Fines de semana de alto rango

14 / 01 / 2015 Clara Pinar
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Palacetes y fincas de caza propiedad del Estado están a disposición de los miembros del Gobierno para pasar unos días de descanso.

Fines de semana de alto rango

Fincas de caza, palacetes, casas solariegas y construcciones a la orilla del mar forman parte del catálogo de propiedades del Estado que, además de otros usos oficiales, están a disposición de altos cargos del Gobierno, de secretarios de Estado para arriba.

La finca toledana de Quintos de Mora, adscrita al Ministerio de Agricultura, que tanto gustaba a José María Aznar, o La Mareta, el imponente chalet en Lanzarote propiedad de Patrimonio Nacional, donde las familias de José Luis Rodríguez Zapatero y de Mariano Rajoy han repetido vacaciones, son dos de las propiedades estatales que, al margen de otros usos oficiales, pueden utilizar presidentes, ministros y hasta secretarios de Estado que lo soliciten.

El Organismo Autónomo de Parques Nacionales, dependiente del Ministerio de Agricultura, es el titular de otros inmuebles que desde hace décadas –desde los tiempos de Francisco Franco, de hecho– están a disposición de los altos cargos. Entre ellos, el más conocido –y el más demandado– es la casona de Las Marismillas, en pleno parque de Doñana. Desde Felipe González en adelante, ningún presidente ha dejado pasar la oportunidad de descansar allí unos días. Según una reciente respuesta del Gobierno a una pregunta parlamentaria del diputado socialista José Luis Ábalos, en la legislatura pasada desfilaron por allí los vicepresidentes del Gobierno Pedro Solbes y Elena Salgado, los ministros Miguel Ángel Moratinos, Trinidad Jiménez, Cristina Narbona, Rosa Aguilar, Carmen Calvo, José Antonio Alonso, Carme Chacón y Jesús Caldera, y otros cargos como el director general de Agricultura Josep Puxu o el Jefe del Estado Mayor de la Armada Manuel Rebollo. En su respuesta, el Gobierno fue más parco por lo que respecta al objetivo concreto de la pregunta de Ábalos, interesado por el fin de semana que el pasado abril organizó en la casa de Doñana el entonces ministro de Agricultura Miguel Arias Cañete con matrimonios amigos, entre ellos, el de la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal.

Tanto si se trata de la residencia de Doñana como de otra propiedad dependiente de Parques Nacionales, el procedimiento que debe seguir el ministro o alto cargo que quiera pasar allí unos días es el mismo: debe ponerse en contacto con la dirección del parque nacional donde se encuentra y hacer una especie de reserva, que trata sobre todo de asegurar que los días elegidos la casa esté libre. La jerarquía obliga y, así, en el verano de 2011 la familia de Rodríguez Zapatero no pudo pasar parte de sus vacaciones en La Mareta ante la posibilidad, no confirmada aún en el mes de julio, de que los entonces Príncipes de Asturias eligieran este enclave en lugar de ir a Palma de Mallorca.

La Mareta es la única propiedad de Patrimonio Nacional que está a disposición de dirigentes, nacionales o internacionales, solamente por invitación de Casa Real. La edificación fue mandada construir por el rey Hussein de Jordania, que en 1980 se la regaló al rey Juan Carlos. Además de la Familia Real, por allí han pasado desde entonces los excancilleres alemanes Helmut Kohl y Gerhard Schröeder; el expresidente de la URSS Mijaíl Gorbachov, que en 1992 pasó tres semanas junto a su esposa; o el expresidente checo Vaclav Havel, que se alojó allí en varias ocasiones. En lo que respecta a dirigentes nacionales, por La Mareta han pasado los Aznar, los Rajoy y, sobre todo, la familia de Zapatero, que en 2005 la fijó como residencia en vacaciones.

En propiedades de ministerios como Las Marismillas es norma general que los gastos corran a cargo del visitante. “Si se hace uso para algo institucional, los gastos los paga la Administración, pero si el uso es, entre comillas, privado, los gastos los paga el que va”, explican en el Ejecutivo. Así, tanto Cañete y Cospedal como Solbes o Chacón encontraron vacías las cocinas y tuvieron que contratar un catering o comer fuera.

Visitas “puntuales”.

Además de la finca de Doñana, Parques Nacionales posee otras que ya eran usadas hace décadas como lugar de descanso por las autoridades del Estado. Una de ellas es una finca de caza en Jaén llamada Montes de Lugar Nuevo y Selladores-Contadores, uno de cuyos parajes, conocido como El Tiradejo, pasó a manos del Icona hace 50 años y donde ya iba a cazar Franco y por donde han pasado varios presidentes del Gobierno, según aseguran habitantes de la zona, que afirman que la finca ha tenido un uso “protocolario” y “de descanso” desde hace décadas. A día de hoy, no hay un uso “intensivo” de la misma sino visitas “puntuales” a una zona donde se encuentran las mejores fincas de caza del país. En este caso, como en el de Las Marismillas, la finca dispone de una casona que, aunque rehabilitada, está acompañada por una apartamento anexo donde se quedan los visitantes.

Mención aparte merece otra de las propiedades del Ministerio de Agricultura, la Encomienda de Mudela, en Ciudad Real, una finca de caza a la que hasta hace algunos años acudía de forma habitual el rey Juan Carlos, que se hospedaba en la casa-palacete, dentro de un recinto que cuenta con un helipuerto de dos pistas, la casa de los guardas y otro pabellón para personal de seguridad. Según un trabajador del recinto, hace al menos dos años que don Juan Carlos no se deja ver por allí, aunque el contrato de la finca con Parques Nacionales perdura y sigue estando a disposición de altas autoridades.

Un paraje más urbano es el que rodea  otro lugar privilegiado, justo al lado del monasterio de Nájera, en La Rioja, donde el Ministerio de Cultura abrió en 2008 la Escuela de Patrimonio Histórico, un recinto con aulas y residencia y donde se vio en varias ocasiones al ministro que la inauguró, César Antonio Molina.

La norma general es la discreción, quizá la que hace que se hayan aireado las visitas de la legislatura pasada pero no las posibles estancias de miembros del actual Ejecutivo. Desde Moncloa señalan, además, que la mala imagen de los políticos que arrojan las encuestas no recomienda un uso más allá del que ha venido siendo la tónica general, “cinco, seis o siete fines de semana al año”. “Son más los ministros y secretarios de Estado que no van que los que los utilizan”, conscientes de que “te puede acarrear un problema de imagen”, dicen las fuentes. “Se utiliza con prudencia y más con las encuestas del CIS que estamos conociendo. Se ha asumido por responsabilidad política que hay que hacer un uso moderado” de medios que, indican, “no están al alcance de los ciudadanos”.

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