La mujer de Gómez Bermúdez ‘desnuda’ al juez del 11-M
La esposa del presidente del tribunal que juzgó los atentados de Madrid desvela cómo se ha enfrentado al acoso político y mediático durante la vista oral.
En los años sesenta, un tipo consigue una falsa identidad, muda su aspecto y se infiltra en un periódico sensacionalista alemán. Forma parte de la redacción durante más de dos años. Luego se larga y escribe un reportaje. Es un topo del periodismo. Günter Wallraff. El Periodista Indeseable. Así le llaman, pero logra millones de lectores para sus reportajes en la República Federal Alemana. Ofrece, sobre todo, otra perspectiva. Una visión desde dentro”. Así arranca la periodista Elisa Beni su obra La soledad del juzgador. Gómez Bermúdez y el 11-M (Temas de Hoy), el libro que ha escrito sobre el magistrado que dirigió con mano de hierro el juicio del siglo y deslumbró por su habilidad, sus recursos y personalidad a los miles de españoles que siguieron el proceso en directo por televisión o Internet.
Elisa Beni no es un topo que se haya infiltrado en el juicio del 11-M ni en el despacho del ponente y redactor de la sentencia más esperada de la democracia. Es más bien una peculiar espía que ha logrado colarse en la casa y el despacho del juez Bermúdez. Ha tenido el privilegio y la primicia de poder captar con sus propios ojos lo que no pudieron captar las cámaras al final de las sesiones de la vista oral o cuando el juicio quedó visto para sentencia. Una prerrogativa que le da el hecho de ser la mujer de Javier Gómez Bermúdez, y la persona que mejor conoce cómo piensa, siente y sueña el magistrado. En el libro que sale a la calle el próximo día 20 relata cómo desde que llegó a la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional empezó a preparar el juicio y ató todos los cabos para que nada fallara en un proceso en el que la Justicia española se jugaba su imagen en el exterior. Cómo midió y planificó la duración de la vista oral y se anticipó, incluso, a todas las posibles estratagemas dilatorias de las partes personadas en el proceso, incluso, los posibles motivos de recusación de los miembros del tribunal.
Los momentos más duros
Beni desnuda al juez Bermúdez al revelar los momentos más duros que ha vivido desde que se encargó de organizar y presidir el juicio del 11-M, así como lo que pasaba por su cabeza en cada uno de los momentos cruciales de todo el proceso, los recursos que utilizó y las horas que dedicó al estudio y a la reflexión para salir de los retos jurídicos y las dificultades de todo tipo que se encontró en el camino.
Beni se adentra, además, en un terreno vidrioso, el de la campaña de acoso político y mediático que ha tenido que soportar el magistrado encargado de juzgar junto a sus compañeros Alfonso Guevara y Fernando García Nicolás los atentados de Madrid.
La periodista y escritora ha defendido siempre la integridad absoluta de su marido. “Javier jamás aceptaría ningún tipo de presión”, afirmaba a esta revista cuando el magistrado acababa de aterrizar en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Cuando supo que presidiría el juicio por el atentado más sangriento que ha sufrido nuestro país, el propio Bermúdez reconocía a ‘Tiempo’ que “es cierto y evidente que recibo diariamente decenas de presiones de todo tipo”. Ante la insistencia de esta revista precisaba: “Presiones en general, también de los poderes, del Gobierno, la oposición o el poder económico. Yo institucionalmente tengo unas relaciones excelentes con el actual Ministerio de Justicia al igual que las he tenido con el anterior. Las presiones a esta casa –matizaba– se producen a través de los medios de comunicación, a través de la opinión pública”.
Bermúdez ha llegado a calificar a los jueces de la Audiencia Nacional como unos “profesionales de la presión” que la soportan “con bastante dignidad y grado de resistencia”. Ahora, su mujer relata cómo ha sorteado las que ha sufrido antes, durante y después del juicio del 11-M el juez, quien asegura: “Trabajar bajo presión no me influye. Resuelvo como tengo que resolver en cada momento”. Es decir, aplicando criterios jurídicos tanto para condenar como para absolver.
