La fiebre del oro
El 27 de julio la llama olímpica iluminará la ciudad de Londres por tercera vez. Los 282 deportistas españoles participantes buscarán batir la marca de 22 medallas de Barcelona’92 y al mismo tiempo asegurarse sus becas, amenazadas por la crisis.
José Manuel Calderón llega al Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat del Vallés (CAR) directamente desde el aeropuerto del Prat. No ha perdido ni un minuto. Avión, coche y entrevista. Pocas horas antes ha interrumpido su descanso en compañía de su recién ampliada familia en Badajoz para tomar un vuelo con destino a Barcelona. Tiempo le ha convocado para posar junto a otros deportistas de élite que participarán en los Juegos Olímpicos de Londres. La presencia de Calde (Villanueva de la Serena, Badajoz, 1981) revoluciona la rutina de entrenamientos en este inmenso complejo: todos quieren hacerse una foto con el base de los Toronto Raptors, un jugador carismático y un deportista modélico. En apenas siete días su equipo, la selección masculina de baloncesto, junto a Rafael Nadal y a la Rojita -que cuenta en sus filas con tres campeones de la reciente Eurocopa- serán las estrellas de la expedición española que desfilará el próximo 27 de julio en el flamante estadio olímpico de Londres. Sus deportes son los más mediáticos y los que más pasiones despiertan, pero no son los únicos que sostienen el alto nivel deportivo español. Junto a Calderón -y bajo la mirada de Jordi Parra- posan campeones del mundo y de Europa que sueñan con arañar un metal. Todos ellos han consagrado sus vidas al deporte. Todos comparten una obsesión: la fiebre del oro.
“No tengo la suerte de poder ver los deportes que practican porque no siempre los emiten por televisión, pero cuando estemos en la villa olímpica todos seremos un equipo. El respeto es máximo, da igual qué deporte haga el compañero, el trato es entre iguales”. Calderón lo está deseando: llegar a la villa, al lugar en el que todos los olímpicos conviven durante la competición, el hogar donde se debe -aunque muchas veces no se pueda- descansar, concentrarse y refugiarse de los focos: “Es una experiencia soñada, aunque luego es dura. No es un hotel de cinco estrellas, que es a lo que estás habituado cuando participas en otro tipo de competiciones, las habitaciones son pequeñitas, con camas que no favorecen el descanso para los más altos, como nosotros. ¡Imagínate a Pau o a Serge [Ibaka] en una cama de 1,90 cm! La experiencia es increíble, pero no todo es pasárselo bien”, matiza el base, que sueña con vivir la final olímpica contra el Dream Team estadounidense que una lesión le robó en 2008 en Pekín.
La de Londres será la tercera convocatoria olímpica de Calderón y la selección de baloncesto aspira, de nuevo, a alcanzar la ansiada final cuatro años después de igualar en Pekín -en el que es considerado por crítica y jugadores como el mejor partido de baloncesto de la historia- la plata alcanzada por los pioneros de la canasta en Los Ángeles‘84. Y Estados Unidos -con Lebron James, Kevin Durant, Kobe Bryant y compañía- es, como siempre, el rival a batir. “Nos respetan cada vez más. Hemos crecido en cada competición y creo que tenemos mejor equipo que en 2008, porque individualmente todos nosotros hemos mejorado. Ellos también, claro, pero tienen más deberes que hacer para llegar bien a los Juegos Olímpicos”, analiza Calderón. Los deberes de los estadounidenses son cohesionar un equipo formado por los mejores jugadores del mundo, estrellas acostumbradas a rivalizar, y sacar partido a su poderío anotador al tiempo que ocultan su falta de kilos y centímetros, faceta en la que España es, quizá, la mejor selección del torneo. Los chicos de Scariolo, que vivirá sus primeras olimpiadas al frente de la ÑBA, por el contrario son una piña. “Llevamos muchos años juntos y es más fácil y da igual el entrenador que esté en el banquillo, todos sabemos cómo somos cada uno”, subraya Calderón.
Los obstáculos de la crisis.
