La resurrección del Valle de los Caídos

08 / 11 / 2012 14:02 Antonio Rodríguez
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Patrimonio Nacional iniciará en breve las obras para restaurar la escultura La Piedad, después de autorizar las visitas turísticas y reabrir en verano la cafetería y la tienda de recuerdos.

Nueva imagen. La entrada ya no cuenta con la pasarela que protegía a los visitantes.
Nueva imagen. La entrada ya no cuenta con la pasarela que protegía a los visitantes.

Reapertura es la palabra de moda en el Valle de los Caídos desde que el PP llegó al poder. El conjunto monumental en el que yacen los restos de Francisco Franco, José Antonio Primo de Rivera y 33.846 caídos en la Guerra Civil, se ha reabierto al público al igual que la tienda de recuerdos y la cafetería, que llevaban varios años cerradas.

El Valle de los Caídos empezó en 2009 un cierre progresivo que culminó en 2011 con misas al aire libre a cargo de la comunidad benedictina. Quedó prácticamente clausurado y el motivo esgrimido por el Gobierno socialista para limitar el acceso a sus visitantes fue la falta de seguridad, después de que se produjeran una serie de desprendimientos de piedra en la base de la Cruz por culpa del deterioro de las esculturas. Pero con el cambio de Gobierno se ha revitalizado el lugar.

El paso más importante se dio en el mes de junio, al permitirse las visitas turísticas de antaño. En los primeros cuatro meses han pasado por allí un total de 114.668 personas, según datos facilitados por Patrimonio Nacional a esta revista. A modo comparativo, entre junio y septiembre de 2009 hubo 139.713 turistas que abonaron las mismas tarifas que existen hoy en día: cinco euros por la entrada libre, cuatro si se accede con una agencia y 2,5 si son personas mayores de 65 años, niños o grupos concertados. De seguir esta tendencia se alcanzará una media de mil visitas diarias y unos ingresos anuales superiores al millón y medio de euros.

¿Qué ha ocurrido con la seguridad? El deterioro sigue siendo una preocupación tanto para el Gobierno como para la comunidad benedictina. La caída de pequeños trozos de piedra, las goteras y filtraciones siguen presentes, pero el nuevo equipo de Patrimonio Nacional ha introducido cambios. La pasarela colocada en la entrada de la basílica, a semejanza de los finger que hay en los aeropuertos, ha sido retirada y La Piedad se encuentra ahora protegida con una malla metálica de mayor grosor.

Esta escultura, que preside el frontispicio de la basílica, ha sido nuevamente revisada por tres técnicos: uno de Patrimonio, otro escogido por la Iglesia madrileña y un tercero nombrado por la propia comunidad benedictina. La decisión de consenso ha sido restaurarla in situ tras descartar otras posibilidades como sustituirla por una imitación de bronce o colocar la escultura dañada en el medio de la explanada para evitar que hubiera riesgos para las personas que acceden al interior del templo.

Patrimonio convocará en las próximas semanas un concurso público para que la restauración empiece en 2013 y la comisión de expertos que creó el Gobierno socialista el año pasado ya apuntó varias pistas de cuál sería la cuantía económica de unos trabajos de este tipo. “El coste muy aproximado de una rehabilitación integral básica del conjunto monumental puede suponer un importe mínimo de más de 10 millones, al que habrá que añadir el coste de la restauración de los grupos escultóricos, estimado en al menos tres millones de euros”, indicaban los miembros de la comisión en el informe final.

Consenso social.

Ante la “elevada” cuantía de la rehabilitación de todo el conjunto escultórico, la citada comisión (presidida por los rectores Virgilio Zapatero y Pedro González-Trevijano) subrayó “la necesidad de lograr previamente un consenso social en torno al mismo”.

Las obras previas de 2011 que se empezaron en la espalda de la Virgen aportaron un dato desconocido en torno a las esculturas del arquitecto Juan de Ávalos. En el interior de La Piedad no había bloques de granito, tal y como se pensaba, sino restos de obra, cementos, cascotes y maderas que con el agua y el hielo son el “mejor aliado”, según fuentes de Patrimonio, para que la escultura se termine resquebrajando. De ahí la urgencia de empezar los trabajos de recuperación cuanto antes, añaden.

En el interior del templo no ha habido ningún desprendimiento más allá de la cal que se ha desconchado en algunos lugares o las goteras, que van apareciendo cada vez con mayor frecuencia. Los recipientes que elaboró la escuela taller de El Escorial para guardar el agua que se filtra de los techos ya forman parte del mobiliario del lugar.

Las tumbas de Franco o José Antonio no tienen peligro de que les caiga agua, ya que están situadas debajo de la cúpula. Ello se debe a que lo que ve el visitante es una cúpula falsa. Sobre ella hay una verdadera, separada por un espacio de tres metros, que permite recoger el agua y canalizarla a los laterales, donde sí son bien visibles las manchas de humedad. Con todo, hay pequeños recipientes de agua diseminados cerca del púlpito central. El más llamativo es uno en el centro del coro, a escasos veinte metros de la tumba de Franco.

Los monjes benedictinos, por su parte, han reinaugurado las doce estaciones del vía crucis religioso que empezaban en los juanelos, unas columnas de granito situadas en la mitad de la carretera que une la entrada al Valle y la explanada de la basílica, y terminaban en el interior del templo. El primer vía crucis de este tipo se organizó en mayo y un millar de personas acompañaron a los monjes durante los seis kilómetros de marcha. Luego ha habido otras dos convocatorias con una menor afluencia de público.

Visitas de los kikos.

La hospedería de la orden religiosa ha vuelto a recibir, además, un buen número de visitas. Cada quince días se llena de miembros del Camino Neocatecumenal, que dirige Kiko Argüello, y que ha elegido este lugar de la sierra madrileña para pasar fines de semana de retiro espiritual. Todo ha animado a los responsables de Patrimonio Nacional a autorizar la reapertura de la tienda de Aldeasa que había en el interior de la basílica -una de las que mejores ventas tenía en España hasta el momento del cierre-, así como a sacar a concurso la gestión de la cafetería situada junto al teleférico y que hasta los años noventa subía a los visitantes hasta la base de la Cruz. Faltan, por el momento, las autoguías que había a la entrada del templo y que tras la reapertura no se han repuesto en su sitio.

¿Habrá cambios también de cara al próximo 20-N? Desde la muerte del general Franco, Falange ha venido organizando marchas de recuerdo con motivo de esa fecha. Sin embargo, la ley 52/2007 sobre la Memoria Histórica prohibió cualquier tipo de exaltación política en el recinto. Este fue el único punto de la ley que el PP respaldó durante la tramitación parlamentaria y el Ejecutivo de Zapatero impidió a partir de 2008 que las marchas superasen la primera verja que da acceso al Valle.

Además, se ha retirado toda simbología política que haya podido haber ese día, caso de las banderas falangistas que a veces adornan los ramos de flores que se llevan a las tumbas de Franco y José Antonio cada 20 de noviembre.
Por el momento, la Delegación del Gobierno de Madrid, que dirige Cristina Cifuentes, no ha recibido ninguna solicitud por parte de Falange para la citada marcha del 20-N, pero llegado el caso reforzará la seguridad del recinto, como se ha venido haciendo estos últimos años. El equipo de seguridad que había a la entrada de la basílica estaba formado únicamente por tres personas, pero ahora, con la reapertura al público, Patrimonio ha reforzado el mismo con un cuarto agente.

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