Juntos por un sueño
Tiempo reúne a cinco leyendas del deporte español para analizar la candidatura de la capital a los Juegos Olímpicos de 2020, cuyo futuro se decidirá el 7 de septiembre en Buenos Aires.
La visión parece sacada de un cómic de superhéroes. La sala de musculación del pabellón del Triángulo de oro de Madrid se abre de par en par y ante nosotros aparece Marc Gasol, con sus 216 centímetros y sus 120 kilos de peso, arrastrando unos tensores de acero encima de una colchoneta. Una y otra vez. Estirar y doblar. Estirar y doblar. Parece una bestia contenida por los grilletes de un científico vanguardista. Un superhombre. Como reza el lema olímpico: “Más alto, más fuerte, más rápido”. Y ahí sigue: trabajando unos brazos y una espalda que le han convertido en el mejor jugador defensivo del año en la NBA y que serán, a buen seguro, la principal baza de la selección española de baloncesto en el inminente Campeonato Europeo de Eslovenia.
Gracias por participar en la fotografía, Marc. Es un placer contar contigo en el reportaje.
El placer es mío, con los campeones que habéis traído aquí no podía decir que no –responde entre brazada y brazada.
Gasol se refiere a Fermín Cacho, posiblemente el mejor atleta español de todos los tiempos –inolvidable medalla de oro en los 1.500 metros en los Juegos de Barcelona, en 1992–; Rafa Pascual, que hace una década llegó a ser considerado el mejor jugador de voleibol del mundo; la nadadora Erika Villaécija, campeona del mundo de piscina corta y doble campeona de Europa en 2004 con 20 años; y la gran regatista Theresa Zabell, doble campeona olímpica en Barcelona y en Atlanta, en 1996. Los cuatro posan para Tiempo alrededor del pívot de los Memphis Grizzlies, que sujeta la medalla de plata arrancada a la historia en la final de los Juegos de Pekín de 2008, el mejor partido de baloncesto de todos los tiempos, como gesto de apoyo a la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos de 2020.
Cinco estrellas unidas por un sueño. Una ilusión que se esfumará o se convertirá en realidad el próximo 7 de septiembre en Buenos Aires. Después de diez años y dos decepciones consecutivas, las tribulaciones olímpicas de la capital desembocan en ese día, sábado de invierno porteño, y en ese lugar. Las rivales, Tokio y Estambul, pelearán hasta el final. Todo son metáforas deportivas cuando se trata de unos Juegos Olímpicos. Un ambiente y una filosofía que Rafa Pascual, que coordina a la delegación deportiva de la candidatura, resume perfectamente mientras se coloca en su puesto para la fotografía: “Hay que ganar el partido. Hacer todo lo que sea posible porque somos mejores y tenemos el proyecto del siglo”.
Una generación “increíble”.
Madrid va fuerte. Se huele en el ambiente, se palpa en las conversaciones con los miembros de la candidatura, como Pascual o Zabell, y se nota, y mucho, entre los deportistas. Nadie oculta que esta vez el optimismo es real: “A la tercera tiene que ser la vencida. Madrid se merece unos Juegos, por el esfuerzo realizado y como reconocimiento a monstruos como estos”, bromea Erika Villaécija, que señala al resto de jugadores de la selección de baloncesto –Rudy Fernández, Ricky Rubio y compañía–, que juegan a encestar desde el medio campo mientras ponen punto final al entrenamiento. “Tenemos una generación increíble y eso tiene que reconocerse de algún modo”, matiza Villaécija, que a sus 29 años sueña con hacer marca y estar presente en los Juegos de Río de Janeiro de 2016.
Mientras mira de refilón al fotógrafo, que se afana en sacar la mejor expresión de cada uno, Cacho entra en acción: “Siempre hablamos de los deportistas españoles como los que están en el primer nivel mundial, pero también lo están los organizadores, y de eso no se suele hablar mucho”. Theresa Zabell, vicepresidenta primera del Comité Olímpico Español (COE) y miembro destacado de la delegación de Madrid 2020, está de acuerdo. Y aporta datos. “En los últimos diez años en España se han celebrado 78 campeonatos del mundo y 85 campeonatos de Europa de deportes olímpicos, es una cifra impresionante. No hay otro país igual en el mundo”. Hoy decir ‘deporte’ es decir ‘España’, y además con pasión”. Y añade Zabell: “Tenemos grandes deportistas y, como dice Fermín, grandes organizadores deportivos... que no tienen la fama de los Nadal, Gasol o Casillas, pero están igualmente reconocidos internacionalmente. Ese es nuestro sello”. Deporte. Nada más.
