El estandarte para el futuro rey

El escudo dice adiós a Franco

02 / 06 / 2014 Javier Otero
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El escudo del futuro Rey no tiene símbolos franquistas. Sin cruz de San Andrés, yugo ni flechas, ya ha presidido la boda del Príncipe.

La boda del Príncipe Felipe y Doña Letizia Ortiz ha significado el bautizo de fuego del estandarte del Príncipe. El nuevo estilo del futuro rey Felipe VI lo ha marcado el Rey Juan Carlos al decidir el cambio en los símbolos de su heredero en un paso histórico. Un escudo cuya creación ha llevado varios lustros de reflexión, pero que no se aprobó hasta 2001, y que tiene como novedad que en él desaparecen la cruz de Borgoña (propia de los carlistas) y el yugo y las flechas (de los falangistas), que se colocaron en el escudo del Rey Juan Carlos “como símbolos del Movimiento Nacional”.

El escudo del Rey mantiene hoy los mismos símbolos que se decidieron en 1971 para el entonces Príncipe de España y que contenía los del Movimiento. En 1977, tras el fallecimiento de Franco pero antes de la Constitución democrática, se elaboró un nuevo decreto en el que el escudo permanecía igual, pero desaparecía la referencia a que eran símbolos del Movimiento. En 1981, tras el intento de golpe de Estado, Las Cortes cambiaron de la bandera nacional el águila franquista por un nuevo escudo constitucional, pero sin embargo no se modificó el escudo del Rey. Prácticamente desde entonces, en Zarzuela se ha sopesado cuál sería el nuevo símbolo para el príncipe heredero, Felipe de Borbón.

Asesoramiento.

Para la elaboración de este estandarte se contó con los consejos de la Real Academia de la Historia. Faustino Menéndez Pidal, miembro de la Academia que participó en este asesoramiento confirma que este será el escudo del futuro rey Felipe, con dos pequeñas modificaciones: la desaparición del lambel de azur de tres pies (la franja azul que recorre el escudo en su parte superior) que significa que se trata del heredero, y la corona, que cambiará la de príncipe por la de rey.

El vacío en los símbolos que debían representar al Príncipe llevó a situaciones extrañas. De hecho, como relata Menéndez Pidal, hace años le concedieron al heredero una condecoración en Suecia, donde se tiene la costumbre de colocar en una estancia el escudo de los caballeros premiados. Para esa ocasión se tuvo que improvisar un escudo, ya que aún no se había elaborado el del Príncipe Felipe, que aunque casi igual que el que resultó definitivo, no era el oficial.

Finalmente, el Rey aprobó un estandarte para su hijo eliminando unos símbolos “anacrónicos”, según Menéndez Pidal. En cualquier caso, hubo opiniones a favor de mantener la cruz de Borgoña, “no tanto como continuidad con el escudo del Rey, sino porque en banderas militares y monedas aparece sobrepuesta esta cruz, además de por su significación europea”, según el académico.

Con el nuevo estandarte del Príncipe, que ha presidido todos los actos relacionados con la boda, se retoma sin accidentes históricos una tradición que ya había sufrido varios avatares. Con Isabel II el escudo de la reina y el de España eran el mismo, pero con la Revolución de 1868 se elaboró uno distinto para la bandera nacional.

Con la Restauración no quedó claro si volvía a ser el mismo escudo el de la nación y el del rey. En 1923, Alfonso XIII quiso regularlo, pero antes de que se tomara una decisión llegó la dictadura de Primo de Rivera.

En cualquier caso hubo informes, entre otros de la Real Academia de la Historia y la Universidad Complutense y una de esas propuestas fue usada en documentos semioficiales de Alfonso XIII, ya que el abuelo del rey no llegó a tener escudo.

El académico numerario Menéndez Pidal defiende la importancia de estos símbolos, destaca la seriedad con que se tratan estos temas en otros países con menos tradición y concluye: “El hábito hace al monje”. 

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