Paso de Beni Enza, Melilla: “¡Bosa, bosa!”

08 / 04 / 2014 Luis Algorri
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Llevan semanas, muchas veces meses, escondidos en los bosques, en las inmediaciones del Gurugú, muertos de hambre, esquivando como pueden a la Gendarmería marroquí, que los trata sin la menor contemplación. Han vendido absolutamente todo lo que tienen. Han dejado atrás a sus familias, tan numerosas como miserables. Se han organizado para lanzarse por cientos, todos a la vez, contra las vallas metálicas, cuatro veces más altas que ellos. Saben que sus manos y sus pies quedarán hechos una carnicería con las tremendas concertinas. Pero les da igual. Cuando llegan a lo alto de los postes gritan, con toda su furia: “¡Bosa, bosa!”, esto es, victoria. Se juegan lo único que les queda: la vida, y saben que atrás solo les queda la muerte. De eso escapan. Por eso es imposible pararlos y sería imposible también aunque los policías se liasen a tiros con ellos o se les enfrentasen con lanzallamas. No tienen nada que perder y saben lo que quieren: llegar a una tierra donde a lo mejor tampoco hay trabajo, pero sí una cosa que se llama ley: algo que han inventado los blancos y que protege a los seres humanos de la indignidad. Eso es lo que buscan: ser humanos. No hay valla que pueda detener eso. Foto: José Colón / AFP

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