Protesta en el Congreso, unas pancartas insoslayables
Una protesta donde se mezclan gritos con el bamboleo de unas glándulas mamarias es tan digna de respeto como una manifestación donde se combinen pitos y cacerolazos. Ahora bien, hay sociedades donde enseñar las tetas es como mostrar un catálogo de tuercas y tornillos. Pese a sus inclinaciones mojigatas, España no es Irán ni Egipto, países donde la visión de un pezón femenino puede inducir a los clérigos más obtusos a desear la destrucción de varias capitales europeas. Unas activistas de Femen irrumpieron en el Congreso de los Diputados para proclamar que el “aborto es sagrado”. Se agradece el descaro y la insolencia de estas mozas en una época tan adocenada y sumisa, pero deberían dosificar sus destapes. Puede llegar el momento en que sus desnudos dejen indiferente al personal. El PP calificó de “repugnante” la protesta. Hay gente que se caracteriza por su aversión a la anatomía femenina. Es justo añadir que para que estas chicas puedan defender el aborto, sus madres, aunque solo fuera por un instante, tuvieron que creer que lo sagrado era la vida.



