La nueva vida del rey Juan Carlos
El monarca ha concluido la rehabilitación y en breve ocupará su nuevo despacho en el Palacio Real. No ha tenido bajones emocionales, pero se le ha visto solo en varias ocasiones.
Un día antes de la fiesta nacional del 12 de octubre, Juan Carlos I y Felipe VI se encontraron en el vestíbulo del palacio de La Zarzuela y salieron juntos en dirección al helipuerto que hay al lado del edificio. Allí esperaba el aparato que los dos reyes iban a utilizar para ir a la base de Torrejón a una exhibición aérea con motivo del 75 aniversario de la creación del Ejército del Aire. Los tres oficiales encargados del pilotaje del helicóptero se cuadraron ante ellos en una escena inédita. Delante tenían a dos monarcas, a dos capitanes generales ataviados con los trajes y las gorras azules con los que se identifica a los integrantes del Ejército del Aire.
Como la ocasión lo merecía, los reyes se pararon un momento con los miembros de la tripulación para hacerse una foto con ellos y una vez dentro, don Felipe se puso a los mandos del aparato. Cuando las hélices empezaron a girar, a don Juan Carlos le dio por soltar una de sus bromas. “Mirad –les dijo a sus ayudantes– siempre el padre llevando al hijo y ahora es el hijo quien lleva al padre”. Todos rieron.
No quitar protagonismo.
A los dos reyes no se les había visto juntos en público desde que ambos salieron con las reinas Sofía y Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía al balcón del Palacio Real el 19 de junio, día de la proclamación de don Felipe como nuevo monarca. Don Juan Carlos tenía ya decidido en ese momento que no quitaría protagonismo a su hijo en la nueva etapa que iba a comenzar. Y ha cumplido la consigna a rajatabla, pues apenas se le ha podido ver desde entonces. Pasados cuatro meses del relevo sucesorio, se pueden contar con los dedos de una mano los actos públicos en los que ha participado el rey padre o rey emérito, como a más de uno le gusta llamarle después de que a Benedicto XVI le colocasen este adjetivo tras su abdicación.
Don Juan Carlos ha corregido en los últimos días dos críticas que se habían retroalimentado desde finales del verano. En primer lugar, el hecho de que no apareciese en ningún acto con la reina Sofía desde su renuncia. Cada uno de ellos hace vida separada, aunque siguen viviendo en La Zarzuela. Esta situación ya existía antes de que el padre cediese el testigo al hijo, pero precisamente ahora se ha notado aún más si cabe ante la falta de agenda pública para don Juan Carlos y doña Sofía. Finalmente ambos coincidieron en la campaña de la banderita de la Cruz Roja cuando el rey padre se acercó a la mesa en la que estaba ella.
En segundo lugar, se reprochaba a La Zarzuela que don Juan Carlos no hubiera estado presente en ningún acto con su hijo desde que este es jefe del Estado. Una anomalía que se solventó en Torrejón para regocijo de los altos mandos del Ejército del Aire, que agradecieron profusamente a los dos reyes el haber tenido esta deferencia con ellos. La cúpula militar ya le había dispensado al rey padre un sentido homenaje a principios del mes de octubre en el Estado Mayor de la Defensa que estuvo presidido por el ministro del ramo, Pedro Morenés. En el almuerzo se le quiso reconocer los casi 39 años de servicio como jefe de las Fuerzas Armadas. Una tónica, la de los reconocimientos, que se va a repetir de aquí en adelante en muchos otros lugares.
Dos días después llegó su primer discurso en España desde que firmó la abdicación. Fue en un acto organizado por los directivos latinoamericanos del Consejo Empresarial de América Latina (CEAL) para entregarle un premio como reconocimiento a su apoyo en favor de la integración iberoamericana. En todo momento dejó claro que quien estaba a los mandos del timón era su hijo, de quien dijo estar seguro que seguirá promoviendo las mejores relaciones de España con las “naciones hermanas” del otro lado del Atlántico.
Fin de la rehabilitación.
Quienes lo vieron en este acto coinciden en lo bien que estaba y es que, curiosamente, don Juan Carlos tiene mejor aspecto físico que nunca. O mejor dicho, mejor que cuando empezaron los problemas de espalda y de las caderas que le obligaron a pasar por el quirófano en varias ocasiones a lo largo de 2012 y 2013. El monarca ya terminó la rehabilitación con el doctor Fernando Serrano y ahora únicamente sigue con un programa específico de mantenimiento a base de ejercicios físicos y sesiones de fisioterapia. Un ayudante de Serrano le visita en La Zarzuela todos los días de la semana, a razón de dos horas al día, para estar con él.
