La reina de Podemos
Irene Montero, jefa de gabinete y pareja de Pablo Iglesias, se ha convertido tras la asamblea de Vistalegre en la mujer más poderosa de Podemos. Esta es su historia.
Si la victoria de la candidatura de Podemos para Todas y de sus documentos tiene un claro ganador en Pablo Iglesias, el resultado de la Asamblea Ciudadana de Vistalegre II tiene también una vencedora moral. Irene Montero era la número dos de la lista de Iglesias al Consejo Ciudadano Estatal, el órgano de dirección del partido morado. Pero además, es su pareja, su jefa de gabinete y, desde semanas antes del congreso de Podemos, la razón de la deriva en la que, según dirigentes históricos como Íñigo Errejón –contrincante en la contienda– o Luis Alegre –prácticamente retirado–, había caído el secretario general. Sin citarla, todo el mundo miró hacia ella como miembro –o directamente líder– del “entorno”, de la “camarilla” que, según Alegre, iba a “acabar con él [Iglesias] y con Podemos”. Según otros, Montero era la responsable de que a Iglesias le llegara tan “filtrado” lo que ocurría en Podemos, que tenía totalmente distorsionada la percepción de la realidad. También, según sus detractores, era una de las asaltantes del poder en el partido y controladora férrea de todo alrededor del secretario general. Haciendo el símil con la última pareja de John Lennon, culpable para la Historia de la ruptura de los Beatles, se la llegó a denominar la Yoko Ono de Podemos (ver recuadro).
Pero llegó la consulta entre la militancia y los inscritos y los resultados arrojaron una contundente victoria de Iglesias como secretario general y de su equipo en la dirección de Podemos, donde la militancia aupó a Montero en el cuarto lugar y como primera mujer, después de Iglesias, Errejón y Pablo Echenique. Con Carolina Bescansa, fundadora y exsecretaria de Análisis Social, fuera voluntariamente de la dirección y con otras prima donnas como las errejonistas Rita Maestre o Clara Serra o la ex de Iglesias y exmilitante de IU Tania Sánchez, en un plano cada vez más discreto, Montero se alza tras Vistalegre II con el cetro femenino de Podemos.
De la misma forma que era –y seguramente seguirá siendo– el blanco de las críticas de lo que hace Iglesias, también es parte esencial del equipo sin el que el secretario general se ha cansado de repetir que él “no sería nada”.
Montero no se ha convertido tanto como en secretaria general en Podemos, como pedía en televisión una joven mientras esperaba la cola para entrar en Vistalegre II, pero es la mujer que atesora más poder en un partido que ha elegido tener una clara identidad de izquierdas y obrera, huir de la moqueta de las instituciones y apostar por el asfalto, como ella suele diferenciar, para potenciar la acción política en la calle o dotarse de un secretario general con todos los poderes en la cúspide de una organización perfectamente jerarquizada. Todos estos aspectos cuadran muy bien con la biografía política de Irene Montero. Un Podemos así podría considerarse como un regalo para su 29 años, que celebró el pasado 13 de febrero, justo el día siguiente de Vistalegre II.
Pero quién es esta joven, joven entre los jóvenes de Podemos, que con menos de 30 años se sitúa ahora en buena medida a los mandos de Podemos. Ella misma subraya que es hija única “y se me nota”. “En la cabezonería, el perfeccionismo y la intolerancia a la frustración”, contó en una ocasión en La Vanguardia. Sus padres, ella educadora y él empleado en una empresa de mudanzas, la criaron entre San Blas y Moratalaz, barrios madrileños de clase trabajadora. En este último estaba su colegio, el Siglo XXI, uno de los centros rojos que se crearon en la capital a finales de los años 7o para ofrecer una formación que entonces no se daba en ningún sitio. Aún hoy, el colegio funciona como una cooperativa de padres, a la que también tuvieron que unirse los de Montero para matricular a su hija en un centro que fue innovador en técnicas educativas que hoy están más generalizadas. Por ejemplo, ella estudió sin libros y salió de acampada desde los 3 años.
Conocida por ser aplicada y sacar buenas notas, eligió la carrera de Psicología y, quizá por influencia materna, un máster en Psicología de la Educación, aunque pronto le salió la vena política. A los 16 años se afilió a las Juventudes Comunistas, donde militó unos seis o siete años. Allí participó en las reivindicaciones del momento, en brigadas de solidaridad con Palestina, movilizaciones estudiantiles contra el Plan Bolonia y en el nacimiento de las Marchas de la Dignidad contra los recortes y la precariedad. En aquella época pasa dos cortas estancias en Chile, donde participa en sus movilizaciones estudiantiles y también en la cumbre alternativa La hora de los pueblos como miembro de una delegación española del PCE, donde coincide con Javier Couso, hoy eurodiputado de IU. En paralelo a las investigaciones que por entonces y sin conocerse todavía llevan a cabo dirigentes de Podemos como Iglesias o Errejón, Montero habló en este foro de los movimientos de resistencia latinoamericanos y su traslación a proyectos políticos en la “lucha por un mundo nuevo, por el socialismo y en contra del capitalismo”. Tres años después de afiliarse a las Juventudes, Montero es ya un cuadro intermedio y forma parte de la dirección regional de Madrid, como premio a la “dedicación y trabajo” y también a la capacidad para gestionar equipos, dice el hoy secretario general Xavier García.
