El tortuoso camino de la tercera vía

05 / 05 / 2014 Luis Calvo
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Los socialistas catalanes y el partido de Duran i Lleida tratan de buscar una salida que desbloquee el conflicto catalán. De momento está resultando complicado.

"La tercera vía es la única solución y está más viva que nunca. Es muy necesaria y muchas personas que la han dado por muerta desde hace tiempo ahora piden sottovoce que haya una alternativa”. La rotunda afirmación del presidente de Unió Democrática de Catalunya (UDC), Josep Antoni Duran i Lleida, este domingo suena más a un deseo que a una realidad. Más a epitafio que a futuro esperanzador. La alternativa lanzada por el líder catalán y respaldada por el Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC) y algunos sectores de Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV) para lograr un nuevo encaje negociado de Cataluña en el Estado está desde hace meses en la vía muerta. En algo más de dos años desde que se lanzara la carrera independentista, aún no ha conseguido recabar apoyos significativos ni entre los demás partidos catalanes ni en la política nacional, algo demoledor teniendo en cuenta que se basa precisamente en un diálogo entre Madrid y Barcelona. Al contrario, soberanistas por un lado y constitucionalistas por otro han ido con el tiempo distanciando sus posiciones hasta un punto en el que cualquier argumento intermedio hace parecer sospechoso. En Cataluña, pero también en el resto de España, la polarización progresiva ha eliminado casi cualquier matiz en la discusión.

Reconciliación imposible.

De hecho, más allá del difuso federalismo que propugna el PSOE, nadie se ha querido mojar por una propuesta incapaz hasta ahora de reconciliar posiciones. Ni siquiera los socios naturales de sus impulsores. La afirmación de Duran i Lleida salía al paso de varias semanas en las que distintos cargos de Convergencia Democrática de Catalunya (CDC) habían ido, palada a palada, enterrando viva la posibilidad de acuerdo con el Estado. El propio presidente de la Generalitat, Artur Mas, se encargó de dar la puntilla a la propuesta hace una semana: “La tercera vía quedó borrada y no se ven ni las huellas”.

Aunque dejó una puerta abierta a nuevas propuestas de un nuevo encaje de Cataluña en España por parte del Gobierno central, recalcó que la posibilidad es poco realista y se apresuró a tachar cualquier acercamiento de maniobra de distracción. “Es evidente que en este momento no existe el canal de diálogo que debería haber”, explicó.

No es el único miembro de CDC que se ha dedicado a zarandear la idea del portavoz de CiU en el Congreso de los Diputados. Hace unos meses el consejero catalán de Empleo, Felip Puig, dejó clara su escasa fe en una alternativa viable al plan soberanista: “La tercera vía está absolutamente bloqueada desde el debate del Estatut y la sentencia”.

Y no solo entre los cargos activos se ha generalizado esta opinión. También el expresidente catalán Jordi Pujol, un peso pesado dentro del partido, lanzó poco antes del debate en el Congreso un mensaje poco interpretable: “Yo no la veo y soy especialista en terceras vías. Soy un campeón de la tercera vía, pero estamos escaldados”. Sus palabras son una muestra de una política catalana cada vez más de trincheras en la que apenas queda rastro del seny, la cordura o sensatez, que él mismo enarboló como bandera durante sus Gobiernos.

Tampoco ayuda la política de hechos consumados puesta en marcha por Artur Mas y que cada vez le exigen con más vehemencia organismos con la Asamblea Nacional Catalana (ANC). Conscientes del trasvase electoral hacia las opciones más radicales (Esquerra Republicana de Catalunya o Ciutadans), los miembros del Gobierno catalán han ido cerrando puertas al diálogo. Las declaraciones asegurando que se celebrará una consulta pase lo que pase o amenazando con la declaración unilateral de independencia dejan poco espacio para el diálogo.