Para Cacho no hay duda: “La gran baza de Madrid, además de nuestro potencial deportivo y organizativo y de que la marca España significa, sobre todo, deporte, es que más del 80% de las instalaciones deportivas están parcialmente construidas, aunque evidentemente habrá que darles un repaso porque algunas tienen ya años”. Rafa Pascual va más allá: “No solo eso: Madrid está preparada, y eso no lo pueden decir Tokio y Estambul... ni tampoco Río de Janeiro [que organiza los Juegos de 2016]. Allí saben bien a lo que me refiero. Lo que quiero decir es que no solo son importantes las infraestructuras deportivas, los pabellones y las instalaciones, también cuentan, y mucho, las conexiones, la eficiencia y la rapidez de los transportes y las carreteras para permitir una movilidad perfecta durante el evento. Para que los Juegos lleguen a Brasil faltan dos años y sigue habiendo problemas, y Madrid eso ya lo tiene solucionado. Es más, podemos asegurar que la ciudad está ya preparada para unos Juegos y para cualquier otro tipo de evento, esa es una de nuestras virtudes como candidatura”.
“¿Es la medalla de Barcelona?”
No hay duda: durante la sesión –realizada en una de las salas del Triángulo de oro- Fermín Cacho lleva la voz cantante. Reparte comentarios y sonrisas de complicidad con todos y hace piña mientras Marc Gasol termina de estirar. Hasta que el gigante de los Grizzlies aparece, imponente, tras la lona azul que separa el parqué de la cancha de entrenamiento del improvisado estudio fotográfico. “¿Ya estamos todos?”, pregunta Cacho. “Sí, perdonadme, estaba terminando”, responde Marc. Los dos se saludan y las miradas se van a las medallas: “¿Es la de Barcelona? ¿La de los 1.500 metros?”, pregunta Marc. “La misma”, responde Cacho, que mira su metal con el orgullo de un padre primerizo.
Para Marc es un objeto muy especial. Aquellos Juegos fueron “especiales” para el menor de los Gasol. Barcelona’92: el huerto donde se cosecharon los éxitos que hoy brotan a diario en el deporte español. Ellos son fruto de esas inversiones. Y Nadal. Y David Cal. Y Mireia Belmonte. Marc hace memoria: “Recuerdo que solo tenía 7 años cuando se celebraron los Juegos de Barcelona y mi padre me llevó a ver el partido de Lituania en Badalona. Quizá para Pau fue más especial, porque era mayor y lo vivió con más intensidad, pero yo estaba allí para ver los colores y la pelota botar”. Así se enganchó al deporte sobre el que ha construido su vida: “Muchos de nosotros empezamos a jugar al baloncesto por aquellos Juegos; por ver ese espectáculo”.
Marc Gasol lo tiene claro: “Ojalá nos den los Juegos, porque con 10 u 11 años los jóvenes y los chavales viven este evento como algo muy especial, algo que les marca. Es una motivación para que se animen a practicar deporte y algo importante para el país que lo organiza”. Pero, ¿qué es lo más bonito de unos Juegos? “Sin duda, ser uno más, vivir lo que pasa en los diferentes deportes y experimentar cada día algo nuevo... Es imposible vivir algo así en otra competición. Es muy diferente a todo lo demás. La convivencia con el resto de deportistas y el ambiente que se respira esos días forman una vivencia inolvidable”, explica Gasol. “No hay nada comparable a unos Juegos, pero sobre todo si los organizas en casa”, sentencia Cacho. Y la guinda la pone Pascual: “Imagínate salir de un partido de voley playa a las 23 horas y darse un paseo por el Retiro camino del centro de Madrid para cenar. Las vacaciones de tu vida”.



