El amigo brasileño de Corinna

08 / 03 / 2013 10:05 Antonio Rodríguez FOTOS: Antonio Montero / D. A.
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La princesa alemana se fue de vacaciones a Brasil unos días después de la caída del rey Juan Carlos en Botsuana. Corinna zu Sayn-Wittgenstein viajó con pasaporte diplomático y visitó en Río de Janeiro al empresario Marcelo Carvalho de Andrade.

El 26 de abril del año pasado, Corinna zu Sayn-Wittgenstein llegó al aeropuerto londinense de Heathrow en compañía de su hija Natassia, fruto de su primer matrimonio con el empresario británico Philip Atkins, y de una amiga de esta última. La princesa alemana de origen danés evitó las incómodas colas del control policial pasando por la fila destinada a las autoridades porque esgrimió un pasaporte diplomático. ¿De qué país? Fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores han negado a Tiempo que fuese español. Corinna esperó a las dos jóvenes en la zona de embarque y, poco después, las tres pusieron rumbo a Río de Janeiro (Brasil). Un largo viaje que Corinna pasó tranquila y relajada en clase business.

Doce días antes, el rey Juan Carlos había sufrido un accidente en Botsuana durante una cacería en la que también se encontraban Corinna y su exmarido, y como consecuencia del cual tuvo que ser operado de la cadera derecha. Un accidente real que se produjo en un momento en el que España estaba al borde del rescate financiero, lo que llevó al monarca a pedir perdón en público tras recibir el alta médica.

El mismo día que Corinna viajó a Brasil, el Rey era operado por segunda vez debido a una luxación en la zona afectada. La princesa alemana voló ajena a la enorme polémica que se había desatado en media Europa por su estrecha amistad con don Juan Carlos y el abrupto desenlace de la cacería de elefantes en el norte de Botsuana.

Corinna se alojó durante una semana en el hotel Copacabana Palace, situado en la avenida Atlántica, a los pies de la más famosa de las playas de Río de Janeiro, aunque no pisó la fina arena ni se zambulló en las cálidas aguas del mar durante el tiempo que pasó en la ciudad que albergará los próximos Juegos Olímpicos en el año 2016. Tampoco utilizó el paseo para hacer footing, una de sus pasiones.

En todo ese tiempo, la única persona que la acompañó fuera del hotel fue el doctor Marcelo Carvalho de Andrade, fundador en 1985 de la ONG franco-brasileña Pro-Natura, con presencia en 36 países, y en la actualidad presidente de sus delegaciones en Brasil y Estados Unidos, aunque no siempre se ha dedicado a cuestiones filantrópicas.

Fondo con sede en Bermudas.

Carvalho de Andrade fue cofundador de Terra Capital Group, el brasileño Axial Bank y la compañía Eco Carbon. Además, ha sido consultor de Shell International y en estos momentos es responsable de desarrollo de negocios en Latinoamérica para Earth Capital Partners; consejero independiente de Laep Investments, un fondo de inversión con sede social en Bermudas y que cotiza en las bolsas de Brasil y Luxemburgo; y también de la norteamericana DuPont Corporation, una multinacional dedicada a diversas ramas industriales de la química, famosa por haber patentado materiales como el neopreno, el nylon, el teflón o el kevlar.

 

Tiempo se ha puesto en contacto con Carvalho de Andrade para conocer su versión sobre el viaje de Corinna, pero este ha declinado hacer declaraciones. Para este ejecutivo brasileño, la princesa Corinna no ha sido su primer contacto con miembros de la aristocracia europea. En el año 1991, Pro-Natura atrajo la atención del príncipe Carlos de Inglaterra y de su entonces esposa, Lady Di. Los tres acabaron conociéndose en una cena en Brasil. “Tuvimos la suerte de conversar y [el príncipe Carlos] me invitó a continuar trabajando en nuevos proyectos en Inglaterra”, se jactaba años después en una entrevista concedida a la Fundación Carlos Alberto Vanzolini.

De Andrade fue el perfecto anfitrión de la princesa. En al menos tres ocasiones utilizaron su Range Rover V8 de color negro para visitar el centro educacional Sagrado Coraçâo, un edificio localizado en la zona de Joá, a poca distancia del barrio de Ipanema de la capital carioca. Así que las vacaciones que se tomó Corinna para huir de la vorágine mediática tuvieron un importante carácter filantrópico. En ningún momento dio la impresión de ser una mujer preocupada, abatida o desengañada por el final de las vacaciones en Botsuana, que la obligaron a salir de España nada más producirse el ingreso hospitalario del monarca.

El amigo brasileño de Corinna estuvo pendiente de ella casi todo el tiempo que pasó en Río. La fue a buscar al hotel para comer, cenar o visitar el citado centro educacional. En una ocasión la invitó a almorzar en una elegante pizzería que se ha puesto de moda en la ciudad y, tras el ágape, pasaron la tarde en una de las oficinas con las que el empresario cuenta en la calle de Ataulfo de Paiva de la ciudad brasileña.

Compras en la tienda del hotel.

Corinna pasó el resto del tiempo en el Copacabana Palace, la mayor parte en el interior de la suite reservada a su nombre. Se la pudo ver en varias ocasiones comprando en la lujosa tienda del hotel, así como entrando cada mañana en el gimnasio en compañía de su hija Natassia, quien sí disfrutó más de la vida carioca en compañía de su amiga. Pero Corinna prefirió aislarse en sus costumbres rutinarias, en las que el ejercicio físico es primordial, y no dejarse ver por el salón en el que se servían los desayunos, ya que cada mañana llamaba al servicio de habitaciones para que le subieran la comida.

Su presencia en Río pasó desapercibida hasta que la bloguera Sonia Racy desveló en la web Estadao que la “famosa enamorada del rey Juan Carlos” había sido vista tomando un café en la Pérgula, uno de los restaurantes del hotel. Tras llamarla a su habitación en varias ocasiones, la princesa terminó confesando que se encontraba pasando unas vacaciones en Río, pero que estaba “muy, muy ocupada” y prefería no hacer más declaraciones. Fue justo en ese mes de abril del año pasado cuando Corinna disolvió la empresa Apollonia Associated, según los registros mercantiles del Reino Unido a los que ha tenido acceso Europa Press.

Su presencia en Brasil no es casual. El país sudamericano es un lugar de recuerdos entrañables para ella y su familia, ya que de joven pasó largas estancias cuando se llamaba Corinna Larsen y su padre, Fin Bönning Larsen, era representante para Europa de las líneas aéreas brasileñas Varig.

Además, según ha desvelado hace unos días el programa de televisión Te vas a enterar, de Cuatro, con poco más de 20 años de edad Corinna tuvo un romance con el piloto brasileño de Fórmula 1 Ayrton Senna, muerto trágicamente años después en un accidente en el circuito de San Marino.

No es de extrañar, por tanto, que uno de los muchos idiomas que maneja Corinna con fluidez sea el portugués.

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