Heroínas en el frente y en la retaguardia

12 / 07 / 2011 13:01 Celia Lorente
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A principios de los años 30 las españolas no participaban en la cultura, la economía o la sociedad, tareas reservadas a los hombres. La educación de las mujeres entonces estaba monopolizada por la Iglesia, y esta no hacía mucho por educarlas en un sentido más práctico que el de ser “la perfecta ama de casa y madre de sus hijos”.

Una miliciana de las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña.

A principios de los años 30 las españolas no participaban en la cultura, la economía o la sociedad, tareas reservadas a los hombres. La educación de las mujeres entonces estaba monopolizada por la Iglesia, y esta no hacía mucho por educarlas en un sentido más práctico que el de ser “la perfecta ama de casa y madre de sus hijos”. La II República empujó a la mujer hasta cotas de libertad desconocidas hasta el momento. La Constitución republicana fue la primera en reconocer entre sus derechos el acceso a la educación y la cultura, o en aprobar leyes como la del divorcio. En esos años las diputadas VictoriaKent y ClaraCampoamor debatían en Las Cortes sobre la conveniencia del sufragio femenino. Mientras Campoamor lo defendía, Kent pensaba que las mujeres no estaban todavía preparadas para votar y que sobre su voto mandaba la opinión de sus maridos y, sobre todo, del clero. El 19 de noviembre de 1933 las españolas votaron por primera vez y auparon al triunfo a la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), dirigida por JoséMaríaGilRobles. Aunque este derecho al voto fue un hito histórico, duró poco, ya que la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista borraron cualquier manifestación democrática.

Carteles de guerra.

Al llegar la guerra en el verano de 1936 la figura heroica de la miliciana se convirtió en el símbolo de la movilización del pueblo contra el fascismo. En los carteles de guerra predominaban las imágenes de heroínas combatientes enfundadas en sus monos azules como representación del sentir obrero en su lucha por la libertad. Evidentemente estas imágenes rompían con la tradicional subordinación de la mujer y las reivindicaba como portadoras del derecho a la igualdad de condición. Fue el momento de famosas milicianas como LinaOdena, RosarioSánchez, la Dinamitera, o la vasca CasildaMéndez, entre otras. Tampoco podemos olvidar el papel movilizador que detentó la dirigente comunista DoloresIbárruri, Pasionaria. Su figura se convirtió en un símbolo de las madres de la clase obrera en la tragedia de la Guerra Civil y su carisma captó la atención internacional.

Durante la contienda surgió un interés oficial en las instituciones para que las mujeres ocupasen cargos de responsabilidad, sobre todo en la asistencia social. La dirigente anarquista FedericaMontseny fue la primera ministra en España. Entre noviembre de 1936 y mayo de 1937 tuvo a su cargo el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en el Gobierno de LargoCaballero, y se le deben numerosas iniciativas en este ámbito.

A pesar de estos ejemplos, en los frentes de batalla, como en la vida española, existía un marcado grado de división sexual del trabajo y lo normal era que las mujeres realizaran las labores de cocina, de lavandería, sanitarias, de correo o de enlace. La consigna predominante era: “Los hombres al frente. Las mujeres a la retaguardia”. Como afirma la catedrática de Historia Contemporánea Mary Nash “la imagen de los carteles republicanos fue más una estrategia de publicidad que una realidad; durante los primeros meses hubo mujeres en el frente, pero luego quedaron relegadas a la retaguardia, aunque el hecho de que la propia propaganda republicana se dirigiera a ellas ya es importante”. Y fue en la retaguardia donde se comportaron como auténticas heroínas y jugaron un papel decisivo atendiendo a los heridos de guerra, a los niños y a los refugiados. Miles de ellas se lanzaron también a trabajar en fábricas, en el voluntariado, en servicios sociales, campañas educativas, culturales o de apoyo a los combatientes.

Divididas en dos zonas ideológicamente opuestas, las mujeres españolas tendrían en común durante la guerra la movilización general de la población y la obligación de actuar en función de los acontecimientos bélicos. En la zona nacional se organizaron en torno a la Sección Femenina de Falange y del Auxilio de Invierno, creado por MercedesSanzBachiller, viuda de Onésimo Redondo, cuyo fin primordial era aleccionarlas para el hogar, la familia y los hijos. En el bando franquista comenzó la marcha atrás en las conquistas sociales, legales y políticas femeninas, mientras que en la zona republicana ellas sentían que su contribución en la guerra era imprescindible. Finalizada la contienda, la posguerra supuso para todas las españolas un gran retroceso en su independencia, destruyendo toda esperanza de igualdad jurídica en un futuro próximo.La contienda acabó con los avances sociales de la mujer conseguidos durante la Segunda República y volvió a relegarla al hogar.

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