La baza de la edad
El Partido Popular cree que el envejecimiento progresivo del censo electoral beneficia a Mariano Rajoy frente al resto de candidatos más jóvenes.
Cuando Mariano Rajoy concurra a las próximas elecciones generales ya habrá cumplido 60 años. Frente a él tendrá toda una pléyade de candidatos mucho más jóvenes con la sola excepción de la líder de UPD, Rosa Díez, de 62 años, que ha dejado la puerta abierta a no volver a presentarse. Rajoy se enfrentará a cabezas de lista que, como Pablo Iglesias, de Podemos, o Alberto Garzón, de Izquierda Unida, no habrán alcanzado todavía los 40, mientras que los posibles aspirantes del PSOE, tanto si presenta a su actual líder, Pedro Sánchez, como a Susana Díaz, habrán entrado por poco en esa década de los 40.
En definitiva, Rajoy será prácticamente el único candidato a la reelección –sin que el PP presente un rostro nuevo– y de una considerable edad en un país que tiene afición por jubilar a su clase política en plena madurez, lo que bien puede ser un inconveniente que sumar a los muchos que se va a encontrar el partido del Gobierno en estos comicios o una ventaja de la que intentar sacar provecho, que es en lo que está Génova.
Para empezar, no parece que solo Rajoy cumpla años sino que también lo hace una población cada vez más envejecida como es la española. Según los análisis internos que maneja el PP, más de la mitad del censo electoral para las próximas elecciones generales habrá superado la frontera de los 50 años y en eso confían para que su candidato, lejos de provocar rechazos, genere más proximidad y más certidumbres. Por un lado, entienden que los 60 años del líder popular no serán vistos como una edad muy provecta. También creen que ese segmento del electorado no apuesta por “aventuras inciertas” como, a su juicio, supondría depositar su confianza en Podemos, sino por los partidos de factura más clásica, sean ellos o el PSOE.
Ya en las elecciones generales de hace cuatro años fue muy numeroso el porcentaje de censo que superaba los 50 años, en concreto, más de 16 millones y medio de españoles de un total de 35.779.208 ciudadanos con derecho a voto. Se trabaja con la hipótesis sociológica de que la edad hace más conservador al votante. Al menos ese es uno de los aspectos en que se apoya el sociólogo Pedro Arriola para defender que, pese a todas las dificultades, el PP sigue a la cabeza de las preferencias ciudadanas, tal y como aseguró a la cúpula popular el pasado día 10 de enero durante un retiro espiritual en el Parador de Toledo.
El gurú de cabecera de Mariano Rajoy señaló que, frente a otros sondeos que dan como ganadora a la formación de Pablo Iglesias, Podemos, el PP está cerca del 30% de los votos –en torno a un 27% o 28%– seguido a dos puntos por Podemos y a unos cuatro por el PSOE, que sigue perdiendo así la hegemonía de la izquierda. Fuentes asistentes a esa reunión insistieron en que los estudios demoscópicos de Arriola –que maneja tanto sondeos propios como ajenos, entre ellos los del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)– “dan la victoria al PP”, aunque lo cierto es que parece tratarse más de un triple empate técnico, dado el margen de error muestral de todos los sondeos, independientemente de que exista una ligera ventaja de los populares.
En cuanto a locales y autonómicas, la traslación de los resultados plantea hipótesis preocupantes para el Partido Popular, que puede ganar en el cómputo final de votos pero perder un buen puñado de Gobiernos si no reedita mayorías absolutas, algunas de ellas, casi imposibles. Ni siquiera el optimismo del optimista Arriola disuadió a muchos dirigentes de ese Comité de Dirección del convencimiento de que mayo puede ser una especie de Waterloo en términos de pérdida de poder territorial, de la que aún no se sabe quién acabará beneficiándose. La dificultad radica en que esa consulta es una especie de primera vuelta de las generales, que se celebrarán unos meses después, por lo que, si hay batacazo, no se cuenta con mucho tiempo para intentar recuperarse.
La clave económica.
En todo caso, Arriola se mostró convencido de que el tiempo “corre a favor del Gobierno” dado que los signos de recuperación económica serán más evidentes conforme pasen los meses y eso se verá tanto para las generales como para las locales y autonómicas. En este punto, el Ejecutivo espera “muy buenos” datos de empleo para los meses de marzo y abril, justo los anteriores a la cita del último domingo de mayo, y cree que el crecimiento para este año estará en torno al 2,5%, medio punto por encima de la previsión gubernamental. De hecho, buena parte de la reunión del sanedrín del pasado día 10 estuvo centrada en el análisis de la evolución de los datos económicos y de empleo, que serán, a juicio de un alto dirigente popular, “una de las claves de la victoria del PP”.
