La familia Suárez, pendiente del testamento

07 / 04 / 2014 Antonio Rodríguez
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El hijo mayor podría reclamar el ducado de Suárez si el expresidente del Gobierno le hubiera cedido el título en sus últimas voluntades, un texto redactado antes de la ley de 2006 que acabó con la discriminación por sexo.

Adolfo Suárez dejó escrito un testamento cuando estaba en plenitud de facultades que será abierto en los próximos días o semanas en presencia de sus hijos y familiares, según indicó un miembro de la familia a Tiempo tras el funeral de Estado que se celebró en la catedral de la Almudena.

Las herencias pueden dar paso a disputas familiares y, en este sentido, la próxima lectura del testamento puede complicar la sucesión al ducado de Suárez, concedido por el Rey al expresidente en febrero de 1981, pocos días después de dejar La Moncloa, “por su abnegación, tacto y prudencia al servicio de la reconciliación de todos los españoles”.

La modificación de la ley sobre títulos nobiliarios en 2006, durante el primer Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, impide desde entonces cualquier discriminación por razón de sexo a la hora de heredar un título. Ello supuso que Alejandra Romero Suárez, hija de Mariam, la primogénita del expresidente y fallecida en 2004, pasase a ser la heredera del ducado en detrimento del que hasta entonces tenía esa condición: Adolfo Suárez Illana, primer hijo varón del expresidente y su esposa Amparo.

Un caso especial.

Ahora bien, si el expresidente dejó por escrito en su declaración de últimas voluntades que su vástago mayor le sucediese en el título nobiliario –lo lógico en el momento de la redacción del testamento–, ello podría ser utilizado por Adolfo hijo para reclamar el título para sí, aunque es difícil que tuviese éxito en su empeño. Ese paso le llevaría a enemistarse con su sobrina y buena parte de su familia.

Este asunto tiene varias particularidades que lo hacen especial. En primer lugar, el hecho de que Suárez fuese “el  concesionario de la merced” del ducado y el primer poseedor del título. Tal condición le permitía en vida, con el beneplácito del Rey, el elegir qué persona le debía suceder, fuese hombre o mujer, por lo que una elección de este tipo no entraría en colusión con la ley de 2006 –comúnmente llamada ley Ágatha Ruiz de la Prada, porque la diseñadora fue la primera beneficiada, al heredar el marquesado de Castelldosríus y la baronía de Santa Pau– y que puso fin a la discriminación por motivos de sexo.

¿Cómo se hace uso de esta prerrogativa? Para ello es necesario enviar una solicitud expresa al Rey, que es quien en última instancia tiene la potestad de permitirlo o no. Por ejemplo, Salvador Dalí no quiso que nadie le sucediese como marqués de Pubol. Se sabe que el expresidente de Gobierno no utilizó esta fórmula en vida antes de que el Alzheimer le invadiese por dentro. Sin embargo, ¿qué ocurriría si en el testamento se menciona al que por entonces iba a heredar el ducado?

“Ese testamento anterior a la ley tendría fuerza moral para las reivindicaciones de Adolfo hijo”, subraya a esta revista Javier Timermans, marqués de Villapuente y experto en Derecho Nobiliario. “En ese supuesto habría una sombra de duda (sobre la sucesión al ducado) y, como decimos los abogados, habría caso”, sentencia.

Suárez Illana tendría entonces dos vías para reclamar el título de su padre: la administrativa y la judicial. La primera  obligaría a la Diputación de la Grandeza, al Consejo de Estado y al Ministerio de Justicia a emitir informes no vinculantes sobre la controversia. Tras ello, el Rey tendría que tomar una decisión, aunque las fuentes consultadas dan por seguro que “no se mojaría” en este asunto tan controvertido y mediático.

La vía judicial sería más complicada para el que litiga. El caso lo asumiría un juzgado de lo civil y luego habría dos instancias superiores para apelar: la Audiencia Provincial y el Tribunal Supremo. Como no se sabe lo que hubiera opinado Suárez en 2006 tras la modificación de la ley sobre títulos nobiliarios, la “lógica judicial” sería ampararse en la nueva legislación y dar la razón a Alejandra Romero.

La supuesta misiva al Rey.

Adolfo hijo envió supuestamente una carta al Rey en 2009, justo cuando su sobrina iba a cumplir los 18 años, la mayoría de edad, solicitándole que el ducado recayese en él. Para ello argumentó que ese era el deseo de su padre y echó mano de jurisprudencia del siglo XIX y XX, incluyendo la Pragmática de Carlos IV que regula el Derecho nobiliario y las leyes de Toro, que los Reyes Católicos fijaron para las sucesiones.