Pero la tercera vía no solo recibe ataques en la piel de Duran i Lleida. También en el PSC hay fracturas que hacen augurar un futuro complicado a la propuesta. La dimisión la pasada semana de buena parte de la cúpula del partido en Gerona por discrepancias con la dirección es, más allá del alcance limitado que puede tener en el partido, todo un síntoma de lo que está ocurriendo en la formación. La dirección del PSC se mueve desde hace varios años entre las críticas de Ferraz, que trata de que abandone su apoyo al “derecho a decidir”, y las de algunos de sus miembros, que exigen un compromiso mayor con el espíritu catalanista del partido. Entre ambas presiones, el PSC ha tratado de vender siempre la necesidad de alcanzar una vía dialogada que haga posible no solo un nuevo encaje de Cataluña, sino incluso una consulta legal para que los catalanes expresen su voluntad. De nuevo, el punto intermedio no ha convencido a nadie. Mientras en Madrid se tiraba de las orejas a quien se atrevía a cuestionar la disciplina de voto, en Cataluña, la dirección tenía que imponer disciplina entre los cargos más nacionalistas. “Se pretendía tender puentes entre ambas realidades, pero al final está en mitad del mar, lejos de cualquier orilla”, explica un diputado catalán en el Congreso.

Una reforma sin apoyos.

Esa tensión entre los dos partidos hermanos fue lo que inspiró el documento de Granada que acabó alumbrando el nuevo federalismo del PSOE. Hace unos días, Pere Navarro (secretario general del PSC) y Alfredo Pérez Rubalcaba se felicitaban por haber introducido la reforma constitucional en la agenda política y se comprometían a dar un nuevo impulso a esa vía como solución al encaje de Cataluña. Lo cierto es que la propuesta federalista del PSOE, sin embargo, tampoco parece tener ningún apoyo fuera de Ferraz, y menos en el PP, algo fundamental para poder llevarla adelante. Ante el empeño de los socialistas fue el portavoz de la Generalitat quien se encargó de subrayar el escaso recorrido de un plan que no cuenta ni siquiera con el beneplácito del partido que Gobierna España con mayoría absoluta.

La propuesta tampoco ha conseguido hacer fortuna en las bases socialistas, que han respondido con indiferencia, cuando no con desconfianza, a la propuesta. No en vano, el PSC sigue hundido en las encuestas. Los socialistas catalanes caen ya por debajo de los 20 escaños que lograron en 2012, el peor resultado de la formación y muy lejos de los 52 que llegó a tener en 1999 bajo la dirección de Pasqual Maragall.

Dimisiones en el PSC.

Esa es precisamente una de las principales críticas que los sectores más soberanistas del PSC lanzan hacia la dirección del partido. “Necesitamos ser un partido mayoritario, con peso propio, pero nos estamos alejando de nuestro programa electoral, que supone un contrato y, por tanto, de nuestros votantes, que apoyan mayoritariamente la consulta”, argumenta Pia Bosch, líder de la oposición en Gerona y portavoz del sector soberanista que ha abandonado la Ejecutiva del PSC en la provincia. Efectivamente, el partido recogía en su programa un derecho a decidir del que se ha ido distanciando con el tiempo por los planteamientos unilaterales del Gobierno catalán.

Bosch sostiene que la alternativa impulsada por Navarro está muerta si no se permite a los catalanes votar. “Tengo la sensación de que no existe esa tercera vía. Hoy cualquier vía debe pasar por la consulta”, explica. Aunque los soberanistas del PSC carecen del peso necesario para torcer la voluntad del partido, el goteo de dimisiones y críticas que desde 2012 sufre la formación no hace más que socavar una propuesta mejor vista fuera de Cataluña que dentro.

Así las cosas, parece poco probable que la tercera vía pueda ganar fuerza los próximos meses. Tanto el entorno de Artur Mas como el del Gobierno de Mariano Rajoy están, en gran parte, presos de sus declaraciones. Aunque es posible que haya cierta distensión tras las elecciones europeas del 25 de marzo, las posiciones de partida no auguran una salida negociada al problema. Sea o no la única solución, como aseguraba Duran, la tercera vía está a día de hoy más cerca de pasar a la historia como una idea desechada que como la respuesta a la creciente tensión entre España y Cataluña.

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