Etarras libres bajo control
El Centro Nacional de Inteligencia, la Policía Nacional y la Guardia Civil tienen localizados a los principales líderes etarras en Francia.
Es verdad que los medios humanos dedicados a la lucha antiterrorista contra ETA por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y los servicios de información de la Policía Nacional y la Guardia Civil son ahora menores a los de hace unos años, cuando la banda estaba activa. Sin embargo, el despliegue actual es suficiente para ejercer un importante control sobre sus máximos dirigentes y los efectivos más destacados. Según ha podido saber Tiempo de fuentes cercanas a los servicios de inteligencia, los informes que hablan de una ETA en proceso de desmantelamiento están fundamentados en su perfecto conocimiento de lo que pasa dentro de la banda gracias a la información obtenida directamente sobre sus actividades y en su entorno en el País Vasco.
No solo es que la banda no tenga intención de volver a matar, algo que el Gobierno conoce por la voluntad expresada por la dirección terrorista, sino que los servicios de inteligencia han probado que esa intención es real. Si la situación cambiara radicalmente, algo nada previsible, se dispone de suficiente información como para actuar contra ellos y meter a una gran parte en la cárcel. Es en este sentido en el que interpretan la voluntad de mediación del lendakari Íñigo Urkullu, que en las últimas semanas ha propuesto al Gobierno y a otros líderes políticos un plan para solucionar el único escollo existente para conseguir la desmilitarización de la banda: el proceso de excarcelación de sus presos. En esta decisión de búsqueda de la paz se incluye el golpe asestado al colectivo de abogados del llamado frente de cárceles de ETA, que llevó en enero a la detención de ocho personas, entre los que estaban los abogados Arantza Zulueta y Jon Emparantza.
El CNI no ha dejado en ningún momento de controlar a todas las personas que de una u otra forma son defensoras de posturas inflexibles por parte de ETA y que pretenden manipular el proceso final de su desmantelamiento. Las escuchas telefónicas que los espías llevan a cabo, siempre con autorización del magistrado del Tribunal Supremo que tienen asignado, junto a seguimientos e infiltrados, les permitieron descubrir las presiones que estaban recibiendo los presos para que mantuvieran una línea dura y controlada por la dirección de la banda. Cuando los presos de ETA liberados en aplicación del fin de la doctrina Parot organizaron un acto público en un tono desafiante y sin muestras de arrepentimiento, que produjo una profunda herida en las asociaciones de víctimas, la respuesta fue dar vía libre a la operación policial contra los cabecillas del aparato de coordinación de los presos. El CNI facilitó la información que había almacenado durante meses a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que la unieron con la propia y procedieron a las detenciones.
El CNI tiene una división antiterrorista que se ocupa fundamentalmente de la lucha contra ETA y el terrorismo de raíz islamista. Los oficiales de inteligencia dedicados a los etarras, menores en número que hace unos años, siguen contando con la ayuda de los equipos de la División de Acción Operativa, que sobre el terreno controlan, persiguen y vigilan a los objetivos relacionados con la banda.
El propio director del servicio de inteligencia, Félix Sanz, ha manifestado que ya no necesitan la ayuda de otras centrales de espionaje aliadas para controlar a ETA. Sin embargo, las fuentes consultadas matizan: “Eso no quiere decir que no se colabore puntualmente con los colegas de países como Italia, Francia o Noruega cuando se llevan a cabo misiones concretas, y frecuentes, en sus países. Además, la tan criticada NSA estadounidense colabora para escuchar conversaciones o interceptar comunicaciones vía Internet”. ETA dispone actualmente de un comité ejecutivo integrado por José Antonio Urrutikoetxea, alias Josu Ternera; Iratxe Sorzabal, David Pla, Iñaki Reta y José Luis Eziolaza. El gran jefe es Ternera, que en los últimos años ha sido el máximo responsable de la política de abandono de las armas.
Huida hacia la clandestinidad.
El 16 de noviembre de 2002 le había citado a declarar el Tribunal Supremo, pero ni acudió ese día, ni una semana después en segunda convocatoria. Había huido de España y pasado a la clandestinidad en Francia para entrar a formar parte de la dirección política de ETA. Los informes de los servicios de inteligencia e información habían alertado de que su visión de la lucha armada tras pasar por prisión había cambiado. Motivo que llevó a que “no fuera prioritaria” su detención, según palabras de un mando policial en ese momento. El espionaje le localizó un año después en la región francesa de Saboya, que comparte fronteras con Italia en el Sudeste y Suiza en el Nordeste y que está invadida por los Alpes. Por allí estuvo viviendo, moviéndose continuamente.
En enero de 2004 hizo un viaje a Perpiñán. Allí se encontró con el también dirigente de la banda Mikel Albisu y ambos se reunieron con el entonces número dos de la Generalitat, Josep-Lluís Carod-Rovira, de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). El objetivo era que a cambio del respaldo del dirigente de ERC, ETA dejara de atentar en Cataluña. Pero el CNI también asistió a la reunión y se lo contó al Gobierno, que la filtró a la prensa. Nunca se supo cómo consiguió la información, aunque algunas fuentes señalaron que fue gracias al seguimiento de Ternera. En cualquier caso, no hubo detenciones, algo curioso teniendo en cuenta el peso en ETA de los dos dirigentes presentes. El proceso para acabar con la banda estaba en marcha y se potenció tras la sustitución de José María Aznar por José Luis Rodríguez Zapatero en la presidencia del Gobierno. Un año después se iniciaron en Ginebra las reuniones entre Ternera y el dirigente del Partido Socialista de Euskadi (PSE) Jesús Eguiguren, en nombre del Gobierno central. Seis meses más tarde llegó la declaración de alto el fuego permanente realizada por Ainhoa Ozaeta, casada con Egoitz Urrutikoetxea, el hijo de Ternera, a la que tristemente siguió a final de año la bomba en la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas.
Tres meses antes, Ternera había sido apartado de la dirección de ETA por Javier López Peña, más conocido por Thierry. Los planes del Gobierno habían fracasado, pero el Ejecutivo intentó revertir la situación. Para ello la Policía capturó a Thierry, dejando abierta la posibilidad para que la banda volviera a su línea negociadora. Lo hizo a través de Egoitz Urrutikoetxea, lo que garantizaba el papel preponderante de Ternera. Desde ese momento, todo fue avanzando hasta la situación actual de desmantelamiento. El control sobre los principales etarras se acrecentó. En algunos casos era muy sencillo. Desde finales de 2011 hasta febrero de 2013, Ternera, Sorzabal y Pla, sus tres principales dirigentes, estuvieron en Noruega como parte del plan para poner fin a la actividad de ETA. Estaban vigilados por el espionaje local y por agentes españoles. En febrero, como castigo por la paralización del proceso, fueron expulsados del país y actualmente les tienen localizados en la misma zona de la región de Saboya donde el máximo jefe de ETA se escondió tras su huida de España.
Policía, Guardia Civil y CNI también tienen localizados a una parte de los dirigentes que todavía quedan en ETA. Pero esa información seguirá en sus archivos mientras la banda siga por el cauce adecuado y se limite a hacer públicos comunicados como el último, en el que se atreve a preguntar: ¿para cuándo el desarme de los Estados español y francés?



