La hora de la verdad

30 / 08 / 2013 10:50 Pedro García
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La delegación de Madrid 2020 llega a Buenos Aires con dos obsesiones: comunicar con eficacia las virtudes de un proyecto prácticamente construido y evitar la palabra crisis.

Hay una palabra que se repite insistentemente en las entrevistas, presentaciones, sesiones y ensayos de la candidatura de Madrid 2020 para la ceremonia final del próximo 7 de septiembre en Buenos Aires. Dos sílabas: “Fiesta”. Quién lo hubiera dicho hace apenas un año, cuando la prima de riesgo y el rescate de Bruselas invadían nuestro léxico y nuestros miedos. Nada que ver con Madrid 2020. A una semana para la elección final, la delegación es puro optimismo. Una burbuja de ilusión que llegado el momento, el próximo 7 de septiembre entre las 17.00 y las 17.30, hora local de Buenos Aires -22.00 en España- puede inflarse hasta explotar de alegría o bien pincharse de nuevo en forma de decepción, esta vez más honda y dolorosa. Fermín Cacho, que acudirá a la ceremonia invitado como “mejor atleta español de todos los tiempos”, lo reconoce sin tapujos: “No quiero ni imaginarme un escenario en el que no nos den los Juegos. Sería dramático para el deporte y para muchos deportistas españoles, gente que tendría que ponerse a trabajar para sobrevivir, si encuentra trabajo, claro, y ya no podrían entrenar ni competir al primer nivel”.

Pero la realidad es tozuda. A pesar de tener el 80% de las instalaciones construidas, haber alejado el fantasma de la crisis aunque sea por unas semanas –“aunque los rivales se encarguen de recordarlo”, matiza Rafa Pascual, coordinador de los deportistas y federaciones deportivas durante el viaje a Buenos Aires–, pasar por el mejor momento de su historia en términos deportivos, acreditar una sobrada experiencia en cuanto a capacidad organizativa, haber completado el 100% de respuesta hotelera exigida por el Comité Olímpico Internacional (COI) y llevar detrás una ciudad meca del turismo y referencia cultural y deportiva mundial, no hay nada, absolutamente nada, dicho.

Es más, dar por hecho eso tan repetido las últimas semanas de que “a la tercera va la vencida” –es la quinta vez que Turquía se presenta y la segunda final consecutiva de Tokio– puede conducir a una decepción con mayúsculas, como le sucedió a París en 2008 y 2012.Tal fue la desilusión gala que la ciudad del Sena postergó su siguiente intento hasta los Juegos de 2024, una fecha redonda para la cultura francesa, ya que se cumplirían 100 años de los Juegos Olímpicos de París de 1924. Aquí, justo en este punto, se dibuja el escenario más complicado para Madrid. Un cruce de caminos con un enorme cartel escrito en letras rojas en medio de la rotonda: “Ahora o nunca”. Porque si Madrid no se lleva los Juegos de 2020 –y decide dar una vuelta de tuerca más– podría encontrarse un rival demasiado cercano geográficamente y de mucho mayor peso a nivel turístico y político como París. Un callejón sin salida.

Gasol y el gurú de Pekín.

Aun así, la confianza es plena. Según explica Rafa Pascual, uno de los jefes del vuelo chárter que despegará de Madrid el próximo día 5 de septiembre con la crème de la crème de la delegación española –a falta de Mariano Rajoy, que viajará a Argentina el día 6 directamente desde la cumbre del G-20 de San Petersburgo–, el equipo “ha ensayado todo una y otra vez para lograr que los que tienen más responsabilidad solo se preocupen de lo suyo: los discursos, los comentarios técnicos, las respuestas...”. Todo debe salir al milímetro –nadie quiere preguntas incómodas como la de Alberto de Mónaco en 2005 sobre ETA– y para eso “llevamos semanas ensayando” junto a todo tipo de ayudantes y traductores –el inglés es pieza básica– para que nada falle. “Estamos cerca –prosigue Pascual–, por eso parte del equipo se ha ido ya a Buenos Aires, porque hay que prepararlo allí, sobre el terreno. La ceremonia no la organizamos nosotros sino el COI, y tiene unas condiciones y unos horarios determinados que hay que respetar y manejar, y para eso también hay que ensayar mucho in situ”.