En esa época también está interesada por los desahucios inmobiliarios y, junto a Rafa Mayoral, otro peso pesado del nuevo Podemos, monta en Madrid la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), por la que entonces, principios de la década de 2010, Ada Colau ya empieza a hacerse conocida en Barcelona. Sin embargo, la visión de Montero es muy distinta a la que tiene la hoy alcaldesa, como se evidencia en unas jornadas de formación en Asturias, donde la jefa de gabinete de Iglesias defiende que la PAH tiene que seguir una “línea dura”, de negociación “a cara de perro” con los bancos frente al posibilismo de Colau, más proclive a los alquileres sociales o a la dación en pago. A ojos de Montero, esta visión supone asumir que los bancos tienen derecho a echar a la gente de sus casas. Fuera de las broncas internas, Montero igual ocupaba entidades bancarias que impartía talleres de ayuda psicológica a los desahuciados, recuerda un compañero suyo de la PAH que, sin embargo, también reprocha que tanto Montero como otros compañeros, hoy también en Podemos y pablistas, como Mayoral o Juanma del Olmo, después se han olvidado de sus demandas. Su paso por la PAH para nada les garantiza el acceso a Podemos, hasta el punto de que la plataforma se siente más escuchada en el Congreso de los Diputados por otros partidos, como Esquerra Republicana de Catalunya.
En 2012 sus compañeros de la PAH empiezan a notar un “legítimo” interés por pasar a la acción política. Además de la plataforma, Montero dejó una beca de posgrado en la Universidad Autónoma de Madrid para empezar a trabajar en Podemos. En un partido en el que los acontecimientos han sucedido a mil revoluciones cinco eurodiputados dos meses después de su fundación, 69 escaños en el Congreso un año después o una crisis fratricida a los tres años de vida–, el ascenso de Montero hasta Iglesias es aún más rápido. En apenas dos meses pasaron de no conocerse a que él la nombrara su jefa de gabinete. Pocos meses después empezaron los rumores de que mantenían una relación sentimental y en la campaña a las elecciones del
20 de diciembre de 2015, Iglesias anunciaba que Montero sería su vicepresidenta y ministra de la Vicepresidencia. Vida política y personal se cruzaban y por el camino Montero no dejaba de ganar peso interno como la Soraya Sáenz de Santamaría del secretario general de Podemos.
Aunque Iglesias y Montero tienen en común su militancia en las Juventudes Comunistas y su relación con IU, no se conocieron hasta bien pasadas las elecciones europeas de 2014, donde Podemos dio la campanada con cinco escaños en el Parlamento Europeo. El escenario fue un plató del canal local TeleK, donde Iglesias hizo sus primeros pinitos televisivos con La Tuerka. El 3 de octubre de 2014, estrena programa, Implíkate, y su primera entrega es un debate que lleva por título “Podemos según Pablo Iglesias”, con el secretario general de Podemos, Alberto Garzón y Ada Colau como invitados. La encargada de presentarle a la audiencia que ese día llena el Ateneo de Vallecas es una joven Irene Montero, tertuliana como él en este canal de TDT y portavoz de la PAH y de las Marchas de la Dignidad. Empieza llamando a Iglesias “impresentable”, por no ser posible presentarle, y demuestra en su intervención que profesa la misma admiración hacia él que es general en la cadena. Apenas dos semanas más tarde, la primera Asamblea Ciudadana de Podemos configura una estructura de partido en la que se incluye la secretaría de Movimientos Sociales, que recae en Rafael Mayoral, viejo conocido de Montero de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que la nombra su segunda. Iglesias aún es eurodiputado y vive entre Madrid y Bruselas cuando dos meses después, en diciembre de 2014, nombra a Montero su jefa de gabinete. Algunos meses después, en la primavera de 2015, empiezan los primeros rumores deque mantienen una relación sentimental que, tiempo después, se confirman cuando se van a vivir juntos al piso de Pablo Iglesias en Vallecas.
A pesar de la doble relación, laboral y sentimental, un diputado en el Congreso asegura que “no se nota nada, nada”. “Yo me doy más besos y abrazos con Pablo Iglesias que ella”, enfatiza un miembro de Unidos Podemos que aprecia mucho su trabajo parlamentario y el trato con los diputados. “Se toma las cosas muy en serio. Es una trabajadora excelente, no está por estar, es afable y escucha”.
Que Montero es una mujer esforzada y “encantadora” es algo en lo que están de acuerdo las diversas personas consultadas por este semanario y que han coincidido con ella en diferentes periodos de su vida. Sus detractores sacan a relucir el control extremo sobre la organización y los equipos, fulminando todo conato de disidencia a Iglesias. Mientras que él parece más duro de lo que es en el trato personal, quienes conocen a Montero apuntan que de puertas para adentro puede tener mucho más genio y ser más “complicada” de lo que aparenta en público. Y lo suelen pagar quienes trabajan con ella. “Le gusta que la gente haga bien su trabajo”. Es buena “comunicadora”, capaz de fijar el mensaje y de saberse todos los temas para que la prensa no la pille en un renuncio. Pero también le cuesta controlar sus nervios en momentos de tensión, de los que ha tenido muchos hasta Vistalegre. Pasada la traumática segunda Asamblea Ciudadana de Podemos, parece, sin embargo, que el ambiente está más calmado, al menos para ella. Montero ha rebajado tensión y ha ganado peso.


