La contienda vista por el resto del mundo

12 / 07 / 2011 12:50 Silvia Gamo
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Los países europeos posaron sus ojos en España. Constituyó el experimento perfecto para lo que vendría después: el enfrentamiento de dos ideologías totalitarias y enfrentadas entre sí: fascismo y comunismo.

El dictador Francisco Franco con Il Duce, Benito Mussolini.

Un ensayo de lo que vendría después. Un mito entre el folclore y la valentía. Un partido disputado por dos bandos, del que querían apoderarse las ideologías dominantes de la segunda mitad del siglo XX, comunismo y fascismo. Esta es, grosso modo, la visión que se tuvo de la guerra civil española en el resto de los países europeos y en Estados Unidos.

La contienda se produjo justo en medio de dos guerras mundiales. Un periodo bélico del que España no participó directamente pero por el que sí estuvo influida. “Era como un clima virtual de conflagración en Europa y España era el volcán que está debajo de todo el magma en ebullición”, asegura la profesora de Relaciones Internacionales de la UNED Paloma García Picazo.

En ese volcán en erupción España fue el ensayo, la prueba donde cada una de las ideologías en liza, el fascismo y el comunismo, trataron de medir sus fuerzas. “El ascenso de las ideologías totalitarias ensaya en España una serie de elementos. En cierto modo, nuestra guerra es mitificada. Por un lado se considera un combate ideológico de la Unión Soviética y su ideología dominante, el comunismo. España se convierte en la punta de lanza de la revolución soviética y de su expansión internacional, que ve en los republicanos su oportunidad. Por otro lado, los regímenes de tipo fascista, repartidos por toda Europa, desde Ucrania a los Países Bálticos, no quieren dejar pasar la oportunidad y tratan de hacer lo propio en el bando nacional”. Así, cada uno de los países vecinos, dependiendo de su ideología, posan sus ojos en España esperando la victoria de su régimen.

Mito romántico y leyenda negra.

Por otro lado, también hay una visión romántica y mítica de la guerra civil española, que está plagada de estereotipos de héroes románticos fruto, explica García Picazo, de la famosa leyenda negra de España. “España arrastra desde hace cinco siglos esta famosa leyenda, es vista además como una singularidad dentro de Europa, como algo exótico, llena de estereotipos: las corridas de toros, los gitanos, los extremos. Hay frases acuñadas en Europa, por ejemplo en Alemania, donde cuando se dice que alguien es muy orgulloso se dice que es como un español, se le considera romántico, arrogante, orgulloso, colérico y con un altísimo sentido del honor”, sostiene esta experta en relaciones internacionales. Esa es la imagen del español de entonces, de la que tampoco se libran los combatientes en la guerra.

Un caso curioso es la percepción que tuvo Estados Unidos de la guerra española. Por un lado, fue contada en primera plana por algunos corresponsales de excepción como Ernest Hemingway. Los estadounidenses disponían de información de primera mano sobre lo que sucedía en España. Además, los liberales norteamericanos veían como muy buenos ojos la República española, como demostraron sus primeros apoyos a las fuerzas de este bando, en detrimento del bando nacional. La situación económica de España antes de la guerra había sido relativamente buena, porque se mantuvo neutral durante la Primera Guerra Mundial y experimentó un potente desarrollo industrial. La simpatía de los estadounidenses se mantuvo a lo largo de la contienda e incluso en los años posteriores, como recuerda la profesora de la UNED, “por ejemplo, en las magníficas relaciones que mantuvo EEUU con el PNV en el exilio, porque les consideraban una fuerza de progreso”.

Sin embargo, del estereotipo inicial se pasó a la cruda realidad. La amarga guerra se cobró miles de vidas y dio paso a una larga dictadura, cuya primera consecuencia para cientos de españoles fue el exilio. Ese exilio también contribuyó a cambiar la imagen que se tenía de España y a crear una brecha entre la historia contada dentro y fuera de España.

El enemigo menor.

Pasó de ser un ensayo a algo real que tuvo consecuencias en el resto de los países. Según García Picazo “primero, porque Franco y el bando nacional se sintieron los vencedores morales. Luego, por todos los exiliados y los desterrados que acabaron llegando a otros países con su experiencia del destierro y de la guerra, además de todos los corresponsales. Tercero, porque los republicanos españoles pasan a formar parte o bien de la resistencia frente al nazismo o incluso van directamente a los campos de concentración”. Este fue el caso del recientemente fallecido Jorge Semprún, que sobrevivió al campo de concentración de Buchenwald, en la ciudad alemana de Weimar.

La Segunda Guerra Mundial cambió el foco de atención sobre España. Las potencias mundiales, enzarzadas en la crudeza del conflicto, dejarían a un lado su interés por la contienda bélica española y por el régimen instaurado por su vencedor. España, en la órbita de la Italia de Mussolini, pasó a un segundo lugar. Era el enemigo menor.

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