Jaque a los jeques del petróleo

24 / 05 / 2017 Eva Brunner y Ricardo Grande
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Las renovables, la extracción de esquisto y la competencia de otros países productores de crudo socavan la hegemonía de la OPEP en el mercado del oro negro.

El ministro saudí del Petróleo, Khalid al-Falih, en una reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Foto: Stringer/AFP/Getty Images

La OPEP se ahoga en petróleo. El mercado está inundado de crudo y los precios no salen a flote. La oferta apabulla a la demanda y aún sufre las consecuencias económicas de la guerra de precios que se libró entre 2014 y 2016, cuando el valor del barril se desplomó por debajo de los 30 dólares. Pero no es el único dolor de cabeza de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP): en el mercado ganan peso productores que no se rigen por sus dictados. Si desde la década de 1960 este cártel manejaba el mercado prácticamente a su antojo, la rápida y eficaz irrupción del fracking en Estados Unidos –una técnica de fracturación hidráulica para extraer esquisto, el gran rival del petróleo convencional, que ha conseguido recortes sorprendentes en sus costes de producción– ha reducido el impacto de sus maniobras. El petróleo ya no solo obedece a la OPEP; su hegemonía está en juego.

“La OPEP está frente al mayor dilema de su historia. Quiere ser protagonista pero ya no es la OPEP del siglo pasado”, explica René Ortiz, que fue secretario general de esta organización desde 1978 a 1982. El club de exportadores de petróleo que lidera Arabia Saudí junto a otros doce países como Irán, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Venezuela prepara su contrataque.

Este 25 de mayo el cártel celebra una reunión histórica para renovar el acuerdo que suscribió a finales de 2016 junto a otros doce países que no pertenecen a la OPEP: Rusia, México, Azerbaiyán, Bahréin, Bolivia, Brunei, Guinea Ecuatorial, Kazajistán, Malasia, Omán, Sudán y Sudán del Sur. Juntos controlan cerca del 60% de la oferta mundial. El objetivo es reducir la producción de petróleo para relanzar el precio del barril entre los 55 y los 60 dólares. En los últimos meses ha fluctuado entre los 46 y los 57.

Para tranquilizar a los mercados, la OPEP necesita la renovación del apoyo inédito de Rusia, una potencia energética que suele ir por libre y que es el mayor productor de petróleo convencional del mundo, seguido de cerca por Arabia Saudí. “Todo el mundo va a estar muy pendiente de lo que decidan –considera el analista de la Asociación Internacional de la Energía (AIE) Olivier Lejeune–. Sea cual sea su decisión, será importante para los mercados”. Afectará también al bolsillo de los consumidores, que son quienes pagan el incremento de los precios.

Desde que la OPEP firmara el acuerdo en diciembre de 2016, el precio del crudo ha aumentado levemente. El recorte de 1,8 millones en la producción, sin embargo, no ha sido suficiente para resolver la encrucijada del cártel. Algunos países ajenos a la organización, como Rusia o Kazajistán, no cumplieron plenamente con lo prometido. En cambio, la OPEP se felicita por que el grado de cumplimiento de las restricciones a la producción entre sus miembros ronda el 90%, pero la sobreoferta no se ha drenado lo suficiente e impide el objetivo de regresar a los niveles de 2012. Hace cinco años, el precio del barril llegó a superar los 120 dólares. Eran días felices para el cártel.

“La influencia de la OPEP en el mercado del petróleo está en cuestión”, afirma David Elmes, director de la Red de Investigación de Energía Global de la Warwick Business School. Ante los insatisfactorios resultados del primer acuerdo, la OPEP y sus aliados negociarán en esta segunda reunión cómo prolongar los recortes al menos seis meses más. “Manejar el volumen de producción es la principal herramienta que tienen”, analiza Lejeune. Moderar la oferta implica, sobre el papel, que las existencias internacionales deberían bajar y el precio, subir.

“La OPEP está decidida a hacer todo lo que sea necesario para alcanzar nuestro objetivo –ha declarado el ministro saudí del Petróleo, Khalid al-Falih–. Estoy seguro de que el acuerdo se extenderá a la segunda mitad del año y posiblemente más allá”. El problema es que aunque la OPEP cierre el grifo de la producción, otros pueden abrirlo y aguar sus cálculos. Pero, según los expertos, no guarda otro as en la manga. 

Entre la espada y la pared

La contención extractiva de los últimos cinco meses de la OPEP ha dado espacio y oxígeno a otros competidores, como los frackers de Estados Unidos. Según la AIE, sacan al mercado 5,2 millones de barriles de esquisto diarios, su nivel más alto desde noviembre de 2015.

