El órdago de Aguirre

13 / 01 / 2015 Cristina de la Hoz
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La expresidenta de la Comunidad de Madrid vuelve a poner en aprietos a Mariano Rajoy al postularse públicamente para la alcaldía de la capital de España.

El deseo declarado de Esperanza Aguirre de hacerse con la candidatura al Ayuntamiento de Madrid devuelve a la baronesa popular a la primerísima línea política y sitúa a Mariano Rajoy ante el dilema de designar a la que sigue siendo una de sus mayores críticas. El “dedo divino” al que irónicamente se ha referido la expresidenta de la comunidad está atrapado por un órdago que le cuesta digerir, dada su conocida alergia a los pulsos, pero al que, quizá, no tenga más remedio que rendirse.

Todo culminó con el pronunciamiento público de Aguirre el pasado 23 de diciembre, aunque venía lanzando señales desde mucho antes y hasta admitió que le había hecho llegar al líder popular su disponibilidad. Lo cierto es que a la presidenta del PP madrileño le fallaron la estrategia y el calendario, lleno de sobresaltos, puesto que lo previsto no era que ella se promoviera para la candidatura municipal sino que surgiera como una propuesta “espontánea” de los órganos del partido en Madrid ante la que Rajoy no pudiera negarse. En torno al verano se sopesó la celebración de una convención regional destinada a que los distintos alcaldes de la comunidad, cuadros del partido y presidentes de distrito abanderaran el respaldo a Aguirre como candidata. Este movimiento de la primera planta de Génova fue desactivado por la séptima, en concreto, según fuentes populares, por la secretaria general, María Dolores de Cospedal.

Aun así, a la vuelta de las vacaciones de verano el núcleo duro del PP madrileño retomó la idea de promover las aspiraciones de Aguirre para la capital de España. Se estaba analizando cuál podía ser la mejor fórmula cuando todo se vino abajo ante el estallido de la operación Púnica, que tocó de lleno el corazón del partido madrileño al verse implicados en la misma la que fuera una de las personas de mayor confianza de Aguirre, para entonces ya defenestrado, Francisco Granados, además de los alcaldes populares de Valdemoro, Torrejón de Velasco, Casarrubuelos, Collado Villalba y Serranillos del Valle.

Ese mismo día, el 27 de octubre, Aguirre se apresuró a dar una rueda de prensa en la que pidió perdón “por el error de confiar en Granados” y anunció que todos los imputados quedarían fuera de los ayuntamientos y de las listas electorales. La líder del PP madrileño demostraba de nuevo sus buenos reflejos y su naturaleza de animal político –que le reconocen hasta sus detractores– ya que, como había hecho antes con la Gürtel, se adelantaba a todos a la hora de exigir responsabilidades. Sin embargo, no faltaban los que desde los aledaños de Moncloa y del grupo parlamentario aseguraban que la Púnica complicaba su regreso a la primera línea política.

Anuncio público.

El último acontecimiento que echó al traste la estrategia de Aguirre fue el ataque que un loco dirigió contra la sede del partido, el pasado 19 de diciembre, empotrando literalmente su vehículo en la recepción de Génova con la intención de hacer explotar las dos bombonas de butano que llevaba en el maletero. Ese día había convocado una reunión de la Junta Directiva Regional para elegir a los dirigentes que acudirían en representación de Madrid a la convención nacional que se va a celebrar a finales de este mes. Lo cierto es que no se requería la reunión del máximo órgano del partido entre congresos para hacer dicha selección, sino que estaba destinada a lanzar su candidatura, echando mano para ello de algunos de sus fieles, como el portavoz del Grupo Popular en la Asamblea de Madrid, Íñigo Henríquez de Luna. Cancelada la cita, Aguirre pudo, por fin, anunciar públicamente su disponibilidad tras una reunión del comité de dirección un día antes de Nochebuena. El tema no se trató en el comité, sino que surgió por una pregunta durante la rueda de prensa posterior. Pero por fin conseguía “dejar la pelota en el tejado de Rajoy” a quien pone “en una situación imposible puesto que intenta obligarle a que la designe candidata bajo la amenaza de que, si no lo hace, siempre le podrá reprochar un mal resultado”, señalan fuentes del partido.

Medir fuerzas.