La sincronización debe ser perfecta. Y los mensajes. Su efectividad. El cuajo y la seguridad con que se formulen. La clave es transmitir ideas y para eso los cien miembros de la expedición, pero sobre todo los actores principales, han contado con el asesoramiento de Terrence Burns, el gurú de moda en lo que se refiere a comisiones olímpicas. El hombre que logró que los Juegos fuesen a parar a Pekín es el encargado de que el plan salga bien, desde las palabras del Príncipe o las de Alejandro Blanco, presidente de la candidatura y del Comité Olímpico Español (COE), hasta el cierre –que ha de ser la guinda del pastel– de Pau Gasol.Escándalos y desencuentros políticos como el de Gibraltar –en el COE no deja de comentarse que alguien muy relevante en el movimiento olímpico advirtió hace unas semanas a Theresa Zabell que la tensión creada alrededor del Peñón no era una buena noticia para la candidatura–, podrían jugar en contra de Madrid 2020. Tampoco ayuda al factor credibilidad que tanto valora el COI la presunta financiación ilegal del PP que ha destapado el caso Bárcenas. A principios del verano, tras un desayuno informativo trufado de mensajes positivos y esperanzadores, los tres miembros españoles del COI fueron preguntados sobre cómo las últimas revelaciones del extesorero podrían afectar a la decisión final. De repente, enmudecieron y se instalaron en el no comment. “Por supuesto, todo lo que sea negativo, influye negativamente”, se limitó a decir la exatleta Marisol Casado.

En todo caso, todos los esfuerzos se centran en Buenos Aires tras un agosto sin aliento entre mundiales de Natación de Barcelona y de Atletismo de Moscú –en ambos se han discutido, acercado y alejado posturas entre candidaturas y representantes federativos–. Todo se decidirá en siete horas frenéticas.¿Qué se decide realmente el día 7? ¿Todo? ¿Detalles? “Hablar de esto es hablar de deporte –responde Pascual- y en el deporte nunca tienes las de ganar. Tenemos la confianza para poder hacer ver a todos los miembros del COI la ilusión y la seguridad que tenemos, pero por lo demás es todo un partido”. Pascual se queda pensativo, como rememorando una de sus finales al frente de la selección española de voleibol. Hasta que recupera el hilo: “Es deporte, y van a influir muchas cosas hasta el último momento. Los que votan son personas que se fijan en muchos detalles. Nos presentamos en una final en las mejores condiciones. Hemos hecho todo para ganar y ahora todo depende del que juegue mejor o de que alguien dé la sorpresa”.

Pascual se agarra a su experiencia y vuelve al símil deportivo: “Como en una final, no hay nada claro hasta que no empiece el partido. Eso sí: Madrid está preparada y vamos por delante. En lo que podemos ofrecer como ciudad y como país. Esa es mi sensación”, reconoce Pascual, que argumenta su optimismo: “No tiene nada que ver con temas económicos ni sociales ni de seguridad [por orden, los puntos débiles de Madrid, Estambul y Tokio]. Todos tenemos nuestros defectos, pero Madrid, y España, por lo que ofrecemos, somos los que menos tenemos: deportivamente contamos con un nivel inmejorable y una larga experiencia en organización de grandes eventos, y además somos los mejores en porcentaje de obra construida, el 80%. Y por si fuera poco, la nuestra es una ciudad incomparable a nivel turístico, a la que se puede llegar gracias al mejor sistema de transporte de las tres candidatas, de eso no hay duda, con restaurantes, capacidad hotelera y cultura de primer nivel”. Una cosa está clara: si el resto del equipo se mete en el papel como Rafa Pascual, Madrid tiene mucho ganado.