“La OPEP se encuentra entre la espada y la pared” afirma Gonzalo Escribano, experto en energía del Real Instituto Elcano. Haga lo que haga el cártel, el tablero de juego mejorará también para sus adversarios. Si la jugada le sale bien a la OPEP y consigue levantar los precios, sus competidores también sacarán rédito. Jugando esta baza, se arriesga a que ese espacio lo ocupen otros productores externos al acuerdo.

“Tras el pacto de la OPEP, el aumento del precio del barril no solo ha reactivado automáticamente a los frackers de Estados Unidos, sino también la producción en aguas ultraprofundas, que es un proceso caro”, señala Ortiz. Los costes de producción del esquisto se han reducido en un 50% desde 2014, según la AIE. Aunque con menor potencial, grandes productores como Canadá o Brasil podrían también responder con aumentos de producción.

Lo que Arabia Saudí y sus socios tienen claro es que no pueden hundir los precios, como hicieron desde 2014 hasta finales del año pasado. Esa estrategia hizo quebrar a centenares de frackers, pero muchos resistieron. La drástica reducción de ingresos también pasó factura a Arabia Saudí y a otros países dependientes del petróleo, que tuvieron que ajustar sus presupuestos estatales y lidiar con el descontento ciudadano. “En ese momento, a pesar de que miembros como Ecuador o Venezuela pedían un recorte de la producción para aumentar los precios, primó mantener la posición de la OPEP en el mercado”, explica Ortiz.

La sobreoferta de estos años ha sido producto del marcado descenso del consumo de China, India, Europa y Estados Unidos. Para Ortiz, los miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), también conocida como el club de los países ricos, tienen la batuta: “Si ellos crecen, el mundo empieza a consumir más petróleo y se frenaría el desastre petrolero. Es la única vía a la estabilidad de los precios que busca la OPEP”. La AIE estima que la demanda global crecerá en 1,2 millones de barriles por día al año hasta 2022 gracias a los países emergentes. 

Predicción arriesgada

En el mundo del petróleo, el acuerdo de la OPEP y sus socios se da por sentado. Las dudas y el debate son otros. “¿Puede la OPEP tomar decisiones? ¿Pueden tener esas decisiones impacto?”, plantea el experto británico Elmes. Además está la cuestión de averiguar hasta qué punto los firmantes cumplirán con los compromisos. El consultor estadounidense Gary Shilling cree que se renovará el pacto pero no sabe por cuánto tiempo: “El cumplimiento se reducirá, ya que varios miembros verán que no está funcionando. Entonces producirán más y los precios caerán más aún”.

El precio del barril es una incógnita. Escribano señala que, pese a que es difícil hacer predicciones, existe una tendencia mayoritaria que cree que “el barril no subirá más allá de 55 o 60 dólares”. El Banco Mundial prevé que rondará los 55. Para 2018, los datos de esta institución perfilan una subida del precio hasta los 60 dólares. El exsecretario general de la OPEP Ortiz no cree que la bonanza vaya a volver:. “Los precios bajos llegaron para quedarse”, sentencia.

En este mercado, según los expertos, el precio no es solo producto de la oferta y la demanda. “Tiene un carácter muy político. El petróleo siempre se ha manejado como una mercancía económica, política y estratégica”, aclara la doctora en Economía Alicia Puyana desde la Universidad Flacso de México. “El precio depende de lo que es políticamente aceptable para los grandes jugadores en el mercado”, concluye Elmes.

El enemigo en casa

Llegar a acuerdos dentro de la OPEP no es fácil. La convivencia entre sus miembros es un complejo equilibrio plagado de conflictos. “El dominio del mercado y la lucha por la hegemonía política en el mundo árabe son tensiones muy presentes”, explica Puyana.

Uno de los principales escollos al acuerdo de noviembre era la tensión entre Arabia Saudí, aliado incondicional de Estados Unidos, e Irán. Las relaciones de estos enemigos tradicionales no pasaban por su mejor momento: a principios del año pasado, Riad rompió lazos diplomáticos con Teherán. Esta tirantez se suma, según Elmes, a “las discrepancias históricas que siempre ha habido entre Arabia Saudí, Irán, pero también, Irak, en relación a quién produce más y quién produce menos” crudo.

La implicación de Arabia Saudí en la mayoría de los conflictos en la región avivan la crispación en la OPEP. Riad participa, aunque sin mucho éxito de momento, en los frentes abiertos en Siria (donde el EI ha tomado una parte del negocio petrolero), Líbano o Yemen, claves para el dominio en la zona y en los que Irán apoya al bando contrario.

En enero de 2016, Irán consiguió que se levantaran las sanciones internacionales y quería recuperar su producción. La profesora Puyana señala que la intermediación de Rusia fue clave para convencer a los iraníes de firmar el acuerdo. Así fue. La OPEP consensuó que para que Irán, tercer productor del cártel, se recuperara del castigo internacional podría aumentar su producción unos 100.000 barriles más de lo que le pedía recortar Riad.