Don Juan Carlos, que en enero cumplirá los 77 años, combina tanto ejercicios en el gimnasio –en ocasiones, en compañía del propio don Felipe, que también cuida el aspecto físico casi a diario– como en la piscina cubierta de La Zarzuela, cuyo suelo se niveló a raíz de los problemas con las caderas para que el monarca pudiese andar de una pared a la otra con el agua siempre a la altura del pecho. La mejoría física del rey padre ha ido a más desde que dejó sus funciones. Atrás quedaron los corticoides, los pinchazos de plasma en las zonas dañadas e ideas un tanto peregrinas, como la máquina antigravitatoria que le recomendó el tenista Rafael Nadal sin darse cuenta de que en una persona de la edad del rey era más un problema que una solución. Don Juan Carlos ha recuperado años y se le nota seguro al andar. Más si cabe con la ayuda del bastón, del que ya no se separa. Más que nada, por precaución y seguridad. Lo pudo comprobar el doctor Miguel Cabanela, el cirujano que le operó dos veces en otoño del año pasado. En su última visita a La Zarzuela a finales de septiembre, le acompañó en una de sus sesiones con el fisioterapeuta y se quedó sorprendido de ver cómo el monarca andaba, incluso sin bastón.
Cuestión aparte es el aspecto anímico. Don Juan Carlos no ha tenido bajones emocionales desde junio, algo que se temían en su entorno ante el parón de trabajo e intensidad que iba a tener al ceder la Jefatura del Estado a don Felipe. Sin embargo, se le ha visto solo en varias ocasiones cuando ha salido fuera de palacio.
“Ingratos con él”.
Le ocurrió aquel domingo por la provincia de Burgos, donde terminó comprando las morcillas que tanto le gustan, o precisamente el pasado 12 de octubre, cuando se le pudo ver en un restaurante de Guadalajara –mientras se desarrollaba la recepción en el Palacio Real– con la única compañía de un escolta. “Muchos, en este país, están siendo ingratos con él ahora que ha dejado de ser quien era”, constata uno de sus amigos que entre semana no para de llamarle por teléfono con el fin de que esté entretenido. Esta aparente soledad es lo que más preocupa en su entorno. Una forma de que el rey padre esté más ocupado y, en cierta manera, más inmerso en la vida cotidiana de Madrid es el nuevo despacho que se le está preparando en el Palacio Real. Según ha sabido Tiempo de fuentes de la Casa Real, su lugar de trabajo estará en la que ha sido hasta ahora la oficina del jefe del Cuarto Militar de la Casa del Rey. Las dependencias de este órgano de la Corona ocupan un ala de la planta baja del palacio, concretamente la zona que se encuentra a la derecha de la Puerta del Príncipe si se entra al edificio desde la plaza de Oriente.
Patrimonio Nacional está acondicionando el nuevo despacho de don Juan Carlos para que esté listo a partir de noviembre. Se han pintado las paredes y se ha cambiado el mobiliario, con el fin de hacerlo más acogedor de lo que era hasta el momento, ya que la intención del monarca es seguir recibiendo a gente en su despacho.
Entre tanto, su secretario personal, el diplomático Alfonso Sanz Portolés, está recibiendo numerosas peticiones de instituciones, ayuntamientos y entidades privadas para rendirle homenaje por sus años al frente de la Jefatura del Estado. Entre las cartas que llegan a La Zarzuela figuran concesiones de premios e invitaciones para que visite diferentes lugares de la geografía española.
Don Juan Carlos, asimismo, sigue a disposición del Gobierno y de su hijo para cumplir las misiones que desde La Moncloa o La Zarzuela le puedan ser encomendadas, tal y como sucedió a principios de agosto, cuando acudió a la toma de posesión de Juan Manuel Santos para su segundo mandato como presidente de Colombia. Este ha sido el único viaje oficial al extranjero que el monarca ha realizado desde que dejó la Jefatura del Estado.
Días antes de su abdicación, don Juan Carlos escribió cartas a varios jefes de Estado, sobre todo monarcas de distintos países, para solicitarles su apoyo a la candidatura de España al Consejo de Seguridad de la ONU. Entre los destinatarios estaban sus homólogos de países árabes, con los que mantiene una buena relación y con los que sigue hablando por teléfono.



