Espionaje en tiempos de crisis
Cientos de agentes españoles han abandonado el Centro Nacional de Inteligencia desde el año pasado debido a los recortes en gastos de personal.
La crisis llega al servicio secreto. El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) está reduciendo personal poco a poco. Echa a militares antes que a civiles, aprovecha el momento antes de la firma del contrato indefinido -a los tres años de servicio- y apenas entran agentes nuevos. Todo para evitar reducir drásticamente y poner en la sociedad juguetes rotos que les perjudiquen. El secretario de Estado director del CNI, Félix Sanz, ha procedido desde su llegada al puesto, el 3 de julio de 2009, a un progresivo y secreto recorte de personal que en todo momento ha pretendido evitar que las especiales características de los agentes despedidos provocaran graves problemas a su seguridad.
Hay que tener muy presente que los despidos injustos o con malas formas han provocado algunas de las situaciones más graves que ha padecido el servicio de inteligencia español en toda su historia. En 1990 se abrió la puerta a Juan Alberto Perote, que unos años después permitió que se difundiera la participación del Gobierno y del Centro Superior de Información de la Defensa (Cesid), como se llamaba entonces el servicio de inteligencia, en la guerra sucia contra ETA. En 1996 la decisión del director Javier Calderón de expulsar a 28 agentes, algunos por razones personales y no profesionales, llevó a una marejada contra él en los medios de comunicación que dejó en evidencia su dudoso comportamiento durante el intento de golpe de Estado del 23-F. Y, por citar solo otro caso, en 2004, la salida del sargento Roberto Flórez, disgustado con el que consideraba un mal trato recibido por sus mandos, llevó a que vendiera información comprometida al espionaje ruso, razón por la que actualmente está en prisión.
Para alcanzar el complicado objetivo de evitar nuevos líos, Félix Sanz ha hecho encaje de bolillos para lograr recortar en todos los demás capítulos del presupuesto y reducir el personal de una manera lenta y nada traumática. Hasta tal punto se ha conseguido que no se han provocado quejas por la política de personal restrictiva, que lleva varios años aplicándose. Lo primero que hizo tras su llegada fue parar de una manera drástica el ingente volumen de nuevos agentes que llevaban entrando en el CNI desde que en España se produjo el terrible atentado del 11-M, llevado a cabo por el terrorismo islamista. Jorge Dezcallar, el director en aquel dramático momento, ya había comenzado antes de 2004 a aumentar las potencialidades del servicio, pero de una forma discreta, ayudado por los efectos que tuvo para Occidente el atentado del 11-S en Estados Unidos.



