De la virgen policía al santo sindicalista
El Ministerio del Interior ha concedido la máxima condecoración policial a la Virgen del Amor, pero no es un caso aislado. En España la religión siempre ha estado muy ligada a la vida pública.
El próximo mes de mayo una delegación de la Guardia Civil viajará a Lourdes para asistir a la 56ª Peregrinación Militar Internacional en comisión de servicios, por tanto, con gastos y dietas pagadas. La Agrupación de Peregrinos estará formada por 13 agentes que “voluntariamente soliciten su asistencia motivados por el aspecto religioso” del evento. Más de una docena de guardias civiles de servicio, durante al menos cinco días y con dinero público.
La noticia, que fuera de España sería sorprendente, incluso un escándalo, en nuestro país ha pasado relativamente desapercibida. Desde siempre, la religión se ha amparado en la tradición para inmiscuirse hasta en el último recoveco de la vida pública. Incluso en las instituciones. Hace unas semanas, el Sindicato Unificado de Policía criticaba la concesión a Nuestra Señora María Santísima del Amor de la medalla de oro al mérito policial, la máxima distinción que puede otorgar el cuerpo.
Aunque honorífica, es decir, sin remuneración económica, la condecoración escoció a un sector amplio de los agentes. Según la ley vigente, de 1964, la medalla de oro reconoce las heridas graves o muerte en acto de servicio, así como los méritos extraordinarios o de especial trascendencia para la Policía Nacional. Entre otros casos más o menos excepcionales, la máxima condecoración se concede tradicionalmente a los agentes caídos. La ostentan a título póstumo, por ejemplo, los tres policías que en 2012 perdieron la vida en la playa de Orzan (La Coruña) tratando de rescatar a un bañista incapaz de salir del agua.
Evidentemente, ni la Virgen ni su cofradía están en ninguna de estas situaciones. Según la orden oficial, la condecoración pretende reconocer la estrecha colaboración que la cofradía malagueña mantiene con el Cuerpo Nacional de Policía cada Semana Santa y los valores de “dedicación, desvelo, solidaridad y sacrificio” que comparte con las fuerzas de seguridad del Estado. La decisión del ministro del Interior encaja a la perfección con sus convicciones religiosas, algo que nunca ha tratado de ocultar. En 1997, el propio ministro definía la política como “un magnífico campo para el apostolado, la santificación y el servicio a los demás”.
De hecho no es la primera vez que Fernández Díaz tiene que afrontar una polémica en torno a sus motivaciones religiosas. En 2008, siendo secretario tercero de la Mesa acordó con el presidente del Congreso, José Bono, colocar una placa en conmemoración de Santa Maravillas de Jesús, una monja carmelita nacida en el solar que ahora ocupan algunas dependencias de la Cámara Baja. La protesta de la mayoría de los grupos parlamentarios congeló la decisión. Mucho más reciente, ya como ministro del Interior, es la condecoración que concedió a la Virgen del Pilar en septiembre de 2012 con motivo del centenario de la Guardia Civil. Entonces la Gran Cruz de la Orden del Mérito pretendía reconocer “la honda raigambre del patronazgo de la Virgen del Pilar” que forma parte del “acervo” de la benemérita.
Más allá de las condecoraciones relacionadas con los Cuerpos de Seguridad del Estado, varios ministros de este Gobierno se han visto envueltos en polémicas por su modo de introducir en el discurso político menciones religiosas.
En junio de 2012, momento de plena destrucción de empleo, con 5,6 millones de parados según la Encuesta de Población Activa, la ministra de Empleo, Fátima Báñez, quiso agradecer a la Virgen del Rocío su contribución al despegue económico español. Sin asomo de duda, la ministra aseguró que la imagen mariana “nos ha hecho un regalo en nuestra salida de la crisis y en la búsqueda del bienestar de los ciudadanos todos los días”. De nuevo el ministro del Interior Fernández-Díaz recurrió a las alturas para resolver la situación económica de España. En enero de este año confesó estar seguro de que Santa Teresa, “que hablaba de tiempos recios, estará siendo una importante intercesora para España en estos tiempos también recios que está atravesando”. Por si cabía duda del peso de la santa abulense, recurrió a ella para garantizar el futuro de un proyecto turístico: “Estoy seguro de que el esfuerzo de ella desde arriba, que manda mucho, hará que sea un éxito”.
Chanza parlamentaria.
La sucesiva concesión de medallas y peticiones de intercesión a distintas figuras marianas provocó incluso la reacción irónica de algunos grupos parlamentarios. El Grupo Mixto registró en la Cámara Baja varias preguntas escritas en las que interrogaba al Gobierno acerca de cuál había sido exactamente el papel de la Virgen del Rocío en la salida de la crisis o si el Ministerio del Interior había notado mejoras tras las condecoraciones de la Virgen del Pilar. No contentos con ello, se interesaban por saber si el Gobierno estimaba que hay más intercesiones divinas y sobrenaturales en la situación actual del Estado y de quiénes.
Este Gobierno no es, sin embargo, el único que mezcla lo público y lo religioso. En multitud de municipios españoles, de uno y otro signo, la patrona o patrón de turno ha recibido en alguna ocasión la medalla de la ciudad. En diciembre del año pasado, el primer teniente de alcalde de Cádiz, José Blas Infante, impuso a la Virgen de los Dolores la medalla de oro de la ciudad. Cabe argumentar que no se hacía más que igualarla a otras figuras de la ciudad. La Virgen de los Dolores había visto ya cómo antes de ella otras tres imágenes marianas recibían la curiosa condecoración: la Virgen de la Palma, la Soledad del Santo Entierro y la Virgen del Carmen, todas ellas en tiempos del anterior alcalde, el socialista Carlos Díaz.
Aunque de carácter meramente simbólico, la práctica de reconocer la figura de sus vírgenes está especialmente extendida en los municipios andaluces. Algunos casos son la sevillana Virgen de la Regla; la del Desconsuelo, en Jerez; la de los Dolores, de Almuñecar; o la granadina Virgen de las Angustias.
Fuera de Andalucía, la madrileña Virgen de la Almudena cuenta con dos condecoraciones, la medalla de oro de la ciudad y la de honor de la Villa de Madrid. Ciudad Real, Segovia u Oviedo son algunos ejemplos más de una lista prácticamente interminable.
El jornalero de la UGT.
El caso más curioso de figura divina ligada a lo terrenal no es, sin embargo, una virgen, sino un santo. Sindical para más señas. San Antonio Abad, patrón de Trigueros (Huelva), está desde 1932 afiliado a UGT como jornalero de profesión ya que en vida, allá por el año 300, repartió sus tierras entre los más pobres. En la Segunda República, para blindarlo contra las quemas de iglesias varios vecinos lo sindicaron y se turnaron para pagar sus cuotas. En su momento llegó a pasear con el carné del sindicato colgado de la muñeca para que no se perdiera, todo un sorbo de realidad para alguien que, hasta que nos empeñamos en mentarle, normalmente habita en la alturas.



