El PSOE lanza la operación Susana

02 / 06 / 2014 José María Vals y Luis Calvo
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El congreso extraordinario deja todo el poder en manos de la presidenta andaluza. Una parte importante del PSOE presiona para que convoque elecciones en su comunidad en mayo y sea la candidata socialista en las próximas generales.

El pasado domingo, cuando ya avanzada la noche electoral se hicieron públicos los resultados de las urnas para el Parlamento Europeo, Alfredo Pérez Rubalcaba decidió refugiarse en su despacho. Ni siquiera acompañó a su candidata y amiga, Elena Valenciano, cuando salió a admitir una derrota que socava aún más el ya hundido suelo electoral de los socialistas. En una de las noches más tristes que se recuerdan en Ferraz, el PSOE apenas había conseguido superar el 23% de los votos y alcanzar 14 escaños, unos resultados impensables hace cinco años, cuando Juan Fernando López Aguilar rozó el 39% y se apuntó 21 escaños.

Rubalcaba pasó buena parte de la noche y la mañana siguiente llamando a distintos dirigentes del PSOE para tantear cuál debía ser la salida al descalabro del partido. Tenía ya decidido que no volvería a pelear por un puesto que en algo más de dos años le ha proporcionado multitud de disgustos y escasas alegrías, pero no los plazos ni cómo pilotar el cambio en el partido. Para eso fueron decisivas las doce horas que pasaron antes de su intervención frente al Comité Federal del PSOE, reunido en Ferraz.

Al principio de la noche, el secretario general aún manejaba varias opciones, pero según avanzaban las horas, quedó claro que la decisión ya la habían tomado otros por él. Un sector importante del partido había presionado durante la campaña para que, si el PSOE quedaba a más de dos puntos del PP y por debajo del 30% de los votos, la única salida digna fuese la dimisión de Rubalcaba y la convocatoria de un congreso extraordinario. La noche del domingo varios dirigentes se lo recordaron a Rubalcaba y él cedió. El lunes anunció que se mantendría en el cargo hasta el 19 de julio, cuando el partido elija una nueva Ejecutiva. En la decisión tuvo un peso fundamental la presidenta andaluza, Susana Díaz, que usó la influencia de la mayor federación del PSOE para hacer valer sus prioridades. Dentro del partido no es ningún secreto que Díaz no era precisamente una entusiasta de las primarias abiertas. Acostumbrada a manejar su federación hasta en los más mínimos detalles, la presidenta temía que si se daba la voz a toda la ciudadanía, el resultado alejase al PSOE de lo que ha representado durante los últimos 35 años.

No es la única. Según fuentes conocedoras de las gestiones, en la operación para descabalgar a Rubalcaba y forzar un congreso participaron pesos pesados del PSOE andaluz y del resto de España, de dentro y de fuera de la Ejecutiva. Uno de ellos, José Antonio Griñán, ostenta aún el puesto de presidente del partido. Otros, sin cargos visibles, mantienen una influencia importante sobre sus federaciones. Todos ellos son veteranos socialistas que temen una vuelta del zapaterismo al partido y ven a Susana Díaz como la única apuesta capaz de reflotar un buque que se hunde. Están convencidos de que solo si Díaz ocupa la secretaría general y bloquea otras opciones el partido volverá a tomar oxígeno. En su opinión, la interminable travesía por el desierto que sufre el PSOE no la pueden resolver quienes crecieron políticamente bajo la mirada del último presidente. La vuelta al partido de los zapateristas provocaría, a su juicio, la desaparición, más temprano que tarde, de la formación.

Aislar a Chacón.

La operación, de hecho, se organizó tanto para entregar el partido a la presidenta andaluza como para evitar que Carme Chacón, delfín del expresidente en sus Gobiernos, pudiese tomar posiciones. La celebración de un congreso extraordinario deja casi sin ninguna opción a la exministra, que tras un año fuera de España y el enfrentamiento con el Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC) carece casi por completo de apoyos orgánicos. Su principal opción consistía en que votase toda la ciudadanía. Fuera del partido sus niveles de valoración son muy superiores a los que conserva dentro. El congreso tampoco beneficia al resto de candidatos, que durante meses han preparado su salto a las primarias trabajando con las bases del partido en lugar de con los cuadros, que finalmente tomarán la decisión.

El formato del congreso, mucho más fácil de controlar que unas primarias, obliga a quien quiera hacerse con la secretaría general a contar con el respaldo de las ejecutivas regionales. No es raro que las federaciones socialistas voten en bloque a uno u otro candidato, algo que facilita, calculadora en mano, saber el resultado que arrojará un congreso. El PSOE andaluz por sí solo suma ya el 25% de los militantes. Junto a Madrid y Valencia, a cuyas federaciones muchos sitúan en el círculo de influencia de la presidenta, suman ya el 40% de los votos necesarios. A Díaz le bastaría un empujón de alguna otra federación para tomar la secretaría general o situar en ella a quien considere oportuno.

Un calendario hacia las generales.