Las circunstancias particulares de los países miembros también pesan en la OPEP. En el primer acuerdo se permitió que Nigeria, tocada por el terrorismo, y Libia, debilitada por la guerra civil, aumentaran su producción tras los recortes en esta que los conflictos en su territorio han provocado.

Venezuela puede convertirse en una de las perturbaciones a las que el petróleo es tan sensible, explica Elmes. “Está por ver hasta qué punto la inestabilidad política en este país, un productor significativo, puede afectar al mercado”. 

Luces de alerta

El inicio de una nueva época es una amenaza que ha disparado las alertas en esta organización. “La OPEP tiene menos poder del que tenía, eso es seguro. En décadas pasadas era el principal influyente en el precio”, señala Lejeune, el experto en petróleo de la AIE. Antes, según sus propios datos, la coalición ostentaba más de la mitad del crudo mundial. Se ganó entonces el apodo del Banco Central del petróleo. Ahora controla un tercio de la producción global.

Desde que el club de los grandes exportadores se formó en 1960, a iniciativa de Arabia Saudí, Irán, Irak, Kuwait y Venezuela, el objetivo ha sido coordinar las políticas petroleras y plantar cara a las llamadas Siete hermanas, un oligopolio empresarial formado por las predecesoras de compañías actuales como BP, ExxonMobil, Chevron Corporation y Royal Dutch Shell.

Durante el siglo XX, a los socios fundadores se unieron diferente países como Libia, Nigeria, Catar, Ecuador, Argelia, Angola, Gabón o Emiratos Árabes Unidos, que hoy conforman el total de miembros. A medida que crecía, la OPEP se malacostumbró a llevar la voz cantante en los precios del oro negro. Pero definir ese precio supone un debate, porque, dependiendo de sus obligaciones presupuestarias y costes de producción, cada Estado tiene sus preferencias.

“Kuwait puede estar conforme con 30 dólares por barril, Arabia Saudí necesita un precio entre los 60 y 70, aunque eso es muy debatido, mientras que Argelia o Venezuela necesitan más que eso”, explica Elmes. Algunos países pueden permitirse temporalmente unos ingresos por hidrocarburos bajos, porque cuentan con reservas y recursos; para otros, esos precios suponen una catástrofe. Incluso para el gigante saudí los niveles del año pasado fueron dolorosos. En Riad se anunciaron medidas de ajuste inéditas, aunque hace unas semanas el rey Salmán ha dado marcha atrás.

Para el analista Gary Shilling, las maniobras del cártel son “un signo de debilidad y un indicador de que pierde el control del mercado. Los recortes de la OPEP, obviamente, no afectan a otros productores, en particular a los frackers estadounidenses”.

Aunque los efectos no se sentirán a corto plazo, los analistas coinciden en que el Gobierno de Donald Trump será más permisivo con el fracking. Esta técnica está en el punto de mira de muchas organizaciones ecologistas, pero también de inversionistas. “Las compañías gigantes como Shell, ExxonMobil o Chevron están concentrando inversiones billonarias para comprar los frackers más pequeños de EEUU”, apunta Ortiz.

“En el primer trimestre de 2017, Estados Unidos ha puesto en el mercado, por primera vez, medio millón de barriles en Europa. Es un productor que ya se ha convertido en un exportador neto”, señala Ortiz. Si se cuenta su petróleo no convencional, el esquisto, es el mayor productor del mundo, por delante de Rusia y Arabia Saudí. El esquisto de los frackers pone las cosas difíciles a la OPEP. Este nuevo tipo de producción responde muy rápido a los precios porque apenas necesita seis meses para materializar la inversión en petróleo no convencional, mientras que en los campos de crudo tradicionales puede llevar varios años. “La mayoría de la gente pensó que el shale [el esquisto, en inglés] era bastante más caro de lo que es ahora –cuenta el analista de AIE, Lejeune– pero sus mejoras en eficiencia y tecnología han sido sorprendentes”.

Algunos frackers se pueden permitir parar la producción cuando los precios son demasiado bajos. Poder levantarse de la mesa de juego cuando les ha convenido ha sido una ventaja. “El actual secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, cuando todavía estaba al frente de ExxonMobil, dijo que un mínimo de 40 dólares por barril de esquisto era viable para su empresa. Hay otros que lo venden a 30 –recuerda Ortiz–. Ahora, con el barril sobre los 50 dólares, los frackers pueden producir. Algunos incluso si bajan hasta los 30 dólares. Quien queda mal es la OPEP”. 

