La mejor entre los ‘top gun’ españoles
Por primera vez en España, una mujer deja atrás a los pilotos de caza. Rocío González Torres es la número uno en un mundillo que era de hombres.
En el Ejército del Aire, a los pilotos de cazas de combate se les denomina pata negra, y cuando ingresan en la academia, todos ellos interiorizan uno de los lemas más famosos de la aviación militar: “La calidad del aparato importa poco. El éxito de la misión depende del piloto que lo maneje”. Fueron palabras de Manfred von Richthofen, el Barón Rojo, al término de una de sus temidas incursiones en Francia durante la Primera Guerra Mundial y ahora figuran en la orla de la última promoción de pilotos españoles de combate, en la que por primera vez en la historia de España aparece una mujer como número uno. Rocío González Torres ha sido este año 2008 –tan fecundo en hitos castrenses para la mujer española–, la mejor entre un selecto grupo de quince alféreces alumnos en las pruebas de vuelo y tiro aire-superficie. A ojos de sus profesores, esta sevillana de Huévar, con 24 años reúne como ninguno todas las cualidades que necesita un piloto de caza: capacidad de reacción, toma de decisiones rápidas a gran velocidad, disciplina de hierro y compañerismo. Durante nueve meses, Torres y sus compañeros apenas han tenido ratos de asueto. Sus jornadas de trabajo y estudio rara vez bajaban de 12 horas al día. Y además de una excelente condición física e intelectual, debieron mostrar el don del instinto de vuelo.
No ha sido por tanto un camino de rosas. Lo que más asusta al común de los mortales es pensar que estos pata negra españoles vuelan a 1.500 kilómetros por hora en aparatos supersónicos. Que realizan giros y piruetas de tal magnitud y a tal altura que pierden parte de la visión y casi el conocimiento. Es lo que ellos llaman visión túnel, un punto en el que los efectos de la gravedad afectan a la circulación sanguínea de la persona. De ahí que los pilotos de combate vayan ataviados con unos trajes especiales de vuelo que presionan las piernas, glúteos y abdomen para que el cuerpo bombee más sangre al cerebro. En ocasiones se pasa a la visión negra, en la que los reflejos y la formación son el único arma que tiene el piloto para volver a ver con normalidad. En esos segundos de tinieblas, los pilotos aprietan la musculatura para que la sangre fluya y esquive, con ciertos riesgos, la pérdida de conocimiento. En el dulce rostro de Torres no se adivinan estos efectos tan dañinos para la salud. “Estoy muy contenta por haberlo conseguido porque me lo he trabajado, ha sido un año muy duro”, confesó la pasada semana tras recibir la distinción que la acredita como prima inter pares en su promoción. Es más, se siente orgullosa de su condición de mujer y piloto de caza. “Espero que esto realmente valga para algo, que se animen las mujeres porque parece que estamos un poco lejanas y no nos decidimos a dar este paso”. Es consciente de que su mundo atrae poco a las féminas pero insiste en que ellas son igual de capaces que los hombres para domar un caza de combate. A ella le viene el oficio de vocación. Con 13 años anunció a sus incrédulos padres que quería ser piloto militar. En una familia sin tradición castrense, esa afirmación debió sonar a sueños de adolescente, pero Torres insistió año tras año en su deseo de ingresar en el Ejército del Aire. Además, se empeñó desde joven en llegar a piloto de combate, pues es lo máximo a lo que aspira un militar de altos vuelos. En un mundo inmortalizado hace veintidós años por el actor Tom Cruise en su película Top Gun, supone todo un soplo de aire fresco ver que el arte en el manejo de los cazas es indiferente a las cuestiones de género. El jefe de la base de Talavera la Real (Badajoz), el coronel Guillermo Vaya, se sumó a esta percepción tras felicitar a Torres y dijo que tiene claro cuál es el futuro de las féminas en este exigente mundo de los cazabombarderos. “Creo que la proporción de mujeres se estabilizará, pero ya se ha logrado romper el esquema de que el piloto de combate es un top gun. La mujer le ha perdido un poco de respeto a esta profesión”.
350 pilotos de combate
Desde su apertura en 1953, esta base pacense ha tenido cada año a los mejores de cada promoción de la Academia General del Aire. Más de 2.000 alumnos han pasado por sus aulas, pero sólo 1.415 han fi nalizado los cursos. De ellos, 350 son pilotos de combate en activo y en sus manos está lo más granado de la aeronáutica militar española, los Eurofi ghter, F-18 y F-15. Durante la formación, los pilotos se familiarizan en este arte con cazas más manejables, los F-5, con sus 15 metros de largo. En una primera fase realizan misiones de tráfi co, acrobacia, instrumentos y formación básica. Para el final se dejan los combates simulados en el aire, misiones a baja altura y lanzamientos en polígonos de tiro debidamente delimitados. En total, Rocío González Torres y sus compañeros realizaron más de 90 horas de vuelo, de las que 45 fueron en simulador. Igual que un caza produce un ruido ensordecedor cuando traspasa la barrera del sonido, este año 2008 ya bien avanzado está dejando un estruendo detrás de otro cuando se habla del papel de la mujer en las Fuerzas Armadas. Al nombramiento en pleno embarazo de Carme Chacón como primera ministra de Defensa, se suman dos aniversarios que han pasado inadvertidos para la opinión pública: los 20 años del ingreso de la mujer en los ejércitos y los 10 años desde que la Academia General del Aire abrió sus puertas a las féminas. En estas dos décadas se ha pasado de una presencia testimonial en los primeros años, al 12,3% del total de las Fuerzas Armadas que hay en la actualidad, con más de 15.000 mujeres repartidas en el Ejército de Tierra (10.000), la Armada (2.300) y el Ejército del Aire (2.700). Poco a poco van subiendo en el escalafón y se espera que la primera general llegue en menos de diez años. Hace unos meses, la teniente de navío Esther Yáñez marcó otro hito al convertirse en la primera comandante española en dirigir un barco de guerra.