Presentó, asimismo, las declaraciones ante notario de cinco personas –su hermano pequeño Javier; el exministro y marqués de Mirasol, Jaime Lamo de Espinosa; la marquesa de Cortina, María Isabel Gómez-Acebo; uno de los ayudantes personales del expresidente, Inocencio Hernández; y el exjefe de la Casa del Rey Fernando de Almansa– que apoyaban su tesis. Sin embargo, hay dudas sobre la veracidad de la carta publicada parcialmente por el diario Público, a pesar de que en la misma se utiliza con acierto el lenguaje jurídico de las instancias nobiliarias que se envían al Ministerio de Justicia o a la Casa Real.

El propio Adolfo hijo nunca ha asumido la autoría de dicha carta. En Zarzuela no se confirma la recepción de la misma y al menos dos de las cinco personas incluidas en la misiva al Rey niegan a esta revista el haber dado su consentimiento para aparecer en ella o haber realizado las declaraciones ante notario que se les adjudican. Además, de ser cierta la iniciativa de Suárez Illana, no tuvo ninguna posibilidad de prosperar porque únicamente su padre podía argumentar la petición. Y en 2009 ya estaba completamente incapacitado por culpa del Alzheimer.

Dentro de la familia Suárez se insiste en que no ha habido peleas por este asunto en los últimos años. “No tiene vuelta de hoja. Cuando se cambió la norma dijimos en la familia que había que cumplirla, no discutirla”, explica Aurelio Delgado, cuñado del expresidente y uno de los ayudantes más próximos a este durante la vida pública del político abulense. Por un lado, reconoce que la reacción inicial de Adolfo hijo ante el cambio de la ley en 2006 pudo ser “humana y lógica” porque su comportamiento con Suárez padre “ha sido extraordinario, exquisito, intenso”, fruto de la continua atención que ha tenido con él desde que la enfermedad dio sus primeros síntomas en 2004. Por el otro, subraya la afinidad que tenía el expresidente con Mariam, su hija mayor.

“Mariam ha sido la persona de mayor confianza de su padre, la predilecta por su equilibrio, su rigor y por ser una persona muy responsable”. Su hija Alejandra, que en la actualidad tiene 24 años, heredó las cualidades de Mariam:  “Es estudiosa, responsable, reservada e introvertida por todo lo que ha sufrido, pero no tímida, y el hecho de que fuese la nieta mayor de Suárez hizo que le tuviese gran cariño desde su niñez”, resume Delgado.

Hay un dato biográfico que muestra la implicación de Alejandra Romero Suárez en el legado de su abuelo. Cuando varios excolaboradores del presidente del Gobierno pusieron en marcha en 2008 la Asociación para la Defensa de la Transición (ADT), que vela por los valores de concordia y consenso de este periodo y por lo que Suárez defendió, se invitó a Adolfo hijo a entrar en el comité ejecutivo como representante de la familia. Suárez Illana declinó el ofrecimiento con el argumento de que temía que se utilizase el nombre de su padre en vano. Pasados unos años, a finales de 2012, se hizo la misma proposición a Alejandra Romero y ella aceptó. La nueva ejecutiva fue recibida en audiencia por el Príncipe de Asturias a principios de marzo de este año y don Felipe tuvo ocasión de contar a Alejandra cómo fueron aquellos años de niñez en los que los hijos de los Reyes y del matrimonio Suárez-Illana jugaban juntos.

Relevo generacional.

El objetivo de la ADT, según explicaron varios de sus miembros a Tiempo, es que Alejandra Romero sustituya en la presidencia de esta asociación al exgeneral Andrés Casinello “dentro de uno o dos años”, para así dar paso al relevo generacional y que los valores que defiende la ADT “perduren en el tiempo”.

Para entonces es muy probable que ella sea ya la segunda duquesa de Suárez, pues no ha dado muestras de querer renunciar al título en beneficio de su tío Adolfo. La nieta mayor del expresidente tendrá que tramitar ahora una petición al Ministerio de Justicia, y dirigida al Rey, en la que solicite la sucesión al título. En ella deberá aportar la partida de defunción de su abuelo y de su madre, así como un esquema del árbol genealógico documentado en el que aparezcan Suárez padre, Mariam y ella misma.

Los sucesores suelen tardar unos meses, no más de un año, en hacer este trámite, que requiere el visto bueno de la Diputación de la Grandeza, del Ministerio de Justicia y, en último término, del Rey. Es una forma de guardar luto por el difunto, según recuerda Javier Timermans. El plazo máximo para reclamar un título nobiliario es de cinco años. Si se sobrepasase ese tiempo, el título caería en caducidad, según la terminología nobiliaria, y habría que rehabilitarlo.

En cuanto a la apertura de un testamento, hay un plazo de 15 días después del deceso para solicitar el certificado de últimas voluntades. En ese documento es donde se indica qué testamentos había y cuál es el último. Tras ello se va al notario donde se ha testado y se pide una copia del testamento para su lectura ante los hijos y familiares. Por lo tanto, la apertura del testamento se puede producir 20 días después del óbito.

Teniendo en cuenta que Suárez falleció el pasado 23 de marzo, ese plazo para conocer las últimas voluntades del primer presidente de la democracia se cumplirá en el transcurso de esta semana.

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