El PP en la treintena

29 / 06 / 2015 Clara Pinar Fotos: Vicky Diego
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Con 31 años, Andrea Levy es la política revelación tras los últimos cambios realizados por Rajoy en el PP. No es la única treintañera con responsabilidades en el partido.

Andrea Levy, la nueva vicesecretaria de Estudios y Programas del PP, supo de su nombramiento media hora antes de que Mariano Rajoy lo anunciara ante el comité ejecutivo hace ya casi dos semanas. No estuvo mal, comparado con aquel congreso del PP catalán en 2012, cuando perdió el hilo de las intervenciones y solo lo recuperó al darse cuenta de que todo el mundo la miraba a ella. Su jefa, Alicia Sánchez-Camacho, la acababa de nombrar responsable de la elaboración de sus discursos y de dar un corpus teórico al PP catalán, opuesto al proceso soberanista, al frente de un grupo de ocho personas, la mayoría de ellas, mayores de sus actuales 31 años, a los que Sánchez-Camacho llama “mis intelectuales”. A los 24 se afilió al PP, llegó a presidir las Nuevas Generaciones catalanas y en el congreso de 2012 fue una de las jóvenes elegidas para hacer una pregunta a Rajoy: si sería fácil ser hija suya. Después dejó la política para trabajar como abogada en uno de los grandes despachos, Uría y Menéndez. Volvió al PP en Barcelona como “una apuesta personal” de Sánchez-Camacho, contaba a TIEMPO en un café de Madrid una semana antes de que Rajoy decidiera llamarla para trabajar en los mensajes políticos que el PP intentará que calen entre el electorado. Entonces admitía que, de la misma manera que fue fichada, su trabajo en el PP tendría un final. No parece que esté próximo. Levy, de lejano origen judío, es una de las caras de la renovación que Rajoy acaba de introducir en el partido. Es más joven incluso que Pablo Casado, que a sus 34 años acaba de oficializarse como rostro de los populares con la vicesecretaría de Comunicación. Ambos forman parte de los tiempos que corren, treintañeros con los que el PP apuesta para adaptarse a la tendencia que han impuesto Pablo Iglesias, en Podemos, o Albert Rivera, en Ciudadanos.

“Cuando entré en política, los que me parecían muy mayores tenían 30 –admite Levy–. Quiero pensar que no solo quieren que pongamos nuestra cara, sino que aportemos nuestras ideas”, dice una política que suele parafrasear a Oscar Wilde: “No soy lo suficientemente joven para saberlo todo”. Por eso quizá, en sus primeras reuniones como dirigente del PP catalán se escudaba en el “divino atrevimiento de la juventud”, con el que tenía menos reparo en decir lo que pensaba ante gente con mucha más experiencia. Hoy es una política en permanente contacto con la calle, que hasta que dejó Barcelona no tenía inconveniente en quedar con gente que acude a ella con inquietudes –“siempre que vea que es seguro”, bromea– y que en Cataluña tiene una gran presencia mediática. Hace poco estuvo a punto de levantarse e irse en una tertulia de Rac1 ante la insistencia del economista independentista Marti Sala para que recordara que es del PP. Un enfado en directo que se convirtió en un acto de espontaneidad que se ve poco en políticos más mayores. “Forma parte de actuar con normalidad. Creo que [los votantes] nos agradecen que tengamos ideas y criterio propios. Uso los mismos argumentos que con mis amigas”, dice. Ella no se apunta a denostar a partidos como el PP, a cuya cúspide acaba de llegar. “No me gusta la estigmatización, para mí es la herramienta por la que se canalizan las ideas”.

Levy y Casado no son los únicos políticos jóvenes que desde hace años tienen puestos de responsabilidad política u orgánica. También están en la treintena la portavoz en el Parlamento balear, Marga Prohens (33); el responsable del área electoral en Madrid, Alfonso Serrano (39); la secretaria general del PP andaluz, Loles López (37); y el presidente del PP de Guipúzcoa, Borja Sémper (38). Recién llegado a los 40, el eurodiputado Pablo Zalba se codea desde hace seis años con el presidente del Eurogrupo o del Banco Central Europeo desde su puesto de vicepresidente de la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo.