“Pulso” es la palabra más repetida entre los colaboradores de Rajoy, aunque, en puridad, Aguirre no ha hecho nada distinto a lo que vienen haciendo su sucesor en la Comunidad de Madrid (CAM), Ignacio González, o el presidente de la Comunidad Valenciana, Alberto Fabra, quienes han expresado su deseo de encabezar sus respectivas candidaturas en los comicios de mayo. De hecho, el valenciano retaba a Rajoy desde estas mismas páginas cuando afirmaba que “nadie ha dicho que con otro candidato se consiga un mejor resultado en Valencia”.

Pero lo de Aguirre es diferente. Cualquier movimiento de la lideresa de los populares madrileños no deja de ser visto en clave de enfrentamiento con el presidente del Gobierno. No faltan en el PP los que creen que ella “es la mejor opción electoral” en una plaza que no se pueden permitir perder, pero “aunque tiene un suelo muy sólido, también tiene un techo que no hay forma de traspasar. Fija el voto más tradicional, más de derechas, pero dificulta el del centro”, indican fuentes conocedoras de los sondeos y trackings que vienen realizando los populares. En todo caso, la dificultad radica en que “los resultados no son buenos, nadie garantiza la mayoría absoluta y no hay grandes diferencias entre unos nombres y otros”, sean el de Aguirre, el de Cristina Cifuentes y hasta el de Soraya Sáenz de Santamaría, que sería la única candidata a la que Aguirre y los suyos no podrían poner muchos peros. Rajoy ha dejado claro que “la decisión la va a tomar él y los sondeos no son más que orientativos”, pero eso sí, desde el Partido Popular madrileño destacan que “hacer una campaña en contra de la organización del partido regional puede ser muy difícil”.

Aguirre levanta pasiones a favor y en contra aunque el partido en Madrid ha dejado de ser tan monolítico como solía. Su decisión de someter a los nuevos alcaldes de los ayuntamientos afectados por la Púnica a un “examen” público, que luego se supo además que estaba preparado, provocó un profundo rechazo, incluso de algunos de sus más fieles, entre los que se encuentran el dimisionario Javier Fernández Lasquetty, exconsejero de Sanidad de la comunidad, o la vicesecretaria del PP regional, Gádor Ongil. También Ignacio González forma parte de esa galería de leales aunque haya marcado distancias en algunos temas. Otra cosa es la sensación de abandono y de deriva que tienen no pocos alcaldes de la comunidad. González, secretario general del PP madrileño, está mucho más volcado en sus tareas de Gobierno que de partido, hasta el punto de que hay quien comenta desde la dirección regional que “Granados era un chorizo, pero ejercía de secretario general”.

Quien no ha dudado en mostrarse crítica públicamente ha sido la todavía alcaldesa de Madrid, Ana Botella, primera “víctima” de los movimientos de Aguirre por hacerse con la candidatura. En la tradicional cena de navidad con el PP madrileño, y ante la propia Aguirre y Rajoy, Botella le soltó algunas puyas como cuando dijo que “hemos gestionado en el peor momento económico de nuestra historia y no hemos salido corriendo abrumados”. De hecho, una de las muchas dudas que subyace a la hora de plantear la candidatura de Aguirre es “si no habrá una nueva espantada” como la hubo de la CAM, convencidos, además, de que si no lograse gobernar “no se queda cuatro años en la oposición”.

Sin prisas.

No parece que Rajoy tenga la intención de acelerar la designación de los candidatos madrileños por muchas presiones que reciba al respecto y con el telón de fondo de una convención nacional que se celebrará en Madrid a finales de este mes. Precisamente por ello, por tener un carácter nacional, no quiere que nada distraiga la presentación del programa marco para las elecciones locales y autonómicas. Ni acepta pulsos ni que otros le impongan el calendario, como ha demostrado en infinidad de ocasiones para desesperación de muchos.

Que Aguirre sea o no candidata al Ayuntamiento de Madrid trasciende con mucho las fronteras de la ciudad. No solo supone para Rajoy dar todo el protagonismo a su mayor crítica, muy cuestionada por otras baronías del partido, sino, además, proporcionarle una plataforma para cuando se abra el debate sobre su sucesión. Las de invierno de este año serán las últimas elecciones generales para Rajoy. Y ahí estará ella, bien para ser el recambio, bien para ser determinante en el proceso de sustitución. En contra tiene su edad en un país que jubila a la clase política como si no hubiera mañana. Este 2015 cumplirá 63 años .

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