Duelos paralelos

15 / 01 / 2015 Luis Calvo y José María Vals
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Susana Díaz se enfrenta a un doble duelo: uno en su tierra, Andalucía, y otro en Madrid, donde se mueven los hilos del partido.

A medida que se acerquen las citas electorales de este año, la más real o más aparente diferencia de criterios entre el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, y la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, amenaza con ganar intensidad. Para bien o para mal, la asociación de federaciones que llevó a Sánchez hasta la secretaría general está rota. Algunos de los barones que le auparon en julio de 2014 le critican ahora de forma más o menos abierta.

Dos victorias diferentes.

Cuando Pedro Sánchez se presentó como candidato a secretario general obtuvo dos victorias diferentes. La primera, de puertas adentro, cuando trece federaciones (excluyendo las de los inmigrantes de América y Europa) le dieron su apoyo mediante los avales para poder concurrir. Fueron Andalucía, Aragón, Baleares, Canarias, Castilla y León, Castilla-La Mancha, País Vasco, Galicia, La Rioja, Madrid, Navarra, Valencia y Ceuta. Después, en la votación de los militantes y simpatizantes la lista casi quedó igual: perdió el apoyo mayoritario en Castilla y León, Navarra y Ceuta, pero ganó en Murcia y Melilla.

Aquella especie de asociación de federaciones que le aupó al poder en el partido ya no está tan a favor. No es que quieran segarle la hierba bajo los pies públicamente, sobre todo en un año electoral, pero no acaban de verlo como candidato a presidente del Gobierno de España (ver recuadro). Un diputado del PSOE explica a este respecto que el partido se comporta siempre en función de la fuerza de liderazgo de su secretario general. Cuando este es fuerte, nadie osa atacarlo o dudar de su capacidad de conducir al poder a los socialistas. Si, por el contrario, es débil, el partido se fragmenta y los ataques arrecian desde todas partes. “Está claro que el de Sánchez no es todo lo fuerte que les gusta repetir a sus colaboradores”, concluye.

En medio de este ambiente, los colaboradores más cercanos de Susana Díaz huyen de presentarla como “salvadora del partido” e incluso niegan que tutele la vida pública del PSOE. Prefieren hablar de ella como “el mayor cargo institucional del PSOE en España” por su condición de presidenta de la Junta de Andalucía. De sus reuniones con otros líderes políticos nacionales o regionales añaden que tienen que ver con ese papel institucional y que “forman parte de su trabajo en pro del bienestar de los andaluces, que es lo que realmente le preocupa”.

Ambigüedad medida.

La realidad, sin embargo, es que la propia Susana Díaz no aclara mucho las cosas. Con una medida ambigüedad habla de que las primarias de julio fueron “un tren que dejó pasar” y que “si pasa otro ya se verá”. Y el próximo tren pasará este verano, tras las elecciones municipales y autonómicas, que es cuando el PSOE ha decidido celebrar las primarias para elegir a su candidato a la presidencia del Gobierno de España. Hoy por hoy, la presencia de Pedro Sánchez en el Parlamento nacional y su consolidación como líder más valorado (dentro de su ámbito parlamentario) consolidan la imagen de candidato del secretario general mientras Díaz sigue deshojando la margarita. Mientras algunos piensan que esta consolidación de Sánchez es “un molesto contratiempo” para la presidenta andaluza, otros recuerdan que Susana Díaz no es muy partidaria de tener que medirse con ningún candidato, y menos aún si tiene alguna posibilidad de perder. Su escenario ideal sería salir elegida por aclamación como única posible salvadora de un partido en descomposición.

Por eso, desde Andalucía (y toda España) se mirarán con lupa los resultados de las próximas autonómicas y municipales de mayo. Nadie duda de que el resultado no será muy bueno para los socialistas. Aunque es posible que recuperen algún Gobierno autonómico y municipal (en el partido barajan Valencia, Castilla-La Mancha, Extremadura, en incluso Aragón), será siempre a través de pactos y tras una pérdida considerable de escaños y concejales. El equipo de Díaz y ella misma dicen que lo que toca ahora es precisamente eso, lo de las elecciones de mayo, y pretenden volcarse sobre todo en las municipales (las autonómicas en Andalucía se celebran en marzo de 2016) para contrarrestar el previsible retroceso del partido en el resto de España. Tienen a favor la debilidad del PP en Andalucía, cuyo número uno no termina de conectar con los votantes.

No se descarta incluso que Díaz aproveche la ocasión para adelantar las elecciones autonómicas andaluzas y pasar su reválida pendiente en las urnas (fue nombrada presidenta de la Junta tras la renuncia de Griñán, sin haber ganado unas elecciones). Quienes así piensan creen que Izquierda Unida (IU), socio de Gobierno de los socialistas en la Junta, se lo está poniendo en bandeja a la presidenta por si quiere de verdad dar el paso y romper la baraja con un adelanto electoral. Antonio Maíllo, coordinador general de IU en Andalucía, ya ha dejado atado y bien atado, con el 70% de los votos de las bases, que en junio, es decir tras las elecciones de mayo y antes de las primarias del PSOE, celebrará un referéndum entre la militancia de IU para decidir si rompen el pacto de Gobierno con sus actuales socios socialistas. Díaz, que nunca ha querido depender de las decisiones ajenas, podría adelantarse esta vez y convocar elecciones para antes del referéndum de IU pidiendo a los andaluces una mayoría suficiente para gobernar en solitario.

Incluso sin adelanto electoral, los próximos meses serán de un trabajo y enfrentamiento intensos. Un dirigente socialista explica que la configuración de listas pondrá de manifiesto las relaciones de poder en todas las federaciones. Entre enero y marzo, el partido será “una jaula de grillos” en la que leales a una y otra corriente medirán sus fuerzas. Más si cabe cuando todos son conscientes de que muchos de los cargos electos socialistas perderán su puesto en mayo y con él, su salario. Un partido con dificultades económicas no podrá acoger a todos.

Escaños autonómicos.

Quien mantenga y pierda el escaño o la concejalía puede ser determinante para influir en el proceso posterior de primarias. Ya casi nadie cree que Sánchez se presentará en solitario para ganar la candidatura a la presidencia del Gobierno. La duda está en si será la propia Susana Díaz quien dé el paso o, como vaticinan algunos dirigentes, tratará de lanzar a un candidato interpuesto a sabiendas de que va a ser casi imposible hacerse con el sillón de La Moncloa.

Hay quien piensan también que la líder andaluza esperará al próximo congreso ordinario del partido, en 2016, para asaltar el poder nacional. Bregada en las luchas orgánicas, a la presidenta andaluza se le dan mejor las citas cerradas, con más peso de los aparatos de las federaciones sobre los militantes, que las peleas abiertas donde los simpatizantes podrían hacer incontrolable el proceso. Por el contrario, otros socialistas creen que el año que viene puede ser tarde. Si los socialistas no ponen toda la carne en el asador en las próximas generales con el mejor candidato posible, el PSOE podría acabar replicando el desastre de otros partidos socialistas europeos, especialmente el Pasok griego, que desapareció del mapa.

Lo cierto es que desde hace unas semanas, Susana Díaz ha multiplicado su presencia nacional y ejerce en la práctica como una líder alternativa del PSOE, tan preocupada de cuestiones de su territorio como de políticas que afectan a todo el Estado español. ¿Se trata de una rebeldía o de preparar el terreno por si acaso? El tiempo lo dirá.

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