Iceta, la solución socialista para Cataluña

01 / 12 / 2017 Antonio Fernández
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Si logra apoyos transversales, será el próximo presidente de la Generalitat.

Marchoso. Miquel Iceta baila al ritmo de Queen en un acto de la campaña para las elecciones de 2015. Foto: Ricard Cugat

Cataluña vive una gran paradoja: ante las elecciones del 21 de diciembre, se pueden dar dos opciones: o el próximo presidente de la Generalitat es un independentista... o es el socialista Miquel Iceta. Y no porque sea el candidato más votado. Las encuestas vaticinan una victoria de ERC, seguida de Ciudadanos y, a continuación, el PSC y el PDECat. ¿Qué extrañas circunstancias le pueden llevar a presidir una comunidad tras unas elecciones que no ha ganado?

La respuesta es sencilla: la aritmética. Los sondeos apuntan a que los partidos constitucionalistas (Ciudadanos, PP y PSC) no sumarían suficientes escaños como para tener una mayoría parlamentaria. Pero hay una cuarta fuerza que no vería con malos ojos a un hombre como Iceta en el sillón de president: los comunes de Ada Colau y Podemos. Por esa regla de tres, Iceta sería un posible candidato de consenso, el hombre que despierta menos rechazo y que, a menudo, habla con todos; es el político que podría ser votado por el Partido Popular, por Ciudadanos o por Podemos. Nunca nadie había cosechado tanta unanimidad en los últimos años. No hay que olvidar que, como dicen los suyos, “llega a president quien más apoyos tiene, no quien más votos cosecha”.

“En esta legislatura, el único que reunía en su despacho a gente de todas las tendencias para transaccionar cosas era Iceta. Es una rótula de la política. Era también el único que lo mismo podía departir con Mariano Rajoy que con Carles Puigdemont. Y fue el único que estuvo hasta el último momento hablando con el presidente de la Generalitat, aunque luego la respuesta de este nunca estuvo a la altura, porque estaba obcecado en su monotema y en su parte de Cataluña”, explica a Tiempo Eva Granados, que va de número dos en la candidatura de Iceta a las próximas elecciones autonómicas.

El carácter pactista del socialista queda patente en la confección de sus listas: integró en las mismas a los democristianos de Unió Democràtica de Catalunya (UDC), con el exconsejero Ramón Espadaler a la cabeza. Pero también al excomunista y antes cercano a Podemos Carlos Jiménez Villarejo, exfiscal Anticorrupción. No contento con eso, incorporó a activistas tan diversos como el vicepresidente de Sociedad Civil Catalana, Àlex Ramos; el presidente de la plataforma Tercera Vía, Mario Romeo; las dirigentes de Federalistes d’Esquerra Victòria Camps y Carme Valls; el dirigente de CCOO Manuel Gómez Acosta; los ugetistas Marcos Delgado y Juan Carlos Fernández; o el exsecretario general de USO Manuel Zaguirre.

“Esta es sí que es una lista transversal, una lista de país, que podrían votar incluso los comunes”, recalca Eva Granados, comparándola con la de Puigdemont, por ejemplo, que recoge solo a los independentistas del PDECat y a Jordi Sánchez, expresidente de la ANC. Su compañero de partido José Zaragoza, actual diputado en el Congreso que compartió cúpula del PSC con Iceta, añade que se trata de una candidatura de no independentistas. “Es lo que antes se llamaba sociovergencia, una lista que quiere copar el espacio central de la política catalana. Ese espacio se llevaba antes el 70% de los votos, aunque ahora se ha reducido. La meta de Miquel es recuperarlo. Por eso lleva en su candidatura a los catalanistas moderados que representan a UDC y a gente netamente de izquierdas como Jiménez Villarejo, que proviene del PSUC, o Beatriz Silva”.

¿Qué diferencia a Iceta de los demás candidatos? Su carácter, su olfato y su trayectoria le convierten en un animal político singular. “Suele decir que es el único político profesional. Le encanta lo que hace. Si tiene alguna intuición, lo más probable es que sea acertada”, dice Paco Aranda, su jefe de gabinete, que lleva siendo su mano derecha hace casi una década. Aranda señala que “trabajar con él es un reto diario, aunque también un gustazo. Es exigente, pero muy cordial. Y muy educado. Jamás chilla. Además, no es una persona de regañar. Cuando algo sale mal, lo habla y hace ver lo que ha pasado”.

Lo cierto es que muchas miradas están puestas en Iceta como si fuese la gran esperanza blanca de Cataluña. “Si hay que hacer pactos para gobernar, ¿quién votaría a la candidata de Ciudadanos, Inés Arrimadas, o al del PP, Xavier García Albiol? ¿Llegarían los votos del bloque constitucionalista para elegir a un presidente? No. Pues entonces, el único que podría atraerse también los votos de una fuerza como los comunes sería Miquel Iceta”, razonan en el PSC.

Eva Granados destaca que el programa con el que concurre el socialista “plantea un cambio de rumbo en la política, porque hay que superar los bloques y la dinámica actual”. Y Zaragoza subraya que “no trata nunca de imponer sus ideas al 100%. Miquel es un hombre que siempre estuvo en todos los pactos en las últimas décadas y, además, fue el que consiguió que el Gobierno de la Generalitat estuviese siete años sin perder ni una votación, pactando con todos”. Y advierte: “Este es el momento de Iceta. Él sabe que el escenario es pactar y esa es su especialidad”.