En las competiciones de los 26 deportes y 36 disciplinas que se disputarán en la capital británica entre el 27 de julio y el 12 de agosto, España contará con representación en 23 de las 30 disciplinas. En total, 282 deportistas que esperan ver recompensado su sacrificio volviendo a casa con un metal colgado del cuello, un diploma bajo el brazo o, al menos, una sonrisa de satisfacción en el rostro. El objetivo no es otro que derribar la barrera psicológica de las 22 presas recabadas en Barcelona‘92, el mayor éxito obtenido por España en unos juegos. Desde entonces, en las siguientes cuatro citas olímpicas los resultados han sido inferiores: 17 en Atlanta, 11 en Sídney, 19 en Atenas y 18 en Pekín.
El marchista Jesús Ángel García Bragado (Madrid, 1969) ha participado en todas ellas, pero nunca ha logrado subirse a uno de los cajones del podio. A sus 42 años se prepara para los que serán sus sextas olimpiadas, una hazaña que le igualará al waterpolista Manel Estiarte y al jinete Luis Álvarez de Cervera. Podólogo de profesión y líder del Partido Popular en la oposición del Ayuntamiento de Sant Adrià del Besòs, sueña con completar un palmarés salpicado de triunfos que le coloca entre los más grandes de nuestro deporte -con cuatro medallas, ninguna olímpica, es el atleta español más laureado en los mundiales de atletismo-. “Soy inconformista por naturaleza y me he preparado para poder arriesgar y pelear por hacer algo grande. Voy a intentar aplicar toda la experiencia acumulada en estos 20 años para que el 11 de agosto [día de la competición de marcha], pueda dar un susto”, advierte Bragado. El deportista madrileño, que lleva toda la primavera y el verano viviendo en una cabaña en el CAR de Sant Cugat del Vallès, donde duerme en una cama hiperbárica, será uno de los deportistas más veteranos de la villa olímpica y es posible que estos sean sus últimos juegos, por eso quiere que la despedida sea por todo lo alto: “Una de las cosas que planteo es culminar la competición diciendo que me retiro y quemando las zapatillas”, bromea.
Pero hay otra barrera que preocupa a los deportistas de élite españoles: de sus resultados en estas Olimpiadas puede depender su futuro profesional. El pasado 2 de abril Miguel Cardenal, secretario de Estado para el Deporte, y Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español (COE), dieron a conocer el importe del Plan ADO de 2012, que sería de 5.397.000 de euros repartidos en 263 becas. De ese importe, lo destinado a los deportistas representa un 54,73% del montante total. A eso hay que sumarle 1.245.000 euros para 69 entrenadores y otros 2.210.000 para planes especiales, según acordó la junta directiva de la Asociación de Deportes Olímpicos (ADO).
Pero los deportistas temen que la crisis acabe con sus ayudas, lo que sería catastrófico para el deporte español en general. No obstante, durante la presentación del presupuesto Cardenal se mostró “seguro” de que se seguirá contando con los mismos recursos. En la misma línea se expresó el presidente del COE, que se mostró “confiado” en la permanencia del Plan ADO: “A nadie se le escapa el ciclo económico, pero tampoco se puede obviar el compromiso y la fidelidad que han mostrado las empresas patrocinadoras”.
García Bragado prefiere pronunciarse con moderación con respecto a la continuidad de las becas. “En el mundo del deporte todos teníamos la sensación de que las vacas flacas iban a venir después de los Juegos, pero la situación es muy grave. Todo dependerá de 2013, cuando se adjudique la ciudad organizadora de 2020. Si sale Madrid, las becas deberán continuar si se quiere mantener el nivel”. Bragado es uno de los 50 atletas -29 hombres y 21 mujeres- seleccionados por el Comité Técnico de la Real Federación Española de Atletismo para disputar estas olimpiadas. En la selección destacan los nombres de otros veteranos como María Vasco -también de marcha-, Carles Castillejo -maratón-, Jackson Quiñónez -110 metros vallas-, Mario Pestano -lanzamiento de disco-, Ruth Beitia -salto de altura- o Natalia Rodríguez -1.500 metros-. Y también la presencia de prometedores debutantes, como la pertiguista catalana Anna Pinero, la waterpolista Jennifer Pareja o la jugadora de ping pong Sara Ramírez.
“Mucha moral”.
