La pesadilla de las cifras económicas

03 / 09 / 2013 9:54 Antonio Rodríguez
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Los Juegos crearían 85.000 empleos, pero España tendría que invertir aún 1.500 millones de euros y la rentabilidad del proyecto no estaría asegurada.

El coste económico de unos juegos olímpicos siempre ha sido el principal quebradero de cabeza para los responsables del país organizador. Y España, sumida en una prolongada crisis desde hace un lustro, tiene en este punto su particular espada de Damocles. “La crisis no tiene que ser un problema porque la gran inversión ya se ha hecho con las candidaturas de 2012 y 2016. Ahora no se invertirá ni un euro más hasta que nos den los Juegos”, repite como un mantra el presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, cada vez que se le pregunta.

En una ciudad como Madrid, que a finales de 2012 arrastraba una deuda de más de 8.230 millones de euros (incluyendo la de las empresas municipales), el gasto ha sido asumible hasta ahora (38,6 millones como ciudad aspirante y candidata), pero el futuro olímpico es incierto. La candidatura española ha presumido en los últimos meses de contar con el 80% de las sedes ya disponibles. Además, se han introducido varias novedades dentro de la candidatura: cuatro nuevas sedes permanentes –el centro de tiro en Paracuellos del Jarama, el de regatas entre Madrid y Getafe, el canal de slalom en La Gavia y el pabellón de gimnasia anexo al estadio de La Peineta–, así como la celebración del torneo de baloncesto en la plaza de toros de Las Ventas y el de voley playa en el estanque del Retiro.

El proyecto de Madrid 2020 sitúa las sedes de la competición en un radio de 10 kilómetros desde el centro de la ciudad, con 29 sedes en Madrid y seis subsedes para las competiciones de vela y fútbol en Valencia, Barcelona, Zaragoza, Valladolid, Córdoba y Málaga: 28 ya existen en la actualidad (el 80%) y solo requerirían obras de remodelación tres de ellas. Además, los Juegos Olímpicos se desarrollarían principalmente entre el Campo de las Naciones y la zona de la Casa de Campo y el Manzanares.

Puestos de trabajo.

Tanto Blanco como la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, han subrayado hasta la saciedad que en la actualidad no hay ningún proyecto en España que genere tanto dinero ni puestos de trabajo como este, después de comprobar cómo en Londres 2012 se generaron 300.000 empleos. A día de hoy, el presupuesto para Madrid 2020 contempla 2.418 millones de euros para el montaje de los Juegos, 1.515 millones para la construcción y adaptación de las instalaciones y 150 millones más para servicios como seguridad, sanidad o aduanas. La primera de estas cantidades quedaría cubierta parcialmente por las sumas aportadas por el COI (525 millones de euros), el patrocinio internacional (222), el patrocinio local (312) y la venta de entradas (702 millones), según las estimaciones que ha recabado la propia candidatura.

El problema, teniendo España el déficit que tiene en estos momentos, son las inversiones públicas a cubrir a partes iguales entre los gobiernos central, autonómico y local. Madrid 2020 necesitaría 366 millones en carreteras y ferrocarriles, 277 en sedes deportivas, 652 en villas olímpicas, 198 en servicios médicos y 57 en coordinación entre organismos gubernamentales.

Sin embargo, el verdadero quebradero de cabeza puede estar en el cheque en blanco que firmó el Ejecutivo de Mariano Rajoy en enero de 2012 ante cualquier desvío financiero que se pueda producir de aquí a los Juegos. Un compromiso que asustó por entonces al Gobierno italiano de Mario Monti tras comprobar que el presupuesto previsto para la candidatura de Roma ascendía a 9.800 millones de euros, de los que 8.400 saldrían de las arcas públicas.

Los precedentes de Madrid 2020 no invitan al optimismo, ya que los Juegos son un proyecto que, si bien pone en el mapa mundial a una ciudad y un país entero (el mejor ejemplo es Barcelona en los Juegos de 1992), la cruda realidad es que todas las ediciones han sido deficitarias en términos económicos desde la de Los Ángeles, en 1984.

