poder del Estado... ni siquiera esta Cámara puede hacerlo”, dijo. Este veto al Parlamento fue interpretado en las filas nacionalistas como la muestra más palpable de que la consulta soberanista tiene las puertas cerradas en Madrid.
Rajoy, sin embargo, advirtió a continuación que está dispuesto al diálogo y que la Constitución de 1978 “puede ser reformada”. Algo que le han pedido formaciones como el PSOE para evitar el choque de trenes y a lo que se había opuesto hasta ahora. Por último, dejó claro que “nadie espere que permanezca indiferente” ante un proceso que castigue a los catalanes que se oponen a la independencia. Duran le animó a hacer una “propuesta alternativa” a las dos preguntas pactadas en el Parlament.



