La detective que busca a Madeleine

22 / 02 / 2008 0:00 Nuria Varela
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Está al frente del `ejército´ de investigadores que rastrea el mundo para encontrar a Madeleine McCann. Marita Fernández está convencida de que la niña está viva y se encuentra en manos de una red de pederastia.

Está agobiada, impresionada incluso, por la repercusión mediática de todo lo que tiene que ver con la pequeña Madeleine. Marita Fernández, directora de Método-3, la agencia española de detectives contratada el pasado mes de septiembre por los McCann para encontrar a su hija, ha dicho a su entorno que nada de entrevistas. El detonante ha sido la publicación en todo el mundo de unas declaraciones atribuidas a su hijo, el investigador Francisco Marco, sobre que la pequeña Madeleine estará en casa por Navidad. Marco sólo había expresado su deseo, ni mucho menos que fuese a hacerse realidad. “¡Ojalá! Para eso estamos trabajando, pero si supiéramos dónde está, ¿alguien cree que esperaríamos a Navidad para encontrar a la niña?”, aseguran desde la investigación.

Pero, ¿quién es la directora del verdadero ejército de investigadores que rastrea medio mundo en busca de la pequeña de 4 años que desapareció de su habitación en un hotel del Algarve portugués el pasado 3 de mayo, cuando estaba de vacaciones con sus padres? Marita fue quien cerró el contrato con los McCann con la certeza de que los padres –acusados por algunos medios de comunicación– no tienen nada que ver en la desaparición de Madeleine y, también, convencida de que la niña está viva, puesto que su agencia no está preparada para encontrar un cadáver. Su trabajo se centra en el seguimiento de pistas y de información para acercarse a los hechos. En este caso, con una única tesis: que la pequeña está en manos de una red de pederastia.

La historia de Marita Fernández se inicia en la montaña gallega –“soy gallega de la Costa da Morte, celta-celta, labradora, aldeana. Hasta los 9 años guiaba las vacas, y no es una metáfora”– y desemboca en 1985, cuando Marita crea la agencia de detectives Método-3, hoy día con una media de 2.000 expedientes al año. Antes de Método-3 Marita fue, desde los 9 y hasta los 19 años, emigrante en Argentina. Regresó a España con una beca de estudios, pero la casualidad hizo que antes se fuera a trabajar a la vendimia francesa: “El primer día pensé que nunca más podría volver a ponerme en pie, pero aguanté dos meses y gané una pasta. De regreso, pasé por París, fui a Dior y me compré un vestido. Aún lo conservo. Es un fetiche”.

De la moda a la investigación

Tras la vendimia y la parada en París, Marita llegó a Barcelona –también por casualidad, asegura–, conoció a su marido, se enamoró, se casó y se puso a trabajar. “Me casé locamente enamorada, pero siempre me sentí libre. Yo ejercía mi forma de sentir y vivir. No me dañé nunca”. Su primer trabajo fue en una peletería de lujo. “Entré sin tener ni idea, pero al poco tiempo mi jefe se quedó viudo y medio loco, así que me encontré dirigiendo una empresa con más de cuarenta trabajadores”. La moda y todo lo que la rodeaba llegaron a cansarla, “era fantasía y locura, sentía que yo no pertenecía a ese mundo”. De nuevo el azar hizo que un amigo le ofreciera ser comercial de su empresa de detectives. “Comencé a visitar clientes y me di cuenta de que tenía una enorme capacidad para eso y que la gente confiaba en mí. Además, los libros de espías y de detectives eran mi lectura de cabecera desde jovencita. Con ese trabajo descubrí mi verdadera vocación”.

En los libros que Marita leía los detectives trabajaban para grandes empresas, compañías de seguros. Le contó la idea a su jefe, pero él no veía más allá de sus clientes: las parejas y sus infidelidades. “Así que le dije que en cinco meses me montaba mi propia empresa. Él se rió. Yo lo hice. Comencé a visitar las compañías de seguros, luego las farmacéuticas, la patronal en investigación de patentes... Era algo muy nuevo y les demostré que mi trabajo era importante para sus negocios. Ahí está el inicio de Método-3. A partir del segundo año supe que sólo eres si tienes un equipo. Los otros detectives se reían de los que comenzaron a formarlo porque tenían una jefa mujer. Pero puedo asegurar que la mayoría aún sigue a mi lado o con sus propias empresas trabajando conmigo”.

Una historia de amor

Para Marita Método-3 es “una historia de amor, ni más ni menos” y asegura que nunca soñó con crear todo lo que ha creado, pero eso no la hace sentirse más grande: “De lo que me siento profundamente orgullosa es de dónde vengo y de mi descendencia, mis hijos y mis nietos. Triunfar es luchar contra los elementos. Mi abuela y mis tías tenían esa capacidad. Aún hoy, cada vez que voy a mi tierra, veo a esas mujeres sacrificadas, que cuando se les muere el primer familiar se visten de negro y no se sacan nunca más el luto del cuerpo. Yo creo que se les enluta el alma. Se convierten en algo que sólo trabaja y piensa en cómo sacar adelante su familia. Ésa es la mujer gallega de la montaña de donde vengo. Yo lo he ejercido en una gran ciudad, como empresaria, en un trabajo ilustrado, pero soy eso: una labradora que cuida su tierra”.

Método-3 se dedica a investigar el robo de patentes, el uso fraudulento de marcas, la falsificación de productos... Para Marita Fernández cada caso nuevo es el relevante del momento: “Las neuronas a mil por hora, todo se pone en marcha, éste es un mundo de sueños”, asegura. Marita no quiere hacer ninguna declaración respecto a Madeleine McCann, pero quienes la conocen aseguran que se ha implicado profesional y emocionalmente y que está empeñada en investigar, salga lo que salga.

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