La sombra de la crisis.

Puede que Madrid 2020 no tenga el mejor proyecto de la final, pero sí “el mejor de los tres que ha presentado en los últimos años la ciudad”. Esas fueron exactamente las palabras del presidente de la Comisión de Evaluación del COI, Craig Reedie, tras la cita de julio en Lausana (Suiza), donde el príncipe Felipe cautivó a los comisionados con un discurso y unas respuestas improvisadas en un tono personal y emotivo que dejó perplejos a los miembros de la delegación española. La nota de Madrid en el último corte fue la mejor, pero eso no quiere decir nada. Si no, que se lo recuerden a Tokio, la mejor valorada antes de perder los Juegos de 2016 frente a Río de Janeiro, o a París, que perdió los de 2012 tras obtener mejores resultados que Londres.

Una final es una final: vale todo. Theresa Zabell, la regatista más brillante de la historia de España, actual vicepresidenta primera del COE y delegada de Relaciones Internacionales de la candidatura, conoce bien este terreno. Las finales son su vida. “Hemos centrado los esfuerzos en las 108 personas con derecho a voto, y hemos dejado de lado las grandes manifestaciones y eventos y actos populares y públicos, sobre todo porque hoy no hay tanto dinero –explica a Tiempo mientras posa junto a Pascual, compañero de trabajo durante los dos últimos años–, pero Madrid tiene muchos puntos a su favor. Cada ciudad va a jugar sus bazas”. Lo primordial para Madrid, según Zabell, es barrer la sombra de la crisis: “Tenemos que hacer ver que la economía no es un problema, porque nuestros rivales sí intentan hacer ver que lo es; y también comunicar con eficacia que tenemos el 80% de las infraestructuras hechas; pero sobre todo, sobre todos los mensajes, debemos dejar claro que los Juegos de Madrid serían una gran fiesta”.La confianza va por barrios. Más bien, por ciudades. Basta con escuchar al presidente de la candidatura nipona para darse cuenta de lo apretado que va a estar todo: “Tokio 2020 son ese par de manos en las que uno puede confiar a la hora de organizar unos Juegos Olímpicos soberbios en estos tiempos inciertos”. Cerca de 3.300 millones de euros avalan esas palabras. Algo más del doble de lo que faltaría por invertir en Madrid para completar el proyecto olímpico.

El factor negocio.

Unos Juegos son, a pesar de los símiles y las metáforas sobre finales y sudores, un negocio económico y una pieza de influencia geopolítica de unas proporciones que no deben desestimarse. A priori podría parecer que presentarse como los “más sostenibles”, como ha decidido hacer Madrid, podría generar una ventaja comparativa dadas las tribulaciones de la economía global –ha provocadk una mejor recepción entre los españoles y eso es innegable: 76% de apoyo popular dentro de la Comunidad de Madrid y 80% en toda España–, pero la realidad es que frente a los 1.500 millones de euros que necesita la capital española si quiere dejar cerrados todos los flecos pendientes, los 3.300 de Japón suponen un volumen de negocio mucho más considerable.

Queda una semana y todo son especulaciones. Los mentideros olímpicos echan humo. Unos –los menos– dan por hecha la victoria de Estambul gracias a las gestiones de Tayyip Erdogan, primer ministro turco, y otros la de Madrid gracias su aroma deportivo y cultural. Y luego aparece una fuente “bien informada” que lleva años trabajando en el mundo del deporte y asegura que lo de “Tokio está hecho” y que “Madrid se tendrá que esperar a 2024”. Y luego están las casas de apuestas, que miran fijamente a Tokio. La solución, el 7 de septiembre a las 22.oo, hora española. La hora de la verdad para Madrid 2020. El final, o el principio, de todo.

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