Otro de los presentes a esa cita insiste en que “hay posibilidad de recuperación y, de hecho, se nota ya” en el tímido incremento de los que ven con más optimismo el futuro económico, según el último barómetro del CIS. Así que los populares están convencidos de que “a medida que se salga de la crisis”, eso les va a beneficiar, frente a una formación como Podemos que, según Arriola “está en su momento álgido” y ahora no puede ir más que para atrás. También es cierto que Arriola no previó el aldabonazo que Iglesias dio en las elecciones europeas del año pasado, sacando cinco eurodiputados, aunque haya que decir en su descargo que prácticamente ningún sociólogo fue capaz de acercarse siquiera a esa cifra.
Gobierno y Génova siguen confiando todo a la recuperación económica. El mensaje tiene una formulación sencilla: el PP es la “estabilidad” y el PSOE y Podemos significan la “incertidumbre”. En todo caso, no deja de ser llamativa la irrupción de Podemos como la tercera fuerza en liza contra la que hay que combatir, y eso que Arriola quiso reducirla a la categoría de reducto de frikis.
El caso es que los miembros del Comité de Dirección del PP debieron salir de la reunión de Toledo con un chute de optimismo. Mariano Rajoy, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal; los portavoces del Grupo Popular en el Congreso, Rafael Hernando; en el Senado, José Manuel Barreiro; en el Parlamento Europeo, Esteban González Pons; además de los vicesecretarios de Organización y de Política Municipal y Autonómica, Carlos Floriano y Javier Arenas, respectivamente, están destinados a anunciar la buena nueva. Ya lo ha hecho Cospedal al asegurar que el PP ganará tanto las elecciones de mayo como las próximas generales, aunque para las primeras no haya candidatos ni visos de que los vaya a haber en breve.
Los aspirantes a candidato tendrán que esperar mientras echa a andar el Comité Electoral, presidido por Carlos Floriano. Lo más novedoso ha sido la incorporación a la portavocía de dicho comité del joven diputado por Ávila Pablo Casado. Constituye el intento más serio del PP de introducir una cara nueva siguiendo la estela del resto de los partidos, mucho más renovados. Sin embargo, el perfil de Casado no deja de ser curioso en la cosmogonía del actual PP. Hombre próximo a José María Aznar, del que fue asesor en FAES, y a Esperanza Aguirre, como exlíder de las Nuevas Generaciones madrileñas del partido, entronca con el denominado “sector duro” del partido.
Además, su llegada al Congreso de los Diputados no fue fácil. Aznar medió para que Rajoy le buscara un hueco en la lista por Madrid, recibiendo la callada por respuesta, lo que le llevó a echar mano de su padre político, el abulense Feliciano Blázquez, que le metió de número dos en la lista por Ávila. Claro, que después de la reconciliación con Aznar, que acudirá a la Convención Nacional de finales de mes, parece que el presidente del Gobierno ha decidido reconquistar el voto de centroderecha con todos los medios a su alcance, entre otros, el de ese sector crítico o vieja guardia que representan Aznar y Esperanza Aguirre.
La presencia del exjefe del Ejecutivo y el fichaje de Casado –que se dedicaba en el partido a la comunicación on line y a bregarse en las tertulias políticas– hacen pensar que algo se mueve en Génova y que Aguirre puede tener las puertas abiertas para ser candidata a la alcaldía madrileña. El líder del PP reveló en la última reunión del Comité Ejecutivo de su partido, el pasado día 12, que ya ha cursado las oportunas instrucciones a Cospedal para que “inicie las conversaciones que hay que tener para ir cerrando las candidaturas”, aunque sin revelar ningún nombre. En principio mantiene la agenda prevista, esto es, que hasta el mes de febrero no se reunirá el Comité Nacional de Listas, que preside la catalana Alicia Sánchez Camacho, para designar a los candidatos autonómicos y a capitales de provincia. Como bien decía recientemente una baronesa regional, muchos en el PP “tendrán que tomar Valium” para calmar su ansiedad por esa deseada designación que no parece llegar nunca. El “dedo divino” de Rajoy no ha comenzado a actuar.



