El dinero huye de la independencia

19 / 09 / 2014 Antonio Fernández
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La preocupación por la deriva soberanista en Cataluña ha alcanzado al mundo financiero y empresarial, donde cada vez se alzan más voces que piden abandonar la idea de ruptura con España. Algunos están dispuestos a cambiar de aires si la independencia sigue adelante.

Preocupación, inquietud, zozobra, miedo... estos son algunos de los adjetivos más utilizados por los empresarios residentes en Cataluña a la hora de definir su estado de ánimo. Y es que el proceso de auge del independentismo condiciona, sin lugar a dudas, la economía catalana. Oficialmente, muy pocos empresarios se atreven a abrir la boca para expresar su opinión, pero en privado se muestran particularmente críticos con la situación.

Los continuos mensajes de calma desde el Gobierno catalán no contribuyen a relajar el ambiente. “Las empresas medianas y grandes trabajan básicamente con el resto de España y de ahí esta prevención. A ello, hay que añadir la estigmatización del contrario. Por eso la gente no quiere dar su opinión ni aparecer con nombre y apellidos”, dice a Tiempo un empresario barcelonés de tendencia nacionalista.

Y mientras la patronal Pimec, de pequeñas y medianas empresas, se ha unido a la deriva del Gobierno de Artur Mas sin matices, la gran patronal catalana, Fomento del Trabajo, ha intentado durante los dos últimos años navegar entre dos aguas, aunque se ha desmarcado de su significación política. Joaquim Gay de Montellà, presidente de Fomento, ha venido lanzando algunos mensajes apelando a la moderación, al pacto y a la calma. Pero nada más allá. Y en esa tarea le han ayudado otras instituciones tradicionalmente con peso en los círculos económicos y financieros, como el Círculo de Economía, que preside Antón Costas, y el Círculo Ecuestre, que preside Borja García-Nieto.

El silencio de los corderos.

En una reciente junta de la cúpula de la gran patronal, fue Manuel Milián Mestre quien alzó un poco más la voz. “Solo dije que estaba asombrado del silencio del mundo empresarial respecto al proceso y eso me parece peligroso, porque equivale al silencio de los corderos y sabemos cómo acaba la película”, admite Milián. Hacía siete meses que el tema de la situación política y empresarial no se tocaba en la cúpula de la organización empresarial.

No obstante, muchos empresarios son del parecer de Milián Mestre, pero se lo guardan para no aparecer enfrentados al Gobierno catalán. “Aquí los únicos que están a favor de la independencia son los empresarios muy locales o los que viven del momio de las subvenciones, los que maman de la causa. Pero los que producen para el resto de España están muy preocupados”, asegura un importante empresario que prefiere permanecer en el anonimato.

Los fondos, reticentes.

Enrique Lacalle, presidente de Barcelona Meeting Point, también reconoce la inquietud empresarial: “El capital –dice– es cobarde y busca siempre la tranquilidad. Voy a poner un ejemplo: el año pasado, con motivo del Meeting Point, llevé a 19 presidentes de fondos a ver a Artur Mas. Y el mensaje de los inversores fue muy claro y muy duro: ‘Si hay lío, nosotros no invertiremos’. Así de claro. Pues resulta que todos están de acuerdo con que Cataluña es un lugar estupendo, de largo recorrido y con buena rentabilidad, pero es fundamental despejar la duda de la secesión”.

Un conocido captador de capitales filonacionalista que maneja grandes fondos internacionales también explica la inquietud: “Mis inversores –asegura– me preguntan muchas veces por la situación y trato de despejar sus temores. Pero en realidad, nadie sabe cómo acabará esto. Lo que sí es sintomático es que la mayoría cree que la situación actual es producto de un juego que tiene una ventaja. Se acabará dentro de tres meses, cuando no se pueda celebrar la consulta y se aclare definitivamente el camino. Pero mientras tanto, la preocupación crece a marchas forzadas”.

Joan Castells, presidente de la mutua Fiatc, quita hierro al asunto. “Lo que se plantea en la ley de consultas es que se pueda preguntar sobre algo, en este caso, sobre la estructura que debe tener Cataluña”, explica a Tiempo el empresario. Él, personalmente, está de acuerdo con que se puedan realizar consultas. Pero reconoce que “sin duda, entre las empresas existe preocupación, y más entre las grandes que entre las pequeñas, porque tienen un mercado que sobrepasa el territorio de Cataluña y se extiende por el resto de España”, y afirma: “Yo, por ejemplo, estoy en esa situación. Pero lo mismo ocurre en el Reino Unido con el proceso escocés”.

