El dinero chino inunda España
Las inversiones chinas se han disparado desde el año 2010. Los sectores tecnológico, inmobiliario y alimentario copan la mayor parte del dinero.
Si Luis García Berlanga hubiese grabado en 2015 su mítica Bienvenido, Míster Marshall probablemente el pequeño pueblo español se hubiese llenado de banderas chinas en lugar de americanas y la lluvia de dólares que esperaba Pepe Isbert sobre el pueblo habría tenido que llegar en yuanes. En apenas cuatro años, China se ha convertido para las empresas españolas en un Eldorado del que llega a manos llenas la financiación que tanto les cuesta conseguir en Europa. O al menos esa es la impresión. La compra por unos 45 millones de euros del 20% del Atlético de Madrid por parte del multimillonario Wang Jianlin Wang a través de su multinacional Wanda es solo la anécdota. Lo verdaderamente relevante son los 265 millones de la compra del edificio España en Madrid o los 3.000 millones que Wanda prevé invertir en un complejo de miles de viviendas, hoteles, espacios comerciales, teatros, palacios de congresos y parques de ocio. Y no es la única operación potente que llega desde China. Por todo el país se suceden noticias de inversiones y es raro el sector español donde no opere ya alguna multinacional del país asiático.
Queda, sin embargo, mucho camino por recorrer. Lo cierto es que el peso de las inversiones chinas sobre el total de capital extranjero en España sigue siendo bastante pequeño. Se calcula que la inversión acumulada del país asiático en España a mediados de 2013 era de 518 millones de euros. La cifra es solo un 0,13% del dinero foráneo presente en España. China seguía siendo el 37º país inversor en nuestras fronteras, a mucha distancia de nuestros socios tradicionales de la UE, Estados Unidos o incluso Marruecos.
Aunque los datos en frío pueden resultar descorazonadores, la evolución ha sido increíble. Según el informe La inversión china en Europa que elaboró Esade el pasado año junto a KPMG y Cuatrecasas, a finales de 2011 la inversión acumulada de China era solo de 77 millones de euros. En 2012 se había multiplicado por seis, hasta los 486 millones de euros, y hoy se calcula que podría superar los 1.000 millones de euros. Esto lo explica el boom de inversiones que ha tenido lugar desde 2010. Ese año, el flujo de capital casi se multiplicó por diez respecto al ejercicio anterior. Si en 2008 solo llegó un millón de euros desde China y en 2009 solo 2,8 millones, un año después ya eran 26,3 millones de euros. Y ha seguido creciendo.
En 2011 llegaron 59,2 millones de euros y en 2012 algo más de 409 millones. Es decir, solo entre 2010 y 2012 se multiplicó por algo más de 15 veces el flujo de capital desde China. La cifras, advierten desde la dirección ejecutiva de ICEX-Invest in Spain, podrían ser incluso mayores dado que muchas de estas inversiones llegan a España canalizadas a través de otros territorios como Hong Kong o filiales extranjeras de capital chino y no computan en las cifras oficiales.
Crecimiento a pasos agigantados.
Si se materializan la inversión de Wanda en Madrid y algunas otras, en el sector inmobiliario e industrial, que se estaban cerrando a principios de año, se confirmará la espectacular evolución de las relaciones España-China y el país asiático se convertiría pronto en un socio imprescindible para los empresarios nacionales. “La inversión china crecerá en el futuro a pasos agigantados”, explica Ivana Casaburi, autora del estudio de Esade y directora del China Europe Club.
Pero, ¿por qué invierten los chinos en España? La razón principal es la liquidez. China se convirtió en 2010 en el principal exportador mundial tras superar a Alemania. Aunque es también uno de los mayores importadores mundiales, el superávit comercial le ha dejado un saldo sostenido que ha ido fundamentalmente al ahorro. España, por el contrario, ha mantenido desde hace años un tremendo déficit comercial. En los últimos años, la crisis ha hecho que se recortasen las importaciones y España se volcase sobre el mercado exterior. Basta, sin embargo, un dato para hacerse a la idea del desfase de capitales entre ambos países. Se calcula que China posee cerca del 20% de la deuda española en el extranjero, alrededor de 60.000 millones de euros en obligaciones.