Primera fan
La autora de La soledad del juzgador es la primera integrante del club de fans que han creado las numerosas admiradoras que le han salido a Bermúdez desde que su imagen se coló en millones de casas del país, a través de la televisión o Internet. Lo conoció en Almería cuando ella trabajaba como periodista en el diario La Voz de Almería y él ejercía como juez en la misma ciudad. Ella era la responsable de la sección de Tribunales y el destino hizo que el juez se cruzara en su camino. Se enamoraron casi a primera vista. A ella, una mujer extrovertida, le sorprendió ver a un juez fuera de lo normal, sin pelos en la lengua, que llama a las cosas por su nombre y que está muy alejado del lenguaje alambicado y la imagen distante de otros colegas de oficio. No en vano, su arquetipo de juez es Harry T. Stone, un hombre de leyes nada convencional de un juzgado de Manhattan que inspiró la famosa serie de televisión Juzgado de guardia.
Javier se separó de su primera mujer, con la que tiene dos hijas, y se casó con Elisa. Hoy ambos no ocultan su felicidad y compenetración. Van juntos a todas partes. Ella, además, ejerce como su jefa de prensa y asesora de imagen. A él le gustan las corbatas y gafas de llamativos diseños. Son sus complementos favoritos. Las tiene de todas las formas y colores. Pero cuando se pone la toga, sigue los consejos de su mujer, y cambia su look de calle para transformarse en un austero juez de negro.
En primera fila. El primer día del juicio del 11-M, Javier Gómez Bermúdez llegó a la madrileña Casa de Campo acompañado por su esposa. Cuando Bermúdez entró en la sala de togas, ella se sentó junto a otros periodistas en una de las primeras filas de la sala de vistas para seguir in situ una jornada histórica. No perdía detalle. Seguía los gestos, las palabras y casi los pensamientos de su media naranja y apuntaba notas en su moleskine. Ese es el origen del libro que será presentado en público el próximo día 26 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid por Fernando Reinares, experto en terrorismo yihadista, y Maite Pagaza, la presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo.
Perspectivas
Elisa es la mujer que mejor sabe interpretar los gestos, la mirada de Bermúdez y, por supuesto, leerle entre líneas. Cree que “la verdad es poliédrica y que a partir de técnicas narrativas o incluso tretas ingeniosas, el contador de historias reales siempre ha buscado perspectivas diferentes desde las que afrontarla”. En su caso, confiesa: “La perspectiva ha venido a buscarme y se ha convertido en una parte de mi propia vida. Me limito, pues, a ponerle oficio”. La oferta incluye nada más y nada menos que “un momento histórico relatado desde el ángulo en que ha tenido el privilegio de vivirlo, con honestidad”.
Beni recuerda que Günter Wallraff “no ha sido el único en buscar otro punto desde el que mirar. Además del reconocido como maestro Tom Wolfe, otros muchos lo han hecho”. Entre ellos, cita a Hunter S. Thompson, autor del primer artículo –El derby de Kentucky es decadente y depravado– que fue considerado el inicio del periodismo bonzo, un estilo de reportero que plantea un acercamiento directo a la noticia llegando incluso a influir en ella y convirtiendo al periodista en parte esencial de la historia y en un actor más de la misma. Según la autora, “no hay comparación posible” entre su obra y la de S. Thompson. “Ni yo he trastocado mi personalidad ni ningún estado poseso me ha llevado a entregar mi moleskine a mi siempre comprensiva editora. Además, preferiría que, al menos el juez Bermúdez, continuara viéndome como una periodista sin el calificativo que le colocaron al alemán”.
Citas
La autora ha elegido cuidadosamente dos citas para ilustrar su obra. La primera, del escritor y periodista polaco desaparecido Ryszard Kapuscinski, referente moral del periodismo en cuyas redacciones valoraba, sobre todo, el ser buena persona. “Es un error escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un tramo de la vida”. El error al que alude el autor de Los cínicos no sirven para este oficio no lo comete, evidentemente, Elisa Beni, que sabe y conoce bien al protagonista de su libro y de su vida. La segunda cita es de Walter Lippman, uno de los más prestigiosos periodistas de la prensa estadounidense en los años veinte que, hastiado de las renuncias a todo lo bueno y decente que la profesión le obligaba, decidió retirarse del periodismo activo: “Que tire la primera piedra quien nunca haya visto una conspiración, un traidor o un espía donde nunca los hubo. Que tire la primera piedra quien, en suma, nunca haya relatado, como si se tratara de una noticia de primera mano, lo que oyó decir a alguien que sabía tan poco como él”.



