Estos famosos son una ruina

05 / 09 / 2014 Fernando Barciela
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Los intentos de la banca privada por ofrecerles sus servicios han fracasado. Ellos prefieren invertir su dinero directamente y encadenan una larga lista de fracasos. 

Invertir el dinero propio de modo inteligente parece un imposible para casi todos. Un reciente artículo en la revista americana The Atlantic afirmaba que “la mayoría de la gente no tiene ni idea de cómo hacerlo”. La publicación hacía referencia a una encuesta mundial, compuesta de tres sencillas preguntas sobre inversión. Pues bien, el 79% de los suecos o el 69% de los franceses no fueron capaces de contestar correctamente. Ni tampoco el 70% de los ciudadanos de Estados Unidos, país que presume de gran cultura financiera.

No extraña pues que los grandes deportistas o estrellas del espectáculo sufran del mismo problema, con efectos aún más devastadores. Después de ganar decenas de millones de euros al año, muchos acaban arruinados a los pocos años de finalizar sus carreras. De ahí que los grandes bancos y sociedades de bolsa españoles hayan visto un verdadero filón en las potentes fortunas acumuladas por jugadores de fútbol, cantantes, actores y otras estrellas del mundo del espectáculo y hayan puesto en marcha en los últimos años ofertas específicas para este colectivo, tan falto, a su entender, de asesoramiento profesional.

Fue el caso del Sabadell, que puso en marcha dentro de su división de banca privada una sección especializada en deportistas y estrellas (BS Sports & Entertainment), o del Popular, que firmó un acuerdo en 2011 con la Asociación de Deportistas con tal fin. Y también de A&G Banca Privada, que puso en marcha en 2009 una división con la que esperaba gestionar el patrimonio de hasta 400 deportistas de élite. Otros que buscaron oro en el deporte español fueron los bancos suizos UBS y Mirabaud.

La idea que dirigía estas iniciativas de regeneración financiera de futbolistas y cantantes era la de que estos famosos iban a ser su gran mercado. Una de estas entidades anunció que en España había al menos 2.500 famosos con capacidad para convertirse en clientes de élite. De hecho, el Sabadell pensaba que, de lograr un 15% de ese mercado (unos 350 deportistas) tendría acceso a un patrimonio total de 1.750 millones de euros. Y no le faltaba razón porque España cuenta, además, según Forbes, con algunos de los deportistas mejor pagados del mundo: Ronaldo (80 millones al año), Messi (64,7 millones), Rafa Nadal (44,5 millones), Fernando Alonso (31 millones), Pau Gasol (22 millones), o Fernando Torres (21,3 millones).

Entre los cantantes sobresale David Bisbal, uno de los que más ganan del mundo (61 millones de euros en 2013). Y en lo que respecta a patrimonios, no a sueldos anuales, las cifras son también deslumbrantes. Según el sitio CelebrityNetworth.com, Penélope Cruz tiene una fortuna de 55 millones; Antonio Banderas, 45 millones; y Javier Bardem, 20 millones, igual que Pedro Almodóvar.

Pese a la abundancia e importancia de las fortunas de muchos famosos, la mayoría de estos experimentos de asesoramiento financiero –lanzados a bombo y platillo– han acabado en casi nada. Pese a que estas entidades colocaron al frente de sus flamantes departamentos de banca privada para famosos a exdeportistas o estrellas de la farándula, muy pocos de sus colegas de profesión han acabado como clientes. Los deportistas o famosos que han decidido entregar la administración de sus fortunas a los expertos financieros –que sí gestionan las de los más ricos en este país– se cuentan con los dedos de la mano, y en una parte muy residual de sus fortunas.

Las excepciones son pocas y muy parciales. Se sabe que Fernando Alonso sí ha adjudicado parte de sus inversiones financieras al Santander, lo mismo que Rafa Nadal al Sabadell; Ronaldo, al BES; o Pau Gasol, al Popular, una actitud que se explica más por el deseo de llevarse bien con sus patrocinadores que por una convicción profunda. Rafa Nadal es uno de los pocos que ha creado una Sicav, Growth Inversiones, gestionada por el Sabadell, al igual que Ana Rosa Quintana. Y aun así, parece que la relación de estos deportistas o famosos con las entidades es mínima.

Falta de cultura financiera.