Clasificarse para unas olimpiadas es en sí mismo un premio para cualquier deportista, pero lograr que una disciplina compita por primera vez es toda una hazaña. Es el caso del equipo femenino de waterpolo, que disputará por primera vez unos juegos. La capitana de la selección, Jennifer Pareja (Olot, 1984), asegura que su equipo encara los Juegos con “mucha moral” tras vencer a todos sus rivales en el preolímpico. Según la waterpolista, el éxito de esta generación se sostiene en “un equipo muy compenetrado” y en la labor de su entrenador, el dos veces medallista olímpico Miki Oca: “Es una suerte tener de entrenador a alguien como él, que ha sido uno de los mejores jugadores del mundo en su posición”, cuenta Pareja.
Otra estrella en ciernes es Sara Ramírez (Sabadell, 1987), la primera jugadora de tenis de mesa nacida en España que participa en el torneo individual de unas olimpiadas. Su clasificación es histórica y era indispensable para que el equipo femenino al completo pudiera participar en Londres -así lo exige el reglamento-. Sus otras dos compañeras son Galia Dvorak, nacida en Ucrania en 1988 y de padres exdeportistas de la URSS, y Yanfei Shen, nacida en China en 1979, que obtuvo la nacionalidad española en 2008. Ramírez cogió por primera vez una pala a los seis años, animada por su hermano mayor, Rafael, que rápidamente se convirtió en su entrenador. “Dijo que sería campeona de Europa y, bueno, lo consiguió”, recuerda Ramírez, que a los 12 años aterrizó en el CAR y después vivió en Italia y en Alemania dedicada a este deporte, buscando patrocinios, lugares de entrenamiento y, lo más difícil, sparrings contra los que competir para ser cada vez mejor. “Creo que en Londres podemos hacer algo en la competición por equipos”, explica.
Erika Villaécija (Barcelona, 1984) sabe que en la capital británica los deportistas españoles se juegan mucho más que la gloria deportiva: la continuidad de una beca indispensable para seguir compitiendo al máximo nivel. “Hacer un buen papel en los Juegos es, más que nunca, un objetivo clave para muchos deportistas”. Los de Londres serán los terceros de esta nadadora, especialista en la prueba de 800 metros estilo libre, en la que ha logrado sus mayores éxitos: oro en el Mundial de piscina corta de Dubai en 2010 y en el Campeonato de Europa de 2004 en Madrid. “Mi sueño desde que era pequeña es una medalla olímpica. Espero que esta vez sea la buena”, expresa. Y en esta ocasión se lo ha propuesto por partida doble: participará en los 800 y en la competición en aguas abiertas, que se celebrará en el lago Serpentine de Hyde Park: “Será muy diferente de la piscina, sobre todo por los golpes y los codazos, pero también por la temperatura del agua, que estará bastante más fría”.
Donde está el talento.
El joven Joel González (Figueras, 1989) será otro novato olímpico, pero su proyección es espectacular: a sus 22 años ha sido dos veces campeón del mundo y una de Europa en la categoría de 58 kilos. Y cuenta con el apoyo y el consejo de una veterana, Brigitte Yagüe (Mallorca, 1981), que encara su segunda cita olímpica después de Atenas 2004. El palmarés de esta taekwondista la coloca entre las mejores del mundo en su categoría (menos de 49 kilos): tres veces campeona del mundo y cuatro de Europa. Ambos aseguran que preparan la competición “como cualquier otro” campeonato del mundo: “Si te pasas el día pensando en los juegos, no entrenas como debes”, zanja Yagüe. Juntos aspiran a medalla y continuar la senda marcada por Gabriel Esparza en Sídney, el único taekwondista español en subirse a un podio olímpico. Entre los dos tratan de definir qué hace especial a un deportista: “De partida hay que tener un talento innato. Si no, cualquiera podría ser como Messi entrenando muchas horas. Pero también depende del apoyo psicológico y del entrenamiento. ¿Por qué Nadal es tan bueno? Porque a nivel psicológico es una roca”, opina Yagüe. Y esa roca tan admirable será el estandarte de la Armada española en Londres: el líder de una expedición que lleva cuatro años soñando con este momento.

