Aniversario del 11-S. El último estirón de Manhattan
Es un rascacielos de 541 metros de altura, el más alto de Estados Unidos. Tiene una doble misión: sepultar la memoria de las desventuradas Torres Gemelas y erguirse como un colosal recordatorio de los 3.000 fallecidos el 11-S. Olvidar y recordar, paradójica tarea. Nueva York albergó hace 12 años un trágico ensayo del fin del mundo. Hay fechas que son algo más que cultura general: son el eje histórico de varias generaciones. Parece difícil que esta torre vaya a despertar grandes entusiasmos, pues no es suficiente erigir un trofeo arquitectónico para aplacar los llantos y los gritos de los fantasmas. En Manhattan aún quedan muchos fantasmas, especialmente en la Zona Cero. Pero Estados Unidos, como toda nación que se aferra al optimismo y a la fe de sus fundadores, es un país que extrae vitaminas del dolor y que sabe utilizar de trampolín el eco y las cenizas de sus mártires. El One World Trade Center de Nueva York se inaugurará el próximo año, pero ya parece estar presentable para ejercer sus labores simbólicas y propagandísticas.