La principal explicación para esta actitud de desapego parece estar en la falta de cultura financiera de los famosos, nacidos en familias sin ninguna tradición de invertir en estos productos y con una innata desconfianza ante este mundo, que no conocen. El hecho de que el lanzamiento de estas divisiones de banca privada especializada –a partir del 2008 o 2009– haya coincidido con una crisis económica y financiera que dificultó enormemente que los gestores pudieran presentar resultados positivos, se apunta como otra de las razones de peso. Algún que otro famoso, que en un principio se dejó seducir por las ofertas de la banca privada, hasta 2008 y la crisis de las subprime, acabó por retirarse al ver que su patrimonio no solo no crecía sino que bajaba. Tampoco resultó una buena promoción para estas entidades y los productos financieros en general el que algunos se vieran pillados en asuntos como la estafa de Bernard Madoff o los bonos de Lehman Brothers en EEUU. “Se les quitaron las ganas ya que habían sido aconsejados por sus asesores a entrar en esos productos” reconoce un experto financiero.

Como cualquier otro ciudadano de a pie, los famosos, especialmente los deportistas, prefieren invertir en el negocio inmobiliario y lanzar sus propios negocios. Habituados a amasar fortunas de decenas de millones de euros en pocos años, suelen minusvalorar el potencial de las inversiones financieras, que solo empiezan a presentar resultados a muy largo plazo. “Si te presentas con un plan para que inviertan en productos de renta fija, con rentabilidad del 3% o 4%, consideran que es poco –dice un exrepresentante de deportistas–,y que con un buen negocio dan el pelotazo más fácilmente, algo que no tiene lógica porque su preocupación debería ser mantener su patrimonio”. La casi totalidad de los famosos con dinero han visto en el negocio inmobiliario la forma más idónea de hacerse más ricos. Durante la época del boom era habitual que los deportistas mejor pagados invirtieran una buena parte de sus ganancias en viviendas y locales, los casos de Butragueño, Michel o Michel Salgado. Luego vinieron los malos tiempos y muchos, como Íker Casillas, se encontraron con que el valor de buena parte de sus inversiones (unas 20 propiedades en los alrededores de Madrid) se había devaluado.

Ahora, con la recuperación económica a la vista –y el ladrillo a precios de gan-ga– son muchos los famosos que vuelven a tentar la suerte ahí: el caso de Antonio Banderas, que, escarmentado con sus aventuras empresariales, que le han dejado su fortuna reducida a menos de la mitad (también debido al divorcio con Melanie Griffith), trata de recomponer su patrimonio comprando todo tipo de gangas en Málaga, su tierra natal. O de David Bisbal, con un patrimonio estimado en 190 millones de euros, buena parte invertido en pisos en España y en Miami. Lo mismo hace Rafa Nadal, que ha comprado dos hoteles en México, o Cristiano Ronaldo, que anunció su interés en abrir varios en sociedad con la empresa Pestana, un negocio que no parece haber salido adelante.

Pero donde todos parecen haber sucumbido es en la tentación de convertirse en empresarios. Pocos famosos hay que no hayan lanzado sus propios negocios, asuntos que no podían fallar, sobre todo porque se suponía que iban a crecer debido al aval de sus nombres y a la disponibilidad de fondos casi ilimitados para nutrir el proyecto. Y la cruda realidad es que al final pocos han tenido suerte con sus negocios, lo cual no es tampoco ninguna sorpresa. Los estudios de mortalidad empresarial nos vienen diciendo que incluso en épocas normales solo suelen sobrevivir entre un 10% y un 20% de las empresas que se crean. Y esto es aún peor, claro, en épocas de crisis.

La lista de desastres empresariales de famosos es larga y no para de crecer. Íker Casillas montó una gran discoteca (Kerbara) en su ciudad natal, Móstoles, que a los pocos años tuvo que cerrar, y Andrés Iniesta, el centrocampista del Barça, tuvo que finiquitar su constructora, Albiniesta, fundada en 2006, debido a las fuertes pérdidas y cada vez menor actividad. Peor aún, la empresa vinícola que fundó para su padre, Bodega Iniesta, no va nada bien. De hecho, la pasión de muchos famosos por tener su propia bodega les ha dejado boquetes en sus patrimonios. Ni Imanol Arias, ni Miguel Bosé, Raúl González o Martín Vázquez salieron bien parados de sus aventuras como bodegueros.