China, con dinero en el bolsillo, ha visto en España no solo un mercado de cerca de 50 millones de habitantes, también un puente hacia nuevos mercados de Europa y, sobre todo, de Iberoamérica. Del ahorro, China ha pasado a la inversión. La necesidad de rentabilizar el dinero chino se une a la escasa financiación que las empresas tienen en Europa y especialmente en España.
También ha influido la buena reputación de España en China. La percepción de nuestro país en Asia es la de una economía basada en sectores de alto valor añadido, tecnológica y donde se premia la calidad. China quiere dar ese salto de la especialización industrial de bajo y medio nivel tecnológico a la parte más alta de la cadena, donde el know-how (el saber hacer) de las empresas españolas supone un activo en sí mismo. De hecho, una gran parte de las inversiones chinas en Europa tienen que ver con empresas punteras de los sectores energético y de las telecomunicaciones. Los chinos asimilan la tecnología y la aplican al resto de sus empresas. No solo compran participaciones empresariales, compran en gran medida conocimiento tecnológico.
La tercera razón es casi sentimental. En China se aprecia cada vez más la cultura española. Hasta el momento, pocos ciudadanos chinos tenían la posibilidad de salir de sus fronteras y los pocos que viajaban lo hacían fundamentalmente por los países de su entorno o a Estados Unidos. Ahora eso ha cambiado. La incipiente clase media tiene ganas de recorrer el mundo y cada vez es más fácil ver en los aeropuertos y zonas comerciales europeas carteles con caracteres chinos.
En 2013 llegaron a España 211.000 chinos. De nuevo, la cifra es baja comparada con los millones de ciudadanos europeos que escogen nuestro país para sus vacaciones o con el casi millón de chinos que visitaron Francia ese mismo año, pero sigue siendo significativa. Sobre todo por su evolución, con incrementos superiores al 20% cada año.
Chinificar los hoteles.
De ahí que buena parte de las inversiones de empresas chinas en España tengan que ver con el sector hotelero e inmobiliario. Algunos empresarios chinos han decidido tomar parte de ese pastel que llega desde su país. No solo con grandes operaciones como la compra del 20% de NH Hoteles por Hainan Airlines. Varios hombres de negocios están buscando hoteles en grandes ciudades turísticas españolas para chinificarlos y copar parte de ese mercado emergente.
También ha crecido entre los inversores chinos el interés por las nuevas promociones inmobiliarias en España. Y Wanda es solo el caso más significativo. La caída de precios ha provocado que algunos empresarios chinos empiecen a ver oportunidades de rentabilizar su dinero en el sector de la construcción española. Y las autoridades tratan de poner todas las facilidades. España incluso ha ofrecido la residencia a aquellos ciudadanos que compren inmuebles a partir de cierto valor.
No todo son ventajas. Los empresarios chinos también ven problemas en España como mercado. Uno de los principales es el reconocimiento de marca. Son pocos los españoles capaces de reconocer (y no digamos ya pronunciar) más de cinco o seis marcas chinas pese a que al menos 60 empresas tienen ya actividad en nuestro país (ver recuadro a la izquierda). Tampoco ayuda la impresión que en España se tiene de los productos chinos, de baja calidad y precio, algo más ligado ya al imaginario general que a la realidad. Las empresas chinas han cambiado y pronto sus marcas podrían tener un papel relevante en nuestra vida y sobre todo en nuestra economía. Muchos se han adelantado y cantan ya entre dientes la banda sonora de un nuevo clásico de este siglo: “Bienvenido, míster Wang”.



