Reflotamiento del Costa Concordia, un zombi de los mares
Parece el fragmento enlodado de una mítica ciudad que hubiese asomado a la superficie marina tras siglos de inmersión y de olvido. Todo buque fantasma, al margen de su edad, transmite la sensación de haber sido el lento y milenario patíbulo de varias civilizaciones. Cuando observamos el costado de estribor del Costa Concordia, desfigurado como un leproso, no es extraño que nos asalte la impresión de estar contemplando la reliquia de un holocausto nuclear. Tal es el poder de sugestión de las ruinas. El malogrado crucero ha sido reflotado y enderezado 20 meses después de su naufragio frente a las costas de la isla toscana de Giglio. Su próximo destino, si no surgen más fatalidades, será el desguace. Macabro trabajo espera a un puñado de operarios: desmontar una necrópolis flotante. ¿Qué habrá pasado por la mente de Francesco Schettino, capitán de la nave, al haber visto el siniestro resurgir del Costa Concordia? Es muy posible que su memoria siga naufragando en la noche del hundimiento. Y en esta vida no existe un desguace solvente para las mentes torturadas.



