¿Guerra? ¿Qué guerra?

24 / 02 / 2014 10:50 José María Vals
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La relación de Mariano Rajoy y María Dolores de Cospedal sigue siendo cordial y fluida. La secretaria general del PP está molesta, pero no con el presidente, sino con otros. 

La secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, está molesta. De eso no cabe la menor duda ni lo niegan las personas de su entorno. Pero eso no significa que haya estallado la guerra entre el presidente del partido, Mariano Rajoy, y su número dos. Es verdad que el ya único candidato a presidir el PP de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, no era el preferido de la secretaria general nacional, pero tampoco lo era de Mariano Rajoy. Es cierto también que algunos gestos, como tardar varios días en hablar con él, han alimentado la sensación de distanciamiento entre Cospedal y Moreno Bonilla, pero el malestar de la número dos del PP nacional no es por quién será el aspirante a la presidencia del PP andaluz, sino por el cúmulo de mensajes que recorren los pasillos de la sede central del partido que ponen en entredicho la gestión de María Dolores de Cospedal.

Uno de los más repetidos, que tiene su origen primigenio en el círculo más cercano a Esperanza Aguirre, presidenta del PP de Madrid aunque no ostenta cargo público alguno, es el de que María Dolores de Cospedal no ha sabido gestionar con cintura algunas de las fases más comprometidas del caso Gürtel o del de los papeles de Bárcenas, íntimamente ligado al anterior. La secretaria general del partido dice, pocas veces en público pero muchas en privado, que eso es tremendamente injusto hacia su persona, porque ha sido ella, prácticamente en solitario, quien ha sufrido el desgaste político de dichos casos de corrupción, ya que ha sido la encargada de poner cara a las apariciones oficiales del aparato del partido. “Ha habido –decía hace pocos días– un caso de corrupción en el que algunas personas se han aprovechado del PP y yo he estado siempre ahí. Otros no pueden decir lo mismo”.

Desavenencias con Arenas.

La frase no hacía alusión al presidente de su partido, Mariano Rajoy. Estaba dirigida a otros muchos dirigentes del PP que han mirado para otro lado, se han desmarcado del problema o han dicho por los pasillos que eso es competencia de la secretaria general. Especial relevancia cobran en este mensaje de Cospedal sus conocidas y antiguas desavenencias con Javier Arenas, uno de los hombres más influyentes en el aparato del PP de Andalucía, el único que ha sido capaz de sacar más votos que el candidato del PSOE en unas elecciones autonómicas, pero que ha decidido no trabajar a cara descubierta. Personas conocedoras del proceso no dudan en señalar a Arenas en el centro del malestar de Cospedal. Javier Arenas ha enredado, y mucho, para que el candidato a la presidencia andaluza fuera Moreno Bonilla. “Y eso no es lo peor –señalan estas fuentes–, sino que personas de su entorno han hecho correr la voz de que esta operación era una afrenta para la secretaria general, porque el candidato había sido nombrado directamente desde La Moncloa”.

Es verdad que Mariano Rajoy habla más veces y más minutos con Soraya Sáenz de Santamaría que con María Dolores de Cospedal. Ambas llegaron a la cúspide de su mano, pero cada una tiene una labor muy diferente. Desde que ganó las elecciones en noviembre de 2011, Rajoy tenía muy claro que su papel público no debía ser el de un hombre de partido, sino el de presidente del Gobierno. Encargó a su vicepresidenta Sáenz de Santamaría que controlase el Gobierno. Y a María Dolores de Cospedal le puso la tarea de controlar el aparato del partido. Por la dinámica de su trabajo ordinario, Rajoy habla más con su vicepresidenta que con la secretaria general del PP. A eso se le suma que Moreno Bonilla (el candidato a presidente del partido en Andalucía) es en la actualidad secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad en el Ministerio de Ana Mato, con quien tampoco se lleva muy bien Cospedal y sí Javier Arenas.

Los enemigos son otros.

Ese ya era un motivo suficiente para alertar de un posible enfado de María Dolores de Cospedal con quien hubiera permitido esa afrenta, y en el PP no se nombra a un candidato a presidente regional sin que lo sepa y lo apruebe Mariano Rajoy. Pero en realidad Moreno Bonilla no era el candidato de Rajoy. Para el presidente del Gobierno y del PP, el candidato ideal seguía siendo Juan Ignacio Zoido, el alcalde de Sevilla, que se retiró de la pugna antes de que empezara. Lo que ha pasado después ha sido una batalla de segundos niveles, en los que muchas veces las peleas son mucho más duras y sangrientas. Y eso ha sido lo que ha molestado a Cospedal. No está enemistada con Rajoy, entre otras cosas porque el presidente no está enemistado con ella. Pero sí está contrariada, y mucho, con la actitud de algunos de sus compañeros, que no ocultan sus críticas a la secretaria general.

Otra de las críticas que más le molestan a Cospedal es la de que no gobierna adecuadamente Castilla-La Mancha, comunidad autónoma de la que es presidenta, debido precisamente a lo atareada que la tiene su otra función como secretaria general del partido a escala nacional. Esto es lo que dicen algunos de sus detractores, a los que les sirve igual este argumento y el contrario, es decir, que no atiende bien la secretaría general porque es presidenta de Castilla-La Mancha. Nadie oculta en el partido el temor a que en las próximas elecciones autonómicas (en mayo de 2015) el PP sufra para renovar mayoría en esa comunidad autónoma, pero ahí es donde María Dolores de Cospedal vuelve a repetir el argumento de que nadie la ha ayudado a compartir el desgaste que supone ser la cara visible del PP cuando hay que hablar de corrupción. La guerra, pues, no es con Rajoy, sino con otros destacados miembros del partido. Batalla hay, pero no en la cúpula.

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