Todos son conscientes de que, acertadamente o no, ser joven es hoy un valor en alza en política y admiten que a su edad es más fácil empatizar con contrincantes políticos como Iglesias o Rivera. Piden cambios para que el PP vuelva a ser el partido al que los jóvenes quieren votar. Sienten los escándalos de corrupción como algo ajeno y, mientras que sus mayores se lo piensan, piden un método distinto al dedazo para elegir a los candidatos. Casi todos tienen claro que alguien de 35, 36 o 37 años puede perfectamente ser presidente del Gobierno, pero no a cualquier precio: gente preparada y sin excluir la experiencia de los veteranos, coinciden en alusión a la jubilación forzosa de políticos nacidos antes de la Constitución de 1978 por la que apostó Rivera. Como responsable electoral en la sede nacional, a Alfonso Serrano a veces se le ocurren “mil locuras”, vídeos que le gustaría hacer o mensajes que le gustaría lanzar, “ese tipo de cosas que te pide el estómago”. “Luego dices: ‘Para un momento”. Así describe su trabajo diseñando campañas en un partido en que recuerda que tener responsabilidades en la treintena se remonta a José María Aznar, presidente de Castilla y León con 37. En todo caso, sí ve cierta querencia ahora por los jóvenes, algo que puede que no siempre sea bueno, y alerta del peligro de mostrar solo “al más guapo, más simpático y más fresco”, sin cuestionar si está suficientemente preparado. “No sé si es gente más joven o no, estamos en un momento en que parece que la inexperiencia y lo nuevo son un valor positivo... yo quiero alguien con experiencia, se trata de gestionar la vida de las personas”. En el plano electoral que domina sí admite que “la población juvenil es determinante en cualquier proceso electoral y no hay partido que dedique parte de su campaña al electorado joven”, dice en su despacho, donde hay desde una fotografía tomada hace años en un acto del partido en Barajas hasta una taza de La Tuerka, el programa de Iglesias y Juan Carlos Monedero, al que ha asistido en más de una ocasión. “Creo y quiero pensar que nuestra generación es mucho más tolerante y transigente y me gustaría pensar que menos sectaria”. Le gustaría que la joven generación de políticos que parece que llega con fuerza desterrara temas de batalla política como la Guerra Civil. “Puedo entender que haya ciertos prejuicios entre izquierda y derecha, pero no se entienden en mi generación. Yo no entiendo que una persona de 35 años me eche en cara a mí la Guerra Civil”.

“Yo creo que la gente de nuestra generación tiene que ser protagonista de la política, porque tenemos una formación y estamos en contacto con la calle, la realidad social y las nuevas formas de comunicarnos”, asegura Marga Prohens, una de las piezas de la limpia que, tras años de corrupción, hizo José Ramón Bauzá cuando se hizo con las riendas del PP balear, hacia “un partido más democrático” con las primeras primarias de su historia. Acaba de ser designada su portavoz en el Parlamento balear, un ascenso con respecto a la viceportavocía en la pasada legislatura, que inauguró a los 29. Prohens también es habitual de las tertulias, donde al principio le pesaba un poco ser tan joven. Hasta que se acostumbró. “A lo mejor iba a debatir con alguien que había estado gobernando hasta hacía nada. Por un lado vas tú y tus miedos, porque esta persona era conseller, pero llega un momento en que tú te creces cuando te dicen que eres muy joven”. Como en otros territorios, en Baleares el PP está en pleno análisis de los malos resultados del 24-M para decidir la estrategia a seguir. Ahí las diferencias entre jóvenes y mayores se notan. “En la lectura de los resultados estamos todos de acuerdo, que la marca PP ha sufrido un desgaste y han surgido otras que enganchan a muchísima gente. Surgen diferencias en cómo reflotar al PP”, dice una política que se lee diarios digitales al levantarse y acostarse, usuaria asidua de las redes sociales y que, mucho antes que los mayores de su partido, sabía lo que se venía encima. “Cuando surgió Podemos, los jóvenes nos dimos cuenta de la fuerza que tenía, lo notabas en las redes, en la calle, en que los programas de los viernes y sábados por la noche son de política y mucha gente joven los ve”. “Es verdad que a veces te agarras al que ha llegado el último o el más simpático, aunque tu mensaje sea comedido o no sean cantos de sirena –dice–. Para volver a ilusionar, los protagonistas tienen que ser gente que está en esta edad”.