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Reunión de la OPEP en Viena, en noviembre de 2016, donde la organización suscribió un acuerdo con otros   doce países productores de crudo. Foto: Heinz-Peter Bader/Reuters

El factor Trump

LA AIE prevé que la producción de esquisto estadounidense se expanda en 2,3 millones de barriles por día en 2022 y aún más si los precios suben. Pero el fracking no es exclusivo de Estados Unidos. A medio plazo, “si hay un país que pueda replicar la revolución estadounidense del fracking, aunque por vías diferentes, es China”, el principal cliente de los países de Oriente Medio, según un informe del mes de abril del Real Instituto Elcano. “Trump es mucho más entusiasta en el uso de combustibles fósiles y petróleo –explica Lejeune–. Ha dicho explícitamente que permitirá la construcción de oleoductos desautorizados antes por Obama por motivos medioambientales, como Keystone XL”. También ha dado el visto bueno a la reactivación del oleoducto Dakota Access, que cruza la reserva indígena sioux Standing Rock y cuyas protestas durante 2016 tuvieron resonancia internacional y pararon su construcción.

A finales de 2014, la industria petrolera se zambulló en una guerra de precios sin cuartel hasta 2016. No todo el mundo en la OPEP lo veía claro, pero Arabia Saudí aseguró que ese era el camino para dejar al esquisto en la cuneta. En este mercado, también en el del gas, los principales productores alimentaron el exceso de oferta y sacrificaron los precios para conservar su cuota de mercado.

La mayoría de los analistas consultados no creen probable que esta guerra tenga una segunda parte a corto plazo. El consultor Shilling no lo descarta: “Existe la posibilidad de que veamos los precios caer a 20 dólares, incluso más”. Elmes no ve viable una guerra de precios: “En ese contexto, todos los actores de la industria del petróleo pierden. Solo los consumidores ganan porque la gasolina es algo más barata”. 

¿Cómo afecta a España?

El largo periodo de rebajas petroleras fue un soplo de aire para la economía española. Los precios bajos ahorraron al Estado miles de millones en las importaciones petroleras, contribuyeron a engrosar el PIB y tuvieron un efecto en el poder adquisitivo de la ciudadanía.

Los Presupuestos Generales de 2016 se elaboraron tomando los 68,8 dólares como precio de referencia del barril de Brent. Sin embargo, el valor del barril tuvo que esperar hasta diciembre para alcanzar los 55 dólares, su máximo anual. España, que importa el 99,6% del petróleo que consume, aprovechó la guerra de precios para aumentar históricamente la compra de esta materia prima.

Si la OPEP consigue relanzar los precios entre los 55 y los 60 dólares no será una buena noticia para España, pese a que el Gobierno ha asumido que el valor del barril será de 56,4 dólares en sus Presupuestos Generales para 2017. La victoria del cártel encarecerá la gasolina, menguará la renta disponible para el consumo y afectará negativamente a las empresas y también a la balanza comercial, al ser el petróleo una de las principales importaciones del país.

Las renovables y el ocaso del petróleo 

La gran pregunta que aún no tiene una respuesta precisa es cuándo alcanzará su pico la demanda de petróleo. El año 2040, o incluso el 2050, son fechas mencionadas por los expertos. El petróleo se usa principalmente en la industria petroquímica, donde aún no se ha encontrado un sustituto, y en el transporte. “Los vehículos eléctricos se están desarrollando mucho más rápido de lo que pensábamos, pero no creemos que se note el impacto en los siguientes cinco o diez años”, señala Lejeune, de la Asociación Internacional de la Energía (AIE).

Las energías renovables, por el momento, no compiten directamente con el petróleo, que domina el mercado del transporte, sino con el gas y el carbón en el sector de la electricidad. Su importancia es creciente incluso en países como Arabia Saudí, que, como parte de su plan pospetrolero, ha fijado como objetivo que el 10% de su producción eléctrica se genere a través de renovables para 2023.

“Nos estamos empezando a preocupar más por cómo usar la energía de forma eficiente en los vehículos, edificios y procesos industriales”, señala Elmes, que apunta que también se aprecia en las inversiones.

La creciente preocupación por el cambio climático impactará en el futuro del petróleo. Según señala el informe del Instituto Real Elcano, “los acuerdos alcanzados por la comunidad internacional indican un compromiso global sin precedentes con la transición hacia un modelo de desarrollo bajo en carbono”. Factores como la bajada de los costes de las energías renovables y las oportunidades de negocio para empresas que lideren la transición hacia una economía descarbonizada harán que las políticas climáticas sean tomadas cada vez más en serio, a pesar de líderes como Trump.

Pese a que la OPEP sigue siendo el jeque del petróleo, todo apunta a que su importancia en este mercado no volverá a ser la que era. Frackers y productores ajenos a sus dictados también quieren sacar tajada del oro negro. El petróleo seguirá siendo clave en un mundo que, en un futuro, tendrá que vivir sin él.

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