La difícil conversión del senador Goioaga
Histórico abogado de ETA, encarcelado en 2009, el senador que hoy rechaza la violencia vuelve a la actualidad tras el registro de su despacho en una operación antiterrorista.
Era quien movía los hilos entre los presos y ETA. Venía con las órdenes concretas, era quien, al menos conmigo, Kubati y alguno más, decía cuándo había que hacer huelga de hambre”. Así recibía hace un año el exetarra José Miguel Latasa a Íñigo Goioaga, que acababa de recoger su acta de senador por Bildu. Le recordaba como unos de los abogados de presos de ETA que durante años se ocupó de mantener la disciplina en las cárceles. Latasa, desvinculado ya de la banda, ponía el grito en el cielo por que el histórico abogado de ETA se sentara ahora en un escaño en el Senado. No fue el único. UPD utilizó esta carta para pedir a la fiscalía que instara a procesarle por pertenencia a organización terrorista.
Pasado el revuelo de su llegada al Senado, Goioaga ha vuelto a ser, un año después, noticia relacionada con ETA. Su despacho profesional fue registrado dentro de la misma operación policial contra el presunto frente jurídico de la banda llevada a cabo el 8 de enero y en la que fueron detenidas Arantza Zulueta y otras siete personas. Fuentes policiales aseguran que la operación, “no iba contra él”, pero que se decidió registrar su despacho al saberse que los otros abogados y mediadores del colectivo de presos habían aprovechado el tiempo que medió entre que Interior difundió la operación y el inicio de la misma para esconder material en su despacho. Pensaban que, al ser senador, la Guardia Civil no entraría allí, apuntan fuentes policiales, que aclaran que su condición de miembro del Senado no lo impedía. Sí era imposible que, en tanto que abogado, la policía registrara su despacho sin estar él presente. Goioaga aprovechó para desaparecer y retrasar dos días por incomparecencia un registro que en una rueda de prensa posterior denunció como “ilegal”. Aún se desconoce el contenido de las cuatro cajas que se sacaron de su despacho, anexo a otros donde se encontraron pendrives, documentos de estrategia de ETA o camisetas con el organigrama de la banda.
Goioaga no fue detenido en una operación que tampoco ha tenido repercusión en el Senado, donde no se ha recibido indicación alguna para que se permita el registro de sus dependencias o para iniciar un procedimiento por el que pudiera perder su inmunidad parlamentaria.
Sin embargo, la redada supuso una especie de regreso al pasado para el senador. Quienes le conocen y trabajan cerca de él no dudan en asegurar su compromiso con el fin de la violencia y su apuesta por vías meramente políticas. Pero sobre él también pesa un pasado muy cercano a ETA, como el que recordaba en su carta el exetarra Latasa.
Fuga en helicóptero.
En el entorno aberzale se le define como un “abogado profesional”, pero lo cierto es que durante años defendió a presos de ETA y estuvo cerca de organizaciones sucesivamente ilegalizadas como Gestoras Pro Amnistía, Askatasuna y Herrira. En junio de 2009, ingresó en prisión acusado de colaborar –como buzón de ETA- en el frustrado plan de fuga de la cárcel de Huelva de dos presos, que pretendían huir a Portugal utilizando un helicóptero. Veinte meses después, Goioaga salió de la cárcel pagando una fianza de 60.000 euros y con la obligación de presentarse en comisaría una vez a la semana.
Pasados los años, y como tantos otros en el entorno de ETA, Goioaga migraría hace posiciones más pacíficas, al denominado “posibilismo”. Así lo asegura otro parlamentario aberzale que afirma que el senador “estaba desde hace años en desacuerdo con las actividades armadas” y en “posiciones contrarias” a las de su compañera de despacho, Arantza Zulueta, considerada en el entorno de la lucha antiterrorista la “talibana de ETA” y uno de los principales obstáculos para el avance del proceso del final del terrorismo. Zulueta sería la encargada de mantener la disciplina entre los presos de ETA, una actividad a la que Goioaga también estuvo dedicado hace años, y sería el enlace entre la dirección de ETA y sus presos. El juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco decretó prisión incondicional sin fianza para ella y otros siete miembros del frente jurídico detenidos en la operación de Bilbao, por integrar presuntamente el “frente de cárceles” de ETA, que, puntualiza el juez en su auto, no está disuelta.
¿Se parece Goioaga a Zulueta? “Cada persona es diferente, hay muchas diferencias con Goioaga respecto a años pasados. Es una trayectoria muy distinta entre las dos personas”, apuntan fuentes aberzales cercanas al senador.
Mientras Zulueta continuaba presuntamente con su papel de mediadora entre ETA y los presos y como encargada de mantener la disciplina que marcaban los duros de la banda, a Goioaga le bastaron apenas dos años para reconvertirse a la vía puramente política. Salió de prisión en 2011 y en enero de 2013 se convertía en uno de los tres senadores designados por el Parlamento vasco, en su caso, por elección de Bildu. Las fuentes de esta formación no han sabido decir quién patrocinó a Goioaga para mandarle al Senado, aunque es seguro que no fue Laura Mintegui, la candidata independiente y fuera de toda sospecha con que EH-Bildu se presentó a las elecciones vascas de 2012, hoy portavoz del grupo parlamentario en la Cámara de Vitoria y con la que no tiene apenas trato. La elección correspondió a la Mesa Política de Bildu, que integra a representantes de Eusko Alkartasuna, Alernatiba y otras formaciones aberzales. “La decisión se tomó por unanimidad”, se limitan a indicar.
Cómodo en su escaño.
Como es habitual en el Senado, Goioaga prefirió asumir su acta, no en el Pleno del Senado frente a una Constitución, sino ante notario, en Bilbao. A partir de entonces, en Madrid hace vida de parlamentario “normal”. Frente al carácter huraño y retraído que se atribuye a Zulueta, Goioaga aparece como una persona “afable” y “graciosa”, con su punto de “humor vasco”. A pesar de los años que pasó instando a presos de ETA a no acogerse a las medidas individuales de reinserción y redención de pena que ofrecía el Estado de Derecho, Goioaga parece ahora cómodo en su escaño. Acude al Senado “puntualmente”, más que senadores de otros grupos, dice un compañero, y tiene una relación fluida con el resto de senadores del Grupo Mixto, al que pertenece, no solo de Amaiur, también de IU, de Foro Asturias y Coalición Canaria. Así quedó patente en el piscolabis organizado antes de Navidad en las oficinas del grupo. Cada uno llevó algo de su tierra, y junto a los senadores de Amaiur –marca aberzale para las elecciones generales–, Goioaga se encargó del vino y las anchoas.
Tampoco tiene inconveniente en recordar cómo fueron los 20 meses que permaneció preso ni en hablar sobre las torturas que él está convencido que sufren los presos de ETA. De hecho, este es el único tema del que se ha ocupado en este año como senador. Su actividad parlamentaria no destaca precisamente por su abundancia. Mientras que senadores de Amaiur acumulan decenas de iniciativas. Goioaga, que es portavoz en la Comisión de Justicia, solo ha presentado una pregunta oral en el Pleno, en mayo pasado, para saber si el Gobierno pensaba corregir los hechos denunciados en un informe del Comité Europeo para la Prevención de la Tortura que evidenciaba malos tratos a presos en cárceles españolas. Queriendo o sin querer, el senador Goioaga trabaja desde su escaño por lo que pasa en las cárceles, una de las principales preocupaciones de ETA.