Castells advierte que en el caso de Escocia, por ejemplo, en el que el proceso se ha llevado totalmente pactado entre los Gobiernos británico y escocés, también ha habido inquietud, “como se ha visto en los mercados de deuda, en los financieros y en la propia moneda”. En un proceso similar en Cataluña la cosa tampoco habría cambiado mucho. “Tenemos que partir del principio de que cualquier proceso se habría de hacer pactando con el Estado –señala–, y es más, como empresa, creemos que cualquier movimiento debe ser negociado y de acuerdo con Madrid. Pero aun así habría turbulencias y se produciría un conflicto importante”.

Los avisos a Artur Mas.

Las reticencias al proceso catalán, no obstante, están a la orden del día. El editor José Manuel Lara ya avisó al Gobierno de Mas de que, en caso de secesión, trasladará la sede del grupo Planeta, el mayor grupo editorial en castellano, a otro territorio. Este posicionamiento no gustó al Ejecutivo catalán, pero no hubo ninguna crítica oficial al editor.

Y otras voces potentes se han alzado para pedir que no se hagan experimentos políticos, como Josep Lluís Bonet, presidente del grupo Freixenet y de la Fira de Barcelona. En este caso, el Gobierno recibió el posicionamiento de Bonet con un gesto de dolor, ya que no solo es representante de una de las familias de rancio abolengo de Cataluña, sino que ocupa un cargo en la principal institución semipública de la ciudad de Barcelona. Y Emilio Cuatrecasas, del bufete del mismo nombre, se saltó el protocolo en un acto oficial para recriminar al presidente de la Generalitat su deriva separatista. Incluso un importante financiero cercano a Mas y a los postulados nacionalistas está dispuesto a tomar medidas radicales: “Si se llega a la independencia, vendo todo lo que tengo aquí y me voy. Me instalo en Londres y además, así mis hijos aprenden mejor el inglés. Pero conmigo que no cuenten”, enfatiza a Tiempo.

En este contexto, es importante recordar también la posición de ciertos círculos de capital extranjero: una declaración antiseparatista de una cincuentena de empresarios y ejecutivos alemanes en febrero pasado levantó ampollas en el Gobierno catalán. No estamos hablando de un capital cualquiera, sino del alemán, el mismo que invierte en el sector químico y de automoción o farmacéutico y que domina una gran parte del mercado laboral catalán. “El capital quiere tranquilidad. Si no hay expectativas y un horizonte despejado, las inversiones se irán a otra parte”, señala a este semanario un ejecutivo alemán firmante del manifiesto de febrero.

Además, tras el estallido del caso Pujol, muchos empresarios expresan en privado su miedo a que un castigo aún mayor a CiU deje Cataluña en manos de Esquerra Republicana como fuerza política predominante en las próximas elecciones autonómicas.

La guardia pretoriana.

Pero ello no debe hacer olvidar que la independencia tiene sus valedores. Artur Mas no está solo en su aventura. Es cierto que hay un pequeño grupo de microempresarios agrupados en torno al Cercle Català de Negocis (CCN), pero eso no deja de ser anecdótico. El Gobierno catalán, en cambio, tiene un importante valedor en el presidente de la Pimec, Josep González, que siempre ha echado una mano a CiU. Y algunos importantes empresarios se alinean con la causa independentista, como la familia Carulla (Agrolimen) o Víctor Grífols, dueño de la farmacéutica del mismo nombre. Luego, tiene a un nutrido plantel de sagas familiares ligadas a la industria y a la construcción que tradicionalmente han crecido a la sombra de adjudicaciones oficiales e incluso se significan por su cercanía a CiU: la familia Sumarroca (Comsa Emte), Boixareu (Irestal), Cornadó (Copisa), Molins o Casademont, por ejemplo. Pero, en realidad, el capital posicionado a favor de la causa es claramente inferior al que prefiere no tomar partido públicamente pero que en privado abomina de la secesión.

Para mediar con los sectores menos nacionalistas, Artur Mas se sirvió, en los últimos años, de dos primeras espadas de Unió Democràtica de Catalunya (UDC): Josep Antoni Duran i Lleida y Josep Sánchez Llibre. Ellos han sido los tradicionales bomberos de los incendios provocados en terreno del gran capital que opera en Cataluña.

Pero no han podido impedir la fuga de capital y talento. Carina Mejías, portavoz de Ciutadans, asegura a este semanario que Cataluña “ya ha perdido potencial económico desde hace años por varios motivos. Los primeros en marcharse fueron los diseñadores. Cuando el republicano Josep Huguet comenzó a dirigir Industria con el Tripartito, hundió el salón Gaudí. Los diseñadores se fueron por la presión del nacionalismo. Fulminaron la pasarela de un plumazo. Muchos diseñadores denunciaron trabas y exigencias y se fueron a Madrid. Más tarde, hubo otra oleada de fugas causadas por supuestas mordidas”.