Cuando en 2011 Loles López se convirtió en alcaldesa de Valverde del Camino (Huelva), una de las localidades más endeudadas de España, hubo quien pensó que era “demasiado joven para la que le había caído encima”. Hoy, convertida a sus 38 años en secretaria general del PP andaluz, ha dirigido los contactos durante más de dos meses para formar Gobierno en Andalucía. López cree que es un “error” dejar fuera a políticos más mayores pero también tiene claro que los treintañeros conectan más con una parte de la sociedad que de repente se ha dado cuenta de que la política también va con ellos. “Conocemos y sintonizamos muy bien con la sociedad que es de nuestra edad”. “A mí me das a elegir entre estar en un despacho o en la calle con los ciudadanos y no tengo ninguna duda, salgo a la calle”, añade sobre una forma de hacer política de la que el PP parece haberse olvidado en los últimos tiempos.

Para Pablo Zalba, este cambio es tanto o más necesario como el de repoblar el partido de caras jóvenes y preparadas. “Si una parte fundamental de los cambios van en la dirección de salir a la calle, habremos solucionado parte del problema”. Él contempla la situación desde Bruselas, donde pocos meses después de convertirse en eurodiputado en 2011, sustituyó a José Manuel García-Margallo como vicepresidente de la comisión que propone o critica la política económica de la UE y por la que se pasean los máximos responsables de la Eurozona. “Fue una sorpresa y lo asumí con cierto temor. También me llevó a la reflexión de que es un mito que el PP no apuesta por la gente joven”. Para él, solo es en parte cierto que los políticos jóvenes están mejor preparados. Él fue erasmus (en Leicester) como millones de europeos y lo nota en los idiomas en la Eurocámara. Pero sin generalizar. “Margallo tiene 70 años, ha estudiado en Harvard y habla perfectamente inglés y francés”.

Casi a regañadientes, Zalba aceptó en 2014 la presidencia del PP de Navarra. Entraba en la política nacional, donde el acento también está en el tiempo que un político se dedica a la política. “A veces pienso que llevo seis años en política y debería empezar a hacer las maletas porque ya no represento la renovación que algunos piden”, ironiza, y defiende algo poco defendido últimamente, al fontanero. “La maquinaria de un partido estará mejor engrasada con gente que lleve tiempo y conozca la casa. No me rasgo las vestiduras porque alguien esté en política toda su vida”.

En Bruselas, Zalba ha construido una buena relación con Iglesias. “No me siento muy diferente a la manera de vivir y de hacer política. Independientemente de que tengamos enormes discrepancias, no veo diferencias abismales”, dice sobre el líder de Podemos, uno de los que abrió la espita de la casta treintañera que puebla la política española. “Creo que estamos demasiado obsesionados con la edad, ahora parece que solo se puede estar en política si eres joven. Cuanto más diverso es un equipo, más solvente es”.

Borja Sémper, presidente del PP de Guipúzcoa y portavoz en el Parlamento vasco, es uno de los dirigentes jóvenes más reconocibles del PP, con sus contundentes declaraciones en contra de compañeros tocados por escándalos de corrupción o a favor de un cambio de política en el País Vasco tras el final de ETA, que hace años casi nadie compartía en su partido. Conoce suficientemente bien la organización y lo que quieren los militantes más jóvenes para asegurar que hace falta que, además de caras jóvenes, haya un cambio de “contenido” para que el votante de entre 18 y 35 años, “alejado del PP” se sienta “identificado” con un partido que más que a la derecha debe instalarse en el “centro reformista”. “C’s solo será una amenaza para el PP en tanto en cuanto se lo permitamos”. Hace falta, enumera, “humildad” y “un discurso moderno” que incluya una nueva forma de elegir a los candidatos que prefiere no llamar primarias. También que “observe mejor la realidad”, dice Sémper, que prepara una novela sobre un joven formado, con un trabajo precario y sin expectativas. ¿Un político de 50 observaría así la realidad? “A mí me es posible. Cuando parte de tus amigos tienen dificultades para llegar a fin de mes, otros han tenido dificultades para encontrar empleo y la otra mitad ha temido perderlo, tienes una visión de la realidad muy concreta”.

Cree que Podemos puede estar ganando la batalla del voto joven, pero no las respuestas, porque defiende unas ideas que “han fracasado donde se han intentando implantar”. Admite que los votantes buscan más que nunca personas en lugar de partidos pero, lejos del paso del activismo a la política, como sus compañeros Sémper también está cómodo en el PP. “Hacen falta, pero modernizados y adaptados a la nueva realidad”.  

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