El candidato del PSC ya dejó claro que no quiere unos resultados electorales donde haya vencedores ni vencidos. “Propongo un viaje hacia la reconciliación, recuperando el respeto por las ideas, la negociación y el acuerdo, y dejar atrás la búsqueda permanente de excusas y enemigos, sustituyéndola por la búsqueda de argumentos y complicidades”, decía recientemente.

A Iceta nadie le discute su valía política y su cintura. Es de los pocos políticos que sabe marcar perfil propio y que, cuando habla, el hemiciclo enmudece. “Eso es porque no habla a los suyos, se dirige siempre al conjunto de la sociedad. Muchas veces comentamos que podría ser más incisivo, pero entonces se tendría que dirigir solo a una parte de la sociedad”, destaca Granados. Señala también que el socialista sufre con lo que pasa, pero “cuando hace un discurso, no piensa en los escaños que puede sacar, sino que ofrece una visión general de la política”. Y recalca, haciendo un símil: “Es un cirujano experimentado que, en circunstancias tan delicadas como las actuales, podría ser el único que recompusiese las costuras de Cataluña”.

Es difícil, por otra parte, encontrar a un rival político que hable mal de él. Quizá porque jamás insultó a nadie ni faltó al respeto a nadie desde su escaño. Y hasta las más ácidas y contundentes críticas que pueda hacer a sus rivales –que no enemigos– entran dentro de una educación y una cordialidad exquisitas.

Sabe, por otra parte, nadar contracorriente cuando está convencido de que tiene la razón. Por eso se sacó de la manga la reforma federal de la Constitución como alternativa “al inmovilismo del PP y al rupturismo y la unilateralidad de los independentistas. Esa es la tercera vía que puede salvar la situación, que puede salvar a Cataluña y a España”. Y lo que hace dos o tres años era una locura o una quimera está siendo aceptado, a día de hoy, por todas las fuerzas políticas. La alternativa federalista fue, en definitiva, una criatura nacida de la imaginación de Miquel Iceta.

Optimista, bromista, divertido, ácido, disciplinado al máximo... su diario digital tiene 1.000 entradas. Todas las ha escrito él. Se dedicaba los domingos por la mañana a poner en orden sus pensamientos y a subir entradas a la web. Y él mismo escribe sus discursos, prepara sus intervenciones o escribe sus artículos. O sea, él es su propio negro. Su equipo trata de dejarle tiempo material para sus cosas y para la lectura, que tanto le apasiona. Pero, últimamente, la lectura que acapara la mayor parte de su tiempo es la de las sentencias del Constitucional. Suele decir que no es jurista, pero se ha leído todas las sentencias de los últimos años. Por las noches, al llegar a casa, despacha los mails que tiene. Por el día, se dedica a hablar con todos “y de todo”. Es, pues, un hombre de hábitos.

Esa dedicación es la que le augura un papel protagonista en la futura política de pactos. Ya lo dice José Zaragoza: “Hemos de pasar de talibanes a pactistas. De eso se trata. Y Miquel es el único que puede desbloquear la situación catalana”. Posibilismo y ganas no le faltan. Ya se ha ofrecido como president.

Aficiones

Su biblioteca oculta

Miquel Iceta fue el primer político en reconocer públicamente su homosexualidad. Pero lo que muy pocos saben es que en su casa atesora una de las principales bibliotecas privadas de Barcelona, que sale incluso en una guía elaborada por la Diputación de Barcelona que enumera una docena de estas privilegiadas bibliotecas. Su pasión literaria es la escritora Donna Leon, la creadora del comisario Brunetti, aunque suele leer muchos libros de política y jurídicos, tanto en castellano como en catalán, francés o inglés. Muchas veces se relaja con la música, para lo que prefiere a los clásicos de los 60 y 70, como The Carpenters o Queen.

Emotivo y espontáneo

Volverá a romper las normas

Miquel Iceta entró en política en 1987, a los 27 años, como concejal en Cornellà de Llobregat cuando el alcalde era José Montilla. En 1991 se trasladó a Madrid para trabajar en Moncloa junto al vicepresidente Narcís Serra y de 1995 a 1996 fue subdirector del gabinete del presidente Felipe González. Ese año fue elegido diputado en el Congreso y ayudó a Josep Borrell en su corto periplo como líder del PSOE. Cuando dimitió Borrell, volvió a Cataluña para ser elegido diputado en el Parlament en 1999... hasta hoy. En el PSC ofició como viceprimer secretario de 2004 a 2011 y fue elegido líder en 2014. 

Su trayectoria le ha convertido en un político que encuentra recursos debajo de las piedras. Pero es su carácter campechano el que le ha salvado en más de una ocasión. Cuando todos vaticinaban el hundimiento del PSC en las elecciones de 2015, mantuvo el pulso. Su baile (a ritmo de Queen) durante un mitin junto a Pedro Sánchez rompió la campaña electoral y se volvió viral en las redes. “No fue premeditado. Fue espontáneo”, admitía poco después. Para estas elecciones, sus asesores le han aconsejado moderación: que no grite, que no baile y que lleve siempre corbata para dar la imagen de president. Pero nada es seguro: en algún momento, romperá esas reglas porque la emoción le pierde. Y su trayectoria profesional se lo permite.

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