Uno de los que más dinero fundió en sus aventuras empresariales fue Banderas. La práctica totalidad de los negocios que montó en España, entre ellos la cadena de restaurantes La Posada de Antonio, su proyecto de teatro en el centro Príncipe Pío de Madrid, su pub-discoteca Kaleido de Puerto Marina, la empresa de barcos de recreo Doncel, su escudería de motos o su bodega de Ribera del Duero han acabado en nada y con fuertes pérdidas. La cadena, que empezó a funcionar en la década del 2000 y estaba llamada, según el actor, a tener más de cien locales y ser “el Zara de la restauración”, acabó con un déficit de más de dos millones de euros y una deuda de nueve, con lo que las pérdidas superaron los 15 millones.

También Pau Gasol, otro de los deportistas mejor pagados del mundo, se ha tenido que enfrentar a fuertes pérdidas (de 20 millones de euros) tras haber invertido en parques solares en Rumanía y en cosas como una escudería de Fórmula 1 (Hyspania Racing) y diversos negocios en Murcia. El italiano Vieri, que fue delantero del Atlético, ha confesado este año haberse pulido todo el dinero que le quedaba de sus años como jugador, unos 16 millones de euros, en un proyecto empresarial que puso en marcha con su madre.

Poca supervisión.

Mantener una empresa a flote es muy difícil. En general, estos deportistas y actores han cometido la lista completa de errores que viene en cualquier manual sobre emprendedores. El primero es dejar sus negocios a terceras personas. Ocupados al cien por cien en sus carreras, muy absorbentes, apenas tienen tiempo para supervisar sus empresas algo fundamental. Después, en lugar de asociarse con empresarios hechos y derechos, con una trayectoria probada, suelen confiar millones de euros a personas próximas, sin la menor experiencia en negocios: sus padres, mánagers o representantes.

Antonio Banderas, por ejemplo, confió la gestión de su cadena y de otros negocios al propietario de una gestoría, Francisco Fortes, amigo de juventud, pero sin experiencia empresarial. Y Pau Gasol confió todo su dinero a sus dos agentes, Enrique Rodríguez y Arturo Ortega, quienes se dedicaron a hacer y a deshacer casi sin que el jugador de la NBA se enterara de nada, tal era su confianza en ellos. Ambos, excelentes en su trabajo como mánagers deportivos, no tenían la menor idea de otros negocios. Muchos disgustos proceden de la confianza ciega que casi todos estos famosos depositan en sus padres. Apenas hay deportista de éxito que no hayan confiado sus asuntos financieros, el manejo de su dinero, a la familia. Abruma ver cómo estos progenitores, muchos de ellos llegados de profesiones humildes, se consideran de repente con las aptitudes necesarias para mover el dinero de sus hijos, seleccionar las inversiones y soltar millones de euros en negocios casi siempre ruinosos. Por ejemplo, los padres de Fernando Alonso, que están como apoderados y administradores en algunas de sus sociedades, no tienen la menor experiencia financiera y empresarial.

Padres e hijos.

Hay casos también en los que aprovechan la súbita fortuna del retoño para ampliar sus propias empresas sin tener que ir al banco a dar explicaciones. Sebastián Nadal, el padre del tenista, dueño de un restaurante, una empresa de vasos y vidrios y varias de energía solar y eólica, ha promovido estas sociedades en parte con dinero de su hijo. Esto, además de que aparece como administrador en sociedades de gestión del tenista como Debamina. También el padre de Andrés Iniesta, José Antonio, dueño de diez hectáreas de viñedos, convenció a su hijo para que le ayudara a cumplir con su sueño de convertirse en bodeguero en su propio pueblo (Fuentealbilla, Albacete). Para lograrlo, el jugador compró 120 hectáreas y construyó su propia bodega, que elabora vinos con cepas nacionales y francesas como Chardonnay o Sauvignon Blanc.

Ante las dificultades, Iniesta ha decidido pasarse a la agricultura ecológica y la hostelería. Más gasto. Para pagar esta y otras aventuras, el centrocampista inyectó en la sociedad que gestiona estas empresas un total de 7,2 millones de euros entre 2008 y 2011. Eso sí, José Antonio, su padre, sigue figurando en el consejo de administración del Albacete y es toda una personalidad en su pueblo. El caso más sonado de este tipo fue sin embargo el de Arantxa Sánchez Vicario, que en un libro acusó a sus padres de haber esquilmado toda su fortuna, en torno a los 45 millones de euros.

La mayoría de los famosos son un ejemplo a no seguir en cuestiones financieras. Todo un abanico de posibilidades de lo que no debe hacerse con el dinero si, además como es el caso de muchas de estas estrellas, tienen vidas profesionales relativamente cortas y deben asegurarse un futuro sin apreturas económicas.

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