Las desviaciones presupuestarias y el poco uso de las instalaciones una vez que se ha apagado la llama olímpica han sido, en muchos casos, baldones difíciles de digerir. Los Juegos Olímpicos de 1976 en Montreal (Canadá) dejaron como legado una deuda que los contribuyentes de Quebec solo han conseguido terminar de pagar 30 años después, en 2006. 

En Sídney, tras los Juegos del año 2000, la ciudad australiana está pagando una media de 32 millones de euros al año para mantener los estadios olímpicos. Por su parte, Atenas proyectó un gasto de 1.300 millones de euros para sus Juegos de 2004, que acabaron costando diez veces más (13.000 millones).

Los 15.000 millones de Londres.

El coste de los Juegos de Londres en 2012 superó los 15.000 millones de euros, cinco veces más de los 2.868 que anunció Tony Blair en Singapur en 2005, cuando la capital británica ganó a París y Madrid en un apretado final. Solo en el apartado de seguridad se pasó de los 400 millones previstos inicialmente a más de 1.000 (es decir, un 150% más), según explicita el comandante de la Guardia Civil Carlos de Miguel García en un informe sobre este apartado publicado en el Instituto Español de Estudios Estratégicos (el IEEE, dependiente del Ministerio de Defensa), al término de los Juegos. “Londres 2012 ha realizado un deficiente ejercicio de previsión […]. Esta práctica no ha hecho más que alimentar las críticas de las que era objeto desde diversos sectores contrarios a la celebración del encuentro, acrecentando las mismas”, apuntó De Miguel.La seguridad, además, no fue el único caso de espectacular desvío presupuestario en Londres: el gasto para las ceremonias de inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos pasó de 51 a 103 millones de euros.

Los organizadores de Río 2016 creen que el impacto económico de los Juegos en el producto interior bruto brasileño será de casi 11.000 millones de euros a lo largo de la siguiente década, según las previsiones del Instituto Brasileño de Turismo (Embratur). Para conseguir esa repercusión económica, Brasil invertirá 11.700 millones de euros en el proyecto deportivo y cuenta con la creación de unos 120.000 puestos de trabajo desde que comenzaron a prepararse los Juegos hasta que llegue el día de la inauguración de la cita olímpica.

Para Madrid 2020, las cifras son similares salvo en la inversión pública, de apenas 1.515 millones de euros. Así, la candidatura madrileña calcula en 4.000 millones la cifra de ingresos adicionales en los siguientes cinco años, de 2020 a 2025, mientras que la creación de puestos de trabajo a tiempo completo llegaría a los 85.776, fruto de la inversión (26.717) y el turismo (59.059), según un informe elaborado por PricewaterhouseCoopers para el Consistorio madrileño. Ahora bien, la candidatura española ha incluido una partida de casi 15 millones de euros para la seguridad. Una cifra irrisoria por mucho que la amenaza terrorista de ETA haya desaparecido y que dio pie a una de las escasas críticas que recibió Madrid 2020 en el informe definitivo de la comisión de evaluación del COI.

Hace cuatro años, por ejemplo, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero cuantificó para el fallido proyecto de Madrid 2016 una partida de 550 millones de euros en materia de seguridad.Además, pocas cosas han cambiado desde el último intento olímpico de Madrid en 2009... salvo que la crisis económica se ha agudizado. El centro acuático –actualmente una piscina, pues el resto de las obras están paralizadas– se ha comido ya 157 millones de euros. La construcción de la Caja Mágica, obra magna de Alberto Ruiz-Gallardón para Madrid 2016, se presupuestó en 120 millones de euros y terminó costando casi 300. Lo peor es que este polideportivo multiusos, al igual que el recinto del Madrid Arena en el que hace poco murieron cinco jóvenes en un concierto de música, apenas genera ingresos para pagar los costes de obra.

Otro ejemplo de mala praxis presupuestaria es el estadio de La Peineta, en el que se celebrarían la apertura y clausura de los Juegos Olímpicos y cuya reconstrucción, en marcha, requerirá de 210 millones adicionales a los 50 que en su momento se gastaron en este polémico estadio, ejemplo de despilfarro económico cada vez que se publica un reportaje sobre instalaciones públicas infrautilizadas.

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