Las entidades financieras catalanas también le pidieron moderación al Gobierno catalán, pero Artur Mas confrontó el número de las mismas con la gente que en la calle reclama el “derecho a decidir”. Y a partir de ahí no tuvo la menor duda. Pero Mejías señala que “aunque no se ha hablado mucho, después de Navidad La Caixa modificó sus estatutos estableciendo que su radio de acción es el Estado español y que su sede puede estar en cualquier parte de este. Y La Caixa es una institución emblemática. La familia Daurella [propietarios de la distribuidora de Coca-Cola] también trasladó la sede de sus negocios a Madrid”.

La Caixa y Banco Sabadell son los únicos dos bancos que quedan con sede en Cataluña después de que el resto de entidades hayan sido absorbidas por otras. La única que quedaba era Catalunya Banc y ha sido adjudicada al BBVA después de haber tenido que ser nacionalizada y rescatada. En el caso de La Caixa, además, uno de sus criterios de avance de negocio de los últimos años ha sido precisamente el aumento de la base de clientes fuera de Cataluña (ver recuadro en la página 19).

Un importante empresario que se declara radicalmente en contra de la secesión señala a Tiempo que “hay mucho malestar, pero también miedo a decirlo públicamente, porque quedas marcado. Y muchas empresas, sobre todo las de cabecera, ya tienen su plan B para trasladar sus sedes fuera en caso de independencia, porque este proceso es una insensatez. Están instalados en la locura. Esta situación no la tuvo ni siquiera el País Vasco en sus peores momentos, a pesar de ETA campando por allí. En Cataluña, sin embargo, tenemos un Gobierno que nos dice que hay una mayoría absoluta a favor de la independencia y todo un aparato de propaganda a favor de la causa”. Y asegura que “solo los que dependen directamente de las subvenciones de la Generalitat o los que sacan beneficio con la independencia están a favor de la misma, pero entre el resto de empresarios existe una enorme preocupación no sólo por la coyuntura política, sino por las consecuencias sociales que pueda tener esta crisis o por si se llega a un estatus de violencia”.

Este empresario, no obstante, matiza que “la culpa también en parte es del Gobierno de Madrid. No se puede estar ahí callado ante una situación tan grave como esta. No puede dejar que el río campe a sus anchas y se desborde, porque a ver ahora cómo lo devolvemos a su cauce. Lo que se ha hecho es una política de despropósitos”.

Una tormenta en un vaso de agua.

Sin embargo, hay quien, dentro de la crítica, mantiene esperanzas de que todo sea una tormenta en un vaso de agua. “Los mercados siguen su rutina con normalidad y la prima de riesgo no se ha disparado, lo que indica que la probabilidad de que haya una convulsión social o política es casi nula. Lo notaríamos en la bolsa y en la prima de riesgo”, subraya uno de los analistas consultados.

El presidente del Meeting Point es de la misma opinión: “Estamos yendo por un camino muy complicado y el caso Pujol ha sido un punto y aparte. Pero las bolsas no notan nada. Siguen sanas y la prima de riesgo está controlada. Eso quiere decir que los mercados no se lo acaban de creer y que, por eso, no hacen caso a los anuncios de independencia. Eso es un dato que debería hacer pensar a los que quieren llevarnos por el camino de la secesión. Los mercados se comportan porque saben que no se va a poder hacer el referéndum”, dice Enrique Lacalle. La situación, pues, es delicada. Desde algunos sectores empresariales se afirma que algunas inversiones no se han podido materializar por las incertidumbres que provoca el referéndum del 9 de noviembre. “Evidentemente, ha habido impacto, pero no se puede medir porque no sabemos exactamente cómo se habrían comportado las inversiones en el supuesto de que no hubiera proceso soberanista en marcha”, explica una persona conocedora de los sectores industriales. Sin embargo, reconoce que “los empresarios serios y honrados te dicen en privado que no les va bien y que no es el mejor momento para captar capital. Es más, reconocen abiertamente que ante el riesgo los inversores extranjeros eligen otros destinos. Esa es la sensación general”.

Y la portavoz de Ciutadans, Carina Mejías, destaca que además de las inversiones perdidas, “se produce una pérdida de talento, ya que jóvenes investigadores en los que se ha invertido mucho dinero, ahora se van fuera ante la falta de perspectivas que existe en Cataluña”. Si los vaticinios se cumplen, después del 9 de noviembre la situación se aclarará definitivamente, para bien o para mal.

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