En opinión de uno de los barones territoriales del PSOE, la operación para aupar a Susana Díaz a la secretaría general cuenta ya con los votos necesarios. Siempre según él, ya hay sobre la mesa pactos que garantizan al menos el 50% de los votos, una posición de salida que deja sin ninguna opción al resto de los competidores. Solo falta saber si ella se decide a dar el paso. Si aceptase, el calendario está ya marcado. Se haría con el partido en el congreso del 19 y 20 de julio y compatibilizaría el cargo con la presidencia de Andalucía. Las primarias nacionales quedarían inmediatamente pospuestas con el argumento de que corren más prisa las autonómicas y municipales. Nos plantaríamos en las navidades con un liderazgo ya consolidado.

Solo entonces, si las encuestas ratifican la victoria del PSOE andaluz, Díaz adelantaría las elecciones autonómicas. Ratificada por la urnas y con el PSOE controlado, sería el momento de convocar primarias nacionales. Nadie le plantaría cara. Igual que pasó tras la renuncia del Griñán, las primarias se resolverían por aclamación o, como se conoce últimamente entre los socialistas críticos, “a la andaluza”. El expresidente de Andalucía y del PSOE, Manuel Chaves, ya apuntó esta semana que el PSOE necesita un nuevo secretario general joven y con apoyo “casi unánime” del PSOE, dos cualidades que podría aglutinar la presidenta andaluza. Cerca de uno de cada cuatro votos que el PSOE consiguió en las pasadas elecciones europeas provino de la comunidad, un factor a tener en cuenta a la hora de elegir  los liderazgos.

Existe, sin embargo, la posibilidad de que prefiera esperar. Algunos socialistas consultados explican que Díaz no tiene la necesidad de aparecer en la foto por el momento. Con el partido bajo control, Díaz apoyaría para la secretaría general a alguien de su confianza “que le mantenga la silla caliente”. Con ello ganaría tiempo para decidir si convoca o no elecciones en Andalucía y si se presenta o no a unas primarias que siguen sin gustarle en exceso. Todo desde una posición cómoda, sin arriesgar Andalucía y con la posibilidad de provocar una nueva crisis en el partido siempre que quiera. Además, Susana Díaz no ocupa escaño en el Congreso de los Diputados, algo que le imposibilitaría hacer oposición directa a Rajoy. El PP podría ningunearla y vender su imagen como mera gestora del partido, sin peso político suficiente.

Esta opción de separar poder orgánico y candidatura preocupa a parte del partido. En el PSOE aún se recuerda el desastroso resultado de la bicefalia entre José Borrell y Joaquín Almunia. Aunque en este caso cualquier candidato tendría que contar con el beneplácito de Andalucía, cada vez son más quienes creen que el número uno del partido, sea quien sea, debe ser también quien encabece el ticket electoral. Es decir, que quien no dé el paso en el congreso de julio tendrá difícil pelear con Rajoy por la presidencia de Gobierno

La protesta de los candidatos.

El golpe de timón de Rubalcaba ha provocado que se abra una guerra en el partido entre quienes respaldan la decisión y quienes se sienten perjudicados por ella. Entre los primeros están representantes de la vieja guardia como Manuel Chávez o José Blanco. También el exlendakari Patxi López. Entre los segundos, el resto de los candidatos a dirigir el PSOE y la mayoría de los jóvenes del partido.

Los dos exministros tomaron la palabra en la reunión del Grupo Parlamentario Socialista para recordar que un congreso extraordinario es la “máxima expresión de la voluntad del partido” y que cualquier otra opción habría significado que Rubalcaba se mantuviera en el cargo durante las primarias, algo impensable tras el descalabro electoral. López, que a su vez ha convocado un congreso en el País Vasco, también apoyó la decisión del secretario general. En su opinión, “es una cuestión de ordenar los tiempos”. “Sin un partido fuerte no hay candidato que valga”, explicó. Aunque abandona su puesto al frente del Partido Socialista de Euskadi (PSE), el exlendakari no deja claro, sin embargo, si alberga alguna esperanza de encabezar el partido a nivel nacional.

Sí cargaron contra la decisión el resto de candidatos a las primarias. Tras el anuncio de Rubalcaba, Carme Chacón, Eduardo Madina y Pedro Sánchez buscaban esta semana opciones para continuar la batalla por el liderazgo. La primera es quien está en peor situación. Sabe que si pierde la carrera no solo quedará fuera de la Ejecutiva socialista, sino de cualquier puesto de responsabilidad e incluso de las listas socialistas. Incluso antes del desastre electoral Chacón ya estuvo haciendo campaña para evitar la convocatoria de un congreso. Después criticó que se estaba robando la palabra a la gente y acusó a Rubalcaba de “cerrar el partido” de nuevo a la ciudadanía.

Congreso “a la gallega”.

Más comedidos se han mostrado el secretario general del grupo parlamentario socialista, Eduardo Madina, y el diputado Pedro Sánchez. Ambos se mostraron dispuestos a participar en el congreso siempre y cuando se diera la palabra a todos los militantes, al estilo del congreso celebrado en septiembre por el PSOE gallego. Aunque ambos prefieren someter su candidatura a a 250.000 militantes antes que a un millar de delegados, eso tampoco garantiza que ninguno de los dos logre su objetivo. Hace ya casi un año que el PSOE se rige por lo que dicta la federación andaluza. También en esto, cualquier movimiento del PSOE tendrá que estar consentido por